viernes, 9 de septiembre de 2011

Dubai, Una mirada global a la diabetes.





Al grito de ¡Vámonos a Dubai!, podemos iniciar esta llamada a estar atentos sobre los tópicos más importantes que están llegando a la cima de las discusiones sobre la diabetes. El foro será en Dubai y el evento el “Congreso Mundial de Diabetes” que se llevará a cabo del cuatro al ocho de diciembre, bajo el auspicio de la IDF (Federación internacional de Diabetes,  por sus siglas en inglés)

El congreso será el más ambicioso de los organizados hasta la fecha y se pretende que además de que sea el sitio de reunión del mayor grupo de personas especialistas en temas de salud, particularmente vinculados con la diabetes, causas, efectos de corto y largo plazo, también se reúnan líderes mundiales cuya influencia y poder político y económico decidan un posible cambio en sus propias naciones que ayude a revertir el enorme crecimiento que la epidemia de diabetes ha cobrado a nivel mundial, convirtiéndolo en una amenaza a los sistemas de salud de cada vez más naciones que ya desde hoy ven con preocupación que el costo de los tratamientos de la diabetes y sus complicaciones alcanza proporciones del tamaño del propio Producto Interno Bruto (PIB) de muchas de ellas.          

Cada mes aproximadamente, desde hace un año, me llega un boletín electrónico que amablemente me comparte la IDF (Federación internacional de Diabetes,  por sus siglas en inglés), sobre el tema del congreso y va comentando avances, expectativas y temas de discusión. El de este mes ha sido especialmente interesante, pues ya se tiene prácticamente listo todo lo relativo a la reunión de expertos y, según leo, habrá cinco ejes o corrientes sobre las que versara el congreso. Esta son:

1.   Clínica y Ciencia Básica. Dicha en otras palabras, conjugar la experiencia directa con pacientes en consulta u Hospitales y la investigación científica que busca causas y formas de prevenir, otorgar un mejor tratamiento  y la búsqueda de la cura de la diabetes.
2.   Educación y Cuidado Integrado. Que tiene que ver con lograr que el paciente conozca lo más posible sobre la correcta información acerca de su condición, tratamientos, pronósticos y el cuidado integral a través de un equipo multidisciplinario de profesionales y el impacto del entorno social, económico y afectivo del paciente.
3.   Los retos Globales en Salud. Que como decía arriba, la diabetes y sus complicaciones son suficientes para poner en alerta a los sistemas de salud de los países más desarrollados y mucho más dramático es el panorama para países con economías francamente pobres o en crisis económicas o militares profundas.
4.   Sistemas de Salud y Epidemiología. Aquí se trata de definir con enfoque sobre los sistemas de salud locales el impacto sobre su economía y capacidad de respuesta, así como la alternativa de tratar a la diabetes como una enfermedad no transmisible por contagio, pero que está creciendo a ritmos de epidemia a nivel mundial y se requiere darle un tratamiento como tal, de epidemia, para lograr frenar la tendencia y evitar un colapso mundial.
5.   Finalmente y no menos importante, el aspecto de la vida con diabetes, ya que querámoslo o no, nuestra vida es diferente después del diagnóstico y la situación puede agravarse mucho más si la propia economía nos obliga a renunciar a un cuidado preventivo, aunado a las consecuencias por incapacidad que esto acarrea y el impacto en todos los ámbitos interrelacionados, como la familia, el trabajo y los círculos sociales que nos son referencia.

Por ello, hoy hago la invitación para que estemos atentos, nos acerquemos a nuestras respectivas asociaciones y federaciones de diabéticos que ahí harán escuchar su voz para que lo que tengamos que decir, sea ventilado públicamente. Si quieren directamente obtener información de la IDF (Federación internacional de Diabetes,  por sus siglas en inglés), sigan la liga. Hasta donde sé las lenguas en las que estarán publicando incluyen inglés y español.

A mi me hubiese encantado ir a pasearme a Dubai, pero como dijera la abuela "... en esto de los centavos, el horno no está para bollos..." Ya habrá otros congresos.



domingo, 4 de septiembre de 2011

Una reflexión sobre la solidaridad y la diabetes.




No es grande aquel que nunca falla, sino el que nunca se da por vencido.
Anónimo.

En esta ocasión deseo compartir la reflexión del día la cual es con respecto a la necesidad que los humanos tenemos de vivir en compañía y apoyarnos mutuamente. Cualquier persona sana, sin problemas de salud considera que, precisamente parte de esa salud consiste en desarrollar relaciones humanas sanas, complementarias y solidarias.
Precisamente esa necesidad de convivir nos convierte en ese ser social del que Aristóteles llamó en su “República” como zoon Politicón, (animal social y político; del griego zoon- animal y polis – ciudad). En sus tratados el buen Aristóteles consideraba que aquellos que no podían vivir en sociedad debieran ser considerados por tal naturaleza como bestias o Dioses.
Hoy en día en pleno siglo XXI las cosas no son diferentes y a pesar de todos los problemas y dificultades que proporciona la vida moderna, enfermedades, estrés, vida agitada y con prisa, mala alimentación, sedentarismo y otros males sociales, nuestra propia naturaleza sigue siendo eso, social.
La introducción social se debe a que por razones familiares y de trabajo mi compañera de aventuras en la vida ha salido por unos días de la ciudad y por un lapso no muy largo quedaré por mi cuenta y en solitario. Por ello me doy cuenta, casi de inmediato que, tras poco más de treinta y tres años de matrimonio en donde ambos hemos tenido momentos de separación, básicamente por razones de trabajo por mi parte, es en esta ocasión que una especial nostalgia me llega e inspira para la entrada de hoy.
Quizás la razón primordial de extrañarla es porque desde que enfermé de diabetes y otros achaques que se han venido a sumar con la edad, ella se ha convertido en mi fortaleza, especialmente en lo que a buen comer y buenos hábitos de vida se refiere. No, no me malinterpreten, por favor. Ella no ejerce ningún control ni supervisión sobre mi forma de comer ni si me cuido o no. Esa es, ambos lo sabemos, mi exclusiva responsabilidad. Ella, simplemente me da toda su solidaridad y solo por saberlo, me es suficiente para cuidarme día con día y lo consigo exitosamente, casi siempre.
Quienes compartimos ser diabéticos sabemos que decir NO, es una de las tareas más difíciles en cuanto a las tentaciones de golosinas o aquellos antojos que nos atacan por sorpresa de vez en diario. Sin embargo, cuando vivimos en sociedad y compañía de alguien que solidariamente nos apoya, sentimos –bueno, al menos yo- una fortaleza adicional que si por alguna razón me hace tropezar mi débil voluntad, su incondicional apoyo siempre me da una dosis adicional de fortaleza para levantarme y seguir en la diaria lucha para mantener los niveles de glucosa donde deben. No siempre lo logro, pero me mantengo razonablemente en control.
Hoy la extraño y aunque sé que pronto estará de vuelta, hoy como hacía mucho que no sentía cómo las fuerzas que su cercanía me da, me comenzaban a flaquear, en particular a eso de la media tarde, en esa fatídica hora en que esa sensación de antojo se empieza a materializar como espectro de película de horror. A esa sensación de “come algo que sea rico” la apodo “la lombriz”, por la descripción que hacían mis maestros en la escuela secundaria sobre la atroz hambre que sufre quienes tienen la lombriz Solitaria (Taenia Solium). De ahí, que hoy el antojo de comer una galleta o un chocolate (de los de a deveras, no de los sin azúcar, que podemos comer de a poquitos), me asaltó y se ha quedado de compañía por un buen rato.
Escribir estas líneas me ha dado el distractor apropiado y pensar en mi solidaria esposa la fuerza necesaria para resistir hoy, solo por hoy. Como me sucede a diario, no sé qué haré mañana pero por hoy pude controlar el avasallador deseo de soltarme y perder el control. El pensamiento de “al fin que nadie se va a enterar”, llegó junto con el antojo e hizo mucho más pesada esta crisis de día en solitario.
 
Por todas estas ideas agolpadas en el teclado, es que valoro especialmente al buen Aristóteles y su apreciación de esa necesidad de apoyo y compañía para poder salir adelante con nuestros mutuos proyectos de vida y por ello, nuevamente vuelvo a insistir en la importancia, enorme que tiene la familia, la relación de pareja, la asociación, en un buen control de la diabetes, Solos es posible, pero el esfuerzo es mucho mayor y la idea es ser animales sociales y no quedarnos en las opciones de Aristóteles pues estoy seguro que no somos dioses, al menos yo no.

martes, 30 de agosto de 2011

¿Solamente diabetes? No Milord, hay otros fantasmas en la alcoba. (Corolario)


Bueno, en ocasiones ocurre que después de haber concluido la entrada al blog y ya una vez publicado, encuentro novedades al respecto o, como es el caso ahora, que rumiando sobre lo ya hace rato publicado, caigo en la cuenta que por lo menos hay un par de reflexiones que, vestidas de incógnito, se quedaron nadando plácidamente en el tintero virtual y no salieron a la luz en el espacio que les correspondía. Procedo a realizar la correspondiente enmienda sobre lo omitido y que promete desembocar en una entrada no tan larga. Veamos si soy capaz de lograrlo.
El primer tópico tiene que ver con la cura de la Triada de Samter. Si, estoy consciente que escribí que no aparece en la literatura ninguna mención de una “posible” cura para esta extraña condición. Ese simple e inocente enunciado me lleva a una sublevada reflexión; ¿Es posible que la Triada de Samter siendo una enfermedad poco común, (Ya determinamos que si bien no es una auténtica rareza, ocurre con no mucha frecuencia y que además presenta problemas para ser correctamente diagnosticada, por lo que el registro de su prevalencia pudiera resultar que sea mucho menor que los casos reales), pueda tener una cura? y si, además agregamos a la ecuación que los tres ángulos de la enfermedad se tratan separadamente y no como la propia denominación de Triada sugiere, como partes de un todo (afección específica de las vías respiratorias con disparador alérgico), entonces, pudiera ser que exista, pero nadie lo haya encontrado o desarrollado, un método para tratar y posiblemente curar o paliar al menos las manifestaciones de la enfermedad.

Así pues, quisiera invitar a investigadores médicos que aspiren, no al Nobel de Medicina o al Príncipe de Asturias o cualquier premio que lleve a la fama y fortuna, sino el premio de hallar una terapia efectiva o, soñando un poco, una cura a una enfermedad que, si bien no es necesariamente mortal o que ponga en riesgo a poblaciones enteras, siento que no ha sido tratada con enfoque sistémico ni investigada a fondo como para buscar y encontrar lo más cercano a una cura o tratamiento altamente efectivo que pudiera permitir al menos un noble nuevo bautizo en la medicina. Algo así como “La Terapéutica de Fulanito”, claro, haciéndole como el Buen Samter que bautizó con su apellido esta condición y no como el Sr. Beers que quedó en el anonimato relativo a la enfermedad. Así, podría emocionadamente, escribir en este espacio sobre “un éxito más” en el avance de la medicina... Veremos.
La otra parte del pretexto para esta entrada, se debe a que apareció un documento que quizás nos ponga en la pista de un tratamiento posible, pero no probado extensivamente ni seguro en su aplicación ni efecto final. Se trata de que existe una propuesta de terapia de “shock” para una parte de esta triada y que corresponde a la denominada “intolerancia a los Salicilatos (AINE's en general)” Esta propuesta consiste en una técnica denominada Desensibilización al AAS (Acido Acetil Salicílico), el villano en turno. Las preguntas obvias son ¿de qué se trata?, ¿cómo se realiza el procedimiento? y ¿Funciona para siempre y para todos? Rápidamente comparto lo que encontré.
Según parece, el tratamiento conocido como desensibilización al ASS, es aplicado de manera experimental en Europa. Concluyo esto ya que los comentarios o descripciones que he encontrado en ese sentido, provienen de fuentes europeas, lo que no implica que no se practique en este lado del planeta. Al parecer en México la postura prevalente es en el sentido de recurrir a terapia de esteroides para el tratamiento de la triada de Samter, ya que no pude encontrar ninguna evidencia en contrario, Sin embargo, si bien los europeos reconocen que son pocos los casos investigados y los resultados no son del todo concluyentes, son al menos, bastante alentadores pues si los estudios realizados van dando resultados estadísticamente significativos en el largo plazo, esta terapia podría ser ampliamente usada y recomendada.

De los documentos que localicé, dos vale la pena mencionar, uno es una presentación que realiza la Dra. Soledad Zamarro Parra, intitulada: “Desensibilización a AAS Enfermedad Respiratoria Exacerbada por laAspirina”, (EREA) y el documento intitulado “Fokkens W. Lund V, Mullol J; onbehalf of the European Position Paper on Rhinosinusitis and Nasal Polyp Group.European position paper on rhinosinusitis (Concenso Europeo Sobre Rinosinusitisy Pólipos Nasales 2007)” En ambos documentos se destaca la terapia denominada desensibilización a AAS y, particularmente en el segundo, como sobresaliente frente a otras terapias para tratar esta condición.

Ahora bien, esta terapia que por cierto debe ser realizada en unidad hospitalaria que cuente con facilidades de atención intensiva (terapia), dado el elevado riesgo de shock anafiláctico y paro respiratorio, debe ser llevada a cabo por un especialista y bajo medidas muy estrictas de control y monitoreo constante, a riesgo de poner la vida del paciente en juego si no se toman todas las precauciones del caso ya que como vimos en entradas anteriores dedicadas al mismo tema, la reacción al AAS puede ser extremadamente violenta e incluso costarle la vida al paciente.

Ahora que estamos conscientes del riesgo de la terapia susodicha, lo que sigue es un esquema de suministro incremental de dosis de salicilatos (se usa un acetilsalicilato de lisina, como sustituto del ácido acetilsalicílico –aspirina) y de forma paulatina se va suministrando al paciente una dosis incrementada del fármaco mencionado. Se inicia con una dosis aproximada de 4 mg y cada hora y media se proporciona una dosis mayor, hasta llegar a los 650 mg y de ahí se sostiene la dosis de 650 mg/12 hs al día.
Lo más interesante son los resultados. Al tiempo del tratamiento, los salicilatos son tolerados y pueden ser prescritos para su toma regular, cosa que es excelente como tratamiento preventivo de infartos y embolias en pacientes diabéticos. Además, hay un notorio aumento de la permeabilidad nasal, disminuye de forma sensible la actividad asmática, lo que redunda en una disminución importante de los cortocosteroides que se usan para el manejo del asma, rinitis y pólipos así como el número de polipectomías se reduce a un mínimo por disminuir, también la recurrencia en la formación de los pólipos.

Toda una maravilla si uno sobrevive al procedimiento. Claro que la cosa no es tan mala o al menos así lo espero, dado que en la literatura revisada se habla casos de éxito, remisión al estado anterior, casos donde no hay cambio, que tampoco implica un fracaso, pero ningún caso de muerte derivada del procedimiento, lo que implica que con las debidas precauciones, es un método razonablemente seguro. Ahora la pregunta es: ¿alguien sabe de algún médico o clínica serios que practiquen este método?, dejo la pregunta al aire en la expectativa de dar luz a quienes como yo, diabéticos, también cargamos con otras complicaciones que nos retan la creatividad para hacer más llevadera la vida cotidiana.

sábado, 27 de agosto de 2011

Una enzima que podría curar la diabetes tipo 2

Miles de veces (exageré, no creo que tantas) he escuchado promesas de cura de la diabetes, cualquiera que sea su tipo y, por el otro lado, opiniones que descalifican, como de rayo, cualquier aseveración al respecto. Dicho en buen refrán, “la burra no era arisca, los palos la hicieron” y no es porque la postura de desconfianza sea inamovible, pero cada vez que alguien pregona la tan esperada cura, siempre aparece el pero que provoca la reacción de desconfianza.
Así pues que cuando alguien anuncia una cura para la diabetes, los que ya hemos pasado por un proceso de estudio de la enfermedad, sus causas y consecuencias, lo menos que hagamos sea levantar la ceja en gesto entre burlón y desconfiado, esperando escuchar una de dos: o se trata de algún fanático con un discurso anti medicina alópata o alguna investigación que “va bien encaminada, pero…” A esta última categoría pertenece la entrada de hoy, sobre una investigación seria, basada en ciencia y biología (que para el caso son lo mismo) y que salió publicada hace algunos días bajo el pomposo título Científicos de Harvard hallan enzima que podría curar diabetes tipo 2
 
 
La principal limitación para resolver un problema es, primerísimamente, nuestra capacidad para entenderlo. La diabetes no es la excepción y hasta la fecha se han definido muchísimas pistas que apuntan a qué la produce, cómo evoluciona, qué tejidos involucra y cuáles interrelaciones tiene con respecto a diferentes sistemas de funcionamiento del organismo. Así pues sabemos que no solo se trata de problemas para controlar la glucosa en sangre, que es lo que la define desde la antigüedad, sino el cómo afecta el funcionamiento y equilibrio de órganos y productos orgánicos que el cuerpo sintetiza. Por ello la diabetes ha dejado de ser un problema de manejo de glucosa que puede manifestarse en extremos tales como la ausencia de producción de insulina, propia de la diabetes tipo 1, hasta un exceso de producción de ésta, propia de la condición conocida como resistencia a la insulina o diabetes tipo 2, para evolucionar hacia un problema que deriva en problemas de la correcta producción y metabolismo del colesterol y los triglicéridos. Otros desbalances están relacionados con la producción excesiva de antioxidantes, interconectados con cuadros alérgicos (asma el más frecuente), deterioro celular acelerado en todo el cuerpo y, se sospecha que incluso dichos antioxidantes sean precursores directos de la cardiomiopatía diabética. Por ello, todo lo que aporte a entender cómo funciona el cuerpo humano, suma para tener la base que nos permita entender el problema de la diabetes.

El artículo arriba citado se refiere a una investigación del Centro Joslin para la Diabetes en la Universidad de Harvard -que dicho sea de paso el centro mencionado se define como el mayor centro de investigación en diabetes del mundo- y que el pasado 22 de este mes publicó una noticia cuyo título es “Joslin Researches Identify New Target for Treatment of Type 2 Diabetes and Prediabetes” (algo así como “Investigadores de Joslin Identifican Nuevo Objetivo para el Tratamiento de la Diabetes Tipo 2 y Prediabetes”). Por supuesto que desde el título el significado que el propio Centro Joslin le da a su comunicado es TOTALMENTE diferente que el publicado por la prensa, aunque en el contenido del artículo de prensa no se desvirtúa tanto el mensaje.

Pero entrando en el tema y entornando los ojos al cielo pues de nuevo habrá que ser un poco técnicos en el lenguaje, la historia de hoy es sobre una enzima llamada Sirt3, de la familia de proteínas llamadas Sirtuinas y que en los humanos se localizan en la mitocondria celular. Para darnos una idea de la importancia del descubrimiento, diremos que las mitocondrias celulares son responsables de la producción del 95% de la energía de nuestro cuerpo y es en estos pequeños corpúsculos de la célula en donde, una vez captada por la acción de la insulina, la glucosa se transforma en la energía que nuestro cuerpo usa. Pues bien, los investigadores comprobaron que existe una notable disminución de la enzima Sirt3 en las mitocondrias de pacientes con prediabetes y diabetes tipo 2, particularmente de las células de los músculos y apunta esta disminución a ser una de las posibles causas de la resistencia a la acción de la insulina, que es la fase previa a la diabetes 2.

La meta del estudio será encontrar, se espera que en un cercano futuro, cómo restablecer los niveles de la Sirt3 en la mitocondria o, en todo caso, hacer más efectiva la que hay presente. Faltaría definir sobre cuáles proteínas específicas actúa la enzima Sirt3 y qué tanto. Ello no podrá presumirse como la cura para la diabetes, pero podría llevar al desarrollo de un fármaco específico que sirva como un tratamiento adicional que, en algunos casos, incluso pudiera revertir algunos de los efectos adversos de la diabetes 2. En casos de prediabetes y para los recién diagnosticados como diabéticos tipo 2, pudiera ser de mucha utilidad un tratamiento a nivel celular.

Finalmente regresamos al punto de partida en donde la postura del escéptico se tiene que sostener por sí misma. Precisamente el éxito de los productos milagro se basa en ese deseo que tenemos los seres humanos de oír con mejor claridad los mensajes que nos dulcifican la ilusión y por ello tienen tanto auge. Además como hoy se pudo ver, el afán periodístico de captar lectores, también puede llevar a difundir una noticia científicamente seria y por demás interesante, a ser desechada a primera vista, por usar efectos sensacionalistas para anunciarla, pudiendo provocar falta de interés en el tema, pues resultaría en una nueva decepción. No hubo lo que queríamos leer, no hubo cura para la diabetes, no importa que tan importante sea el hallazgo.

martes, 23 de agosto de 2011

¿Tiene sentido la vida con diabetes?


La pregunta suena como medio fuera de lugar, pero me surgió inesperadamente después de ver un muy bien hecho video a base de dibujos animados que de forma cíclica anda circulando por la red y aparece de vez en cuando en correos electrónicos o, por algunas redes sociales. Este video se titula “The Meaning of Life” (El Sentido de la Vida) y en esta ocasión me puso a pensar un poco más. Este video simplemente trae un conjunto de treinta frases cortas, que van conformando un mensaje a base de sugerencias y recomendaciones que, vistas así, en contexto, suenan como verdad incontrovertible.


Estas frases no son nuevas, ni  siquiera originales y han formado parte de innumerables escritos y tratados de esos llamados de “superación personal” que tanto están de moda. Incluso recuerdo haber leído varias de ellas en algunas presentaciones de diapositivas que, como por enésima ocasión llegan a la bandeja del correo, con la fútil esperanza de que me una a la multitud de cibernautas que reenvía hasta el cansancio cuanta cadena llega. Declaro que en general, al llegar a mi correo, todas las cadenas detienen su andar, sin importarme las maldiciones implícitas que contienen.


Pero regresando al tema, las frases del video van dibujando una bella utopía que, independientemente que suene inalcanzable, a poco –al menos en mi caso- comienzan a tener mucho sentido si las tomamos no como una situación de “tienes qué” sino como una indicación general de buena práctica de vida. Sé que a primera lectura hubo algunas que me hicieron reaccionar con un gruñido reprobatorio y pensé, “claro, es más fácil decirlo que hacerlo”. Pero, al meditar con más calma, les voy encontrando mucho sentido, particularmente porque creo que son sensatas en el fondo, particularmente dentro del contexto de una vida dulcemente aderezada con diabetes. Así pues, compartiré las frases.


o   Sé feliz
o   Hazte notar
o   Sigue tus corazonadas
o   Busca una nueva perspectiva
o   Maravíllate
o   Localiza a la gente que amas
o   Ponte metas
o   Ayuda a los demás
o   Baila
o   Apapáchate
o   Enfrenta tus miedos
o   Visita un museo
o   Haz ejercicio
o   Limita tu tiempo frente a la televisión
o   Ponte en contacto con la naturaleza
o   Aligérate
o   Duerme bien por la noche
o   Lee libros, muchos libros
o   Cómprate flores
o   No te compares con los demás
o   No te lastimes ni física ni emocionalmente
o   Ábrete a nuevas ideas
o   No te centres en pensamientos negativos
o   Concéntrate en obtener lo que deseas
o   Date tiempo solo para divertirte
o   Mantén el romance en tu vida
o   Haz una lista de aquello que agradeces
o   Ama a tu madre tierra
o   Quiere lo que ya tienes
o   Se honest@ contigo
 

Insisto, a mi me tomó un buen rato de meditación llegar a mi propia conclusión y, estoy seguro que cada quién tendrá sus propios fantasmas o puntos de gratitud, pero en el fondo estoy absolutamente seguro que cualquiera que sea nuestra condición y estado de ánimo con respecto a la diabetes, hay puntos que de inmediato nos harán sentido y otros que probablemente no tanto o quizá hasta alguno que rechacemos. No importa, a mi me cayeron desde el principio como una ducha gratificante y, lo más importante de todo, cuando me convencí de que todas aportan hacia lo bueno en la persona, tuve un irrefrenable impulso de compartirlo.

Sé que puede haber quien disienta de mi punto de vista y sea cualquiera la opinión que esta entrada despierte, me gustaría ver escritas otras opiniones en este espacio.

viernes, 19 de agosto de 2011

La familia y la vida con diabetes.



“Ya encontraremos un camino, si no, lo crearemos”.

Aníbal


Esta tarde de viernes tomo un momento temprano de la noche para sentarme cómodamente en mi estudio, ya relajado de la semana de trabajo, comenzando el fin de semana y, después de revisar las entradas escritas en fechas previas, decido hacer un alto en la senda para cambiar un poco de tema y dejar hablar con un poco más de libertad a ese yo interno, que a veces se pone de lo más racional del mundo y escoge temas muy técnicos para publicar. Pero hoy, ese ánimo está de buen temple y deja abierta las compuertas del alma para que dejar que fluya, algo más que a cuentagotas, un poco de sentimiento destilado desde el fondo del alma.

Esta vez, hablaré en primera persona y, sabiendo que por lo mismo no puedo generalizar pues la propia experiencia es eso, propia y nadie puede vivir más que su propia historia con diabetes, por lo que sin escribir una larguísima –y aburridísima- relación de argumentos, haré algunas reflexiones que a lo mejor no son siquiera originales y, seguro que habrá alguien que pueda enriquecer el tema con algún comentario personal complementario.

Luego de llevar la cuenta del tiempo que llevo con el diagnóstico -poco más de once años de ser diabético tipo 2- quizá el recuerdo más lejano sea esa sensación de “ya me llevó el tren”, entre derrotado y asustado pues el espectro anticipado había llegado por la puerta principal y se había instalado en la sala junto con la familia. Este espectro. Que aun sigue entre nosotros, ahora tiene una apariencia muy diferente, pero ya llegaremos ahí en unas líneas más. La realidad es que no cabía el optimismo por ningún lado. Ese tipo de entusiasmos creo que solo pasa en películas como “la Novicia Rebelde” y la realidad es mucho más demoledora que lo que Hollywood pueda aportar.

Pero queramos o no, el tiempo pasa y no queda de otra que comenzar a hacer elecciones. Toda elección implica, obviamente, una renuncia y en el caso de la diabetes, la renuncia a muchísimas cosas ni siquiera es elección propia. Lo que si nos toca elegir es cómo habremos de enfrentar esta nueva vida y, ahora sí, comenzar a elegir de qué forma habremos de vivir en adelante y de qué forma habremos de morir.

Insisto, hablaré de mi caso sin hacer juicio de valor y habrá quién no esté de acuerdo con mis elecciones o habrá quien opine que algunas son las acertadas –espero sus opiniones, por supuesto- pero al final, una de las cosas que he descubierto en este azucarado camino es que todos los días tengo que hacer la elección que me mantendrá en control o me desbarrancará al precipicio del descontrol.

Al mirar hacia atrás desde el primerísimo momento en que fui diagnosticado, caí en la cuenta que para bien o para mal, no estaba solo, que la elección que hiciera de cuidarme o no, ya no me pertenecía del todo. Casado, con una extraordinaria mujer y con dos hermosas pequeñas lidiando con la adolescencia, supe que no podía encerrarme en una concha protectora y pretender aislarme pues nos sería justo para nadie. La diabetes no es una enfermedad personal, es de la familia, pues si bien mi esposa no corre riesgo genético por mi condición, automáticamente supimos que mis dos hijas ya llevan esa carga genética que las predispone desde ya y que de no cuidarse, pueden heredar la suerte de ser diabéticas, herencia que ellas no desean ni yo quisiera transmitir, pero ahí está.

Ya que toqué el tema de la familia, debo decir o quizá más bien gritar, que me tocó en suerte una familia maravillosa que –no se qué tan de buen grado, en particular por la amenaza genética implícita-, desde  que comenzó el proceso de aprender cómo cuidar al diabético y qué hacer con él, entendieron casi de inmediato el concepto de que no solo yo soy diabético, la familia lo es también y como diabéticos tendríamos que vivir. Pero, ¿con qué se come esto? Bueno, haré un pequeño paréntesis para definir lo que entendimos como “familia diabética” y cómo lo hemos hecho funcionar. Para comenzar, la palabra solidaridad va en primerísimo lugar; es decir, que en la casa y cualquier actividad que realizamos en conjunto, se elige hacer lo que el diabético tendría que considerar la mejor elección. Si de comida se trata, todos comen lo mismo evitando situaciones como “la comida de la gente y la bazofia del diabético” la idea es recurrir a ingredientes saludables, cocinarlos para que resulten apetitosos y que sean parte de una nueva forma de alimentación para la familia. Todo mundo saldrá beneficiado; los no diabéticos por comer más sano y el diabético por que puede alimentarse correctamente sin ser un paria alimenticio. También parte de esa solidaridad se encuentra en que todos hacen ejercicio juntos y los paseos y salidas a restaurantes, fiesta, actividades de la familia extendida, se procuran cuidando comer de forma similar. En el caso muy particular de mi esposa, quien dicho sea de paso posee un extraordinario toque en la cocina, ha desarrollado una serie de recetas –que ya iré compartiendo en este espacio- que denomino “para diabético gourmet”, pues con los muy limitados recursos que quedan disponibles en cuanto a cantidades y variedad de ingredientes “sabrosos” para un concepto de alta cocina, se las ha ingeniado para presentar aquello permitido y convertir el alimento cotidiano en un banquete digno de los paladares más exigentes. Con ello, que es lo que le sigue a la solidaridad, le estoy más que agradecido pues comer en casa y tener la posibilidad de medir con precisión los alimentos diarios, es como el noventa por ciento del esfuerzo. Lo demás, es también cuesta arriba, pero mucho más fácil de alcanzar de esa forma.

A veces también con la “carga emocional” de padecer la diabetes, se nos olvida aquilatar debidamente el esfuerzo que quienes viven con nosotros tienen que realizar para construir la armonía en las relaciones dentro del hogar para que las tensiones se mantengan en el menor nivel y el cuidado sea menos tortuoso. Mi esposa quien me sigue aguantando y consintiendo merece una súper mención aquí, al igual que mis dos hijas quienes aunque ya no viven en casa, me dan su apoyo moral a la distancia y me hacen saber que están pendientes de mi salud, pero lo más importante, que se siguen cuidando con empeño para mantenerse en buenas condiciones por el mayor tiempo posible.  A ellas, no por injusticia ni por omisión no les había dedicado una entrada con tanta emoción, pero hoy tenía que ser el día adecuado, pues hoy mi ánimo me pidió decirlo y lanzarlo al mundo.

Hoy en día, confirmo, es la familia el mejor soporte de vida, pero no como un salvavidas que se usa en beneficio propio; no, de ninguna manera, son después de todo la mejor fuente de afecto que uno pueda tener y, por supuesto, de aquí para allá, las depositarias y legítimas receptoras del amor que pueda ser capaz de dar.

Hoy día hay muchísimas definiciones de familia, pero no importa cómo esté constituida, sea cual sea su forma y tamaño, es el pilar emocional en que podremos apoyarnos y la mejor razón para cuidarnos y compartir experiencias buenas, regulares y malas, pero al final las buenas experiencias son las memorias que mejor atesoramos. Por ello, hoy día puedo decir, sí, me llevó el tren, pero en vez de dejarme arrollar decidí viajar en primera clase y el espectro seguirá de espectador pues no lo dejaré tomar parte en mi manejo de la diabetes, gracias, entre otras cosas, al apoyo de mi familia.

martes, 16 de agosto de 2011

Pensamiento primitivo, ignorancia y diabetes, mala combinación (3ª parte).




Como el tema da para mucho, comenzaré a comentar sobre algunas ideas que se manejan entre ciertos estratos de población y que en muchos casos ayudan a que se promueva la búsqueda de alternativas médicas, particularmente las que se promocionan como poseedoras de propiedades tan fantásticas que incluso ofrecen cura para enfermedades a las que la medicina científica no ha encontrado la solución. Llamaré medicina científica en esta entrada a la reconocida como alópata, para distinguirla de las corrientes “alternativas” o no científicas.

Dentro del grupo de posibilidades, que en sí cada día se van ampliando en el enorme abanico de terapias alternativas, aparecen también fervientes detractores de la medicina científica, entre los que me he encontrado a quienes pregonan sus ideas –muy válidas las opiniones, por cierto- aunque científicamente estén completamente equivocadas, definiendo a la medicina científica como “ciencia sin conciencia”, “medicina mecanicista, molecular y reduccionista”, lo que sea que esos términos signifiquen y otros muchos adjetivos. Quisiera imaginar que pensar así es producto de la etiqueta asignada a la extremada especialización de la práctica médica que la aleja del centro emocional de los pacientes, convirtiéndola en un ejercicio deshumanizado, aunque altamente efectivo.

Estamos de acuerdo en que muchos especialistas, incluso, llegan a parecer unos auténticos ignorantes de aquella medicina que va más allá de su muy ultrarequete estrechamente especializada área de práctica. Esto es particularmente preocupante cuando se pierde de vista que los organismos vivos somos sumamente complejos y que funcionamos como sistemas interconectados con equilibrios muy delicados y cuyas interacciones son íntimamente relacionadas unas con otras. Por ello, no se puede ni sobre simplificar ni realizarla como si una parte estuviera aislada del resto, particularmente en lo que se refiere a un correcto ejercicio en medicina.

Para mejor ilustrar esta situación, citaré una anécdota personal que, estoy seguro, ya la escribí en alguna otra entrada, pero para ilustrar el tema, creo que vale la pena repetirme esta vez. Pues resulta que estando en un evento social donde por razón de la profesión de los anfitriones, había una mayoría de médicos presentes; conversando en la mesa que nos asignaron, entre las parejas que ahí estábamos, había varios doctores y, no sé si a alguien más le suceda, pero por alguna extraña razón, los temas de salud surgen tarde o temprano y en este caso, adivinaron, la diabetes y, la mía en particular. Una vecina de la mesa, educadamente preocupada por saber si podría yo comer lo que se servía, me hizo la obligada pregunta de, ¿y no te hace daño comer esto si eres diabético?, cuando le respondí que llevo cuenta mental de las raciones de lo que como y que mido la comida “a ojo”, añadí que en mi última hemoglobina glucosilada había mantenido mi promedio cercano al 5.6 y me dijo entre azorada y apenada, el médico es mi marido y de inmediato me pidió que le repitiera el dato y, oh sorpresa, su única respuesta fue, “ni idea, yo soy urólogo”. Ya sé a quién le pensaría dos veces antes de consultarlo aunque sé de buena fuente que es excelente médico. Pero más allá de lo anecdótico, es preocupante la poca percepción de sistema que se percibe en el ejercicio de la medicina actual, razón para que exista cada vez más gente que, de forma infundada, no le tiene confianza.

Sin embargo, la medicina científica, así como a veces se le llama despectivamente como reduccionista, mecanicista y otros adjetivos, sigue siendo la única opción segura para buscar una buena salud.

Hay un término que me llama la atención y que se ha convertido en una tendencia que vale la pena comentar. Se trata de la llamada medicina holística, término –holístico-, que definió Aristóteles en su Metafísica y engloba la idea de “el todo es mayor que la suma de sus partes”.  Como decía, siguiendo esta idea, la medicina holística busca, precisamente, combinar aquellos remedios probados que procuran bienestar en conjunto con terapias y medicamentos denominados tradicionales, buscando un equilibrio benéfico para el organismo. Esta visión, en el caso muy particular de la diabetes, es la que pregona que, además de los medicamentos indispensables para su control, llevar a cabo acciones como una actividad física constante y vigorosa aunada a una alimentación sana, completa, equilibrada y suficiente, son indispensables para que se alcance un adecuado control de la glucemia y la salud se pueda mantener en el rango de lo bueno por un mayor tiempo. No es magia, es simplemente sentido común y tener la sensatez de aprovechar, aquí sí, conocimientos milenarios que siguen siendo terapéuticamente válidos. Pero ojo, sirven en combinación con una atención y seguimiento médico adecuado, si se disocian, se pierde el resultado que se busca.

Cuando se habla del tema de la medicina alternativa, por otro lado, se trata de un animal completamente diferente y que no necesariamente cae en el rango de la ignorancia ni del pensamiento primitivo. Se trata simplemente de opciones terapéuticas que desde el punto de vista del rigor científico no han probado de manera consistente su efectividad para curar. Que no se tengan pruebas concluyentes de su efectividad no las invalida, pero por lo mismo, tampoco se pueden avalar sin reserva.

Veamos un caso que en lo personal me apasiona y es la herbolaria, es decir, tratamiento a base de sustancias extraídas de vegetales (raíces, corteza, hojas, tallos, flores, frutos, etc) y que aprovechan las sustancias activas (metabolitos secundarios) de la planta. En sí, toda la farmacéutica moderna nació y se desarrolló a partir de esta disciplina y aunque aún hay algunos medicamentos extraídos directamente de materia vegetal, los medicamentos más modernos son moléculas sumamente complejas producidas bajo diseño en laboratorios  farmacéuticos que cuentan con equipos y tecnologías de punta no accesibles al común de los mortales. Pero regresando a las hierbas, son y seguirán siendo vigentes para muchos tratamientos de afecciones muy diversas, pero como en la medicina alópata, se necesita de un experto para que sean recetadas correctamente. Aquí tampoco cabe la automedicación, pues una dosis equivocada o, peor aún, una aplicación incorrecta, nos puede llevar a dañar permanentemente un órgano vital o incluso, costarnos la vida.

Esta parte, como dije, me fascina pues me permite especular sobre ciencia y conocimiento certero. Es, principalmente en función de la dosis que un producto vegetal puede ser desde totalmente inefectivo e inocuo, hasta prácticamente mortal. Los químicos sabemos muy bien cómo medir e identificar las sustancias activas para un resultado específico y la diferencia de tomar un remedio herbolario o el medicamento que contiene, precisamente, como ingrediente activo. Esa sustancia se conoce como  “metabolito secundario” y es la que actúa benéficamente en el organismo. En una medicina comprada en la farmacia siempre sabremos la dosis, mientras que en la planta de la herbolaria, el contenido de la sustancia que esperamos nos de la salud, dependerá de muchísimos factores entre los que se encuentran el tiempo de cosecha, el ciclo de lluvia y secas, la región, altura, etc. Por el lado positivo, hay que reconocer que los efectos secundarios propios de los medicamentos, a veces no aparecen o son menos severos y los tratamientos suelen ser más prolongados para que el organismo los aproveche.

Quienes defienden “a capa y espada” lo natural o naturista, a veces no consideran el concepto detrás de las palabras “riesgo potencial” o “dosis”  y piensan que por que algo es natural, es sinónimo de benéfico e inocuo. Nada más erróneo. El que una sustancia sea natural, no la libra de efectos indeseables, incluida la muerte del enfermo. Como ejemplo extremo, nada más natural que un alacrán o una cobra del desierto y seguro a nadie se le ocurriría tenerlos como mascota casera y jugar con ellos porque sean “naturales” y por ello ser excelentes bichos caseros. Sí, ya se, a veces peco de exagerado, pero lo obvio del ejemplo indica que sabemos que hay cosas o seres a los que tenemos que mantener con una sana distancia, pero ¿Qué pasa si desconozco las propiedades dañinas de una infusión y me la tomo sin preguntar? Por ello, la recomendación final de hoy es: cuidado, nunca hay que creer todo lo que me digan sin pasarlo por el tamiz del estudio, la duda, la investigación y la validación científica. Esta actitud será siempre el mejor antídoto contra la ignorancia y los “listillos” que quieren obtener beneficios de ello, aun a costa de nuestra salud. ¿O, acaso estaré realmente equivocado?

domingo, 14 de agosto de 2011

Pensamiento primitivo, ignorancia y diabetes, mala combinación (2ª parte).

En la anterior entrada hacía una revisión muy breve sobre la situación del pensamiento científico que está perdiendo impulso en este ya iniciado siglo XXI y que nos está acercando, según parece, de forma lenta pero inexorable hacia un estado de ignorancia social generalizada. Es posible que haya gente –políticos en lo particular- que sientan que eso podría ser una ventaja al hacer una división infranqueable entre el grueso de las masas ignorantes y la elite que los gobierna y les ilumina el camino. Históricamente la humanidad ha avanzado dando traspiés y en ocasiones cayendo muy rápido y levantándose muy lentamente. Sin ánimo de ser exhaustivo, se me ocurre pensar en civilizaciones que nos han dejado evidencia arqueológica que muestra que en su esplendor hubieron alcanzado enorme altura del conocimiento y que también, en un determinado momento, entraron en decadencia y todas ellas fueron, de una forma u otra, arrasadas por efecto de invasiones, plagas y, en algunos casos como el de los Mayas, no está clara la razón de su desaparición como sociedad organizada.

Baste recordar –todos con el prefijo antiguo-, a China, India, Egipto, Perú, Mesopotamia, Creta y Micenas, Asiria y Caldea, Fenicia, Grecia, Roma, Persia, Bizancio, etc. que alcanzaron grandes alturas del conocimiento en diferentes áreas, conocimiento que se vio arrasado por la barbarie en diferentes períodos y de todos, el que probablemente haya sido el más oscuro, fue la “Edad Media” europea, que duró la friolera de novecientos años de barbarie e ignorancia como nunca antes había alcanzado la humanidad y que conllevó la pérdida de casi el total de los conocimientos desarrollados por la humanidad. Afortunadamente, esta situación que comenzó a cambiar en el Renacimiento, llamado así por el resurgimiento del conocimiento que comienza a rescatar el antiguo pensamiento de rigor científico de los griegos antiguos y no ha parado de seguir aportando hasta nuestros días.

Este referente histórico lo menciono, pues sin entender el pasado es imposible comprender nuestro presente y, por supuesto imaginar algún posible futuro. En cuanto a la parte médica se refiere y muy particularmente en el tema de la diabetes, he tenido la oportunidad de mencionar -en este espacio-, algunos avances de la ciencia médica en cuanto a la descripción de la enfermedad y el desarrollo de terapias y medicamentos cada vez más complejos para el tratamiento de la enfermedad.

Por ello, al tratar el tema del pensamiento primitivo y la ignorancia, relacionados con la diabetes, debo ser muy claro al poner por escrito la idea con respecto a lo vigente y lo absurdo al hablar de aquello que sí y lo que no funciona. Primero que nada, debemos caer en la cuenta que estamos viviendo un presente de impresionantes avances científicos en todas las áreas del conocimiento humano, que nos han dado un panorama fantástico de cómo percibir la realidad y que de alguna manera nos obligan a cambiar el paradigma de aquello que considerábamos como “la realidad”. Así, ya no sorprende tanto que en ciertos casos de investigación se pueda disponer de forma rutinaria y extremadamente rápida y precisa el perfil de ADN de un sujeto; que se puedan realizar tomografías por emisión de positrones (PET por sus siglas en inglés) y cientos y cientos de posibilidades que hoy en día permiten identificar pequeñas variaciones del genoma humano, que aunque aún falta muchísimo por avanzar, podremos estar de acuerdo que el camino recorrido por la medicina –y la ciencia en lo general-, nos ha alejado de lo que sabía Hipócrates, fundador de la medicina moderna y que naciera por allá del 460 A.C.

Hay quienes son detractores de la medicina moderna, denominada alópata (término acuñado por los homeópatas, para distinguirse de la medicina científica) y que bajo diferentes denominaciones pretenden buscar remediar el dolor y sufrimiento provocado por la condición de enfermos, en un intento por ofrecer una alternativa a lo que en muchos segmentos de población se percibe como un enorme poder que los laboratorios farmacéuticos y de las instituciones de medicina privada han alcanzado, por un lado y los tristemente frecuentes episodios de falta de ética en el manejo de la praxis médica, de los protocolos de investigación y comercialización de terapias y medicamentos y que han llevado a formar una elite económica que ha convertido la salud en artículo de lujo, abriendo la puerta a charlatanes y oportunistas que ven en esta situación una mina de oro lista para ser explotada y obtener una parte del botín en un escenario en donde pareciera que el principio hipocrático del bienestar del paciente por encima del lucro médico, ha quedado perdido en la noche de la historia.

Es aquí precisamente, donde el pensamiento primitivo y la ignorancia hacen su mejor papel, dañando a la propia medicina. Tanto la denominada alópata, como la etiquetada legítimamente como “alternativa”. Y sucede precisamente cuando ese pensamiento primitivo combinado con ignorancia nos lleva a creer que los productos de la medicina moderna y de los laboratorios farmacéuticos son, dañinos de una forma u otra, o que por ser una opción de medicina inalcanzable por razones económicas, hay que buscar la salud en otras fuentes. Quiero decir que no todo lo denominado como “medicina alternativa” es inválido o que no tenga utilidad. Creo que un pensamiento alrededor del concepto de salud no puede ni debe descartar ninguna faceta válida para garantizar el bienestar del paciente. Ni desconsiderar lo alternativo ni rechazar lo farmacéutico.

He escuchado miles de argumentos a favor de cientos de producto y terapias “alternativas” para “curar” la diabetes, que en su mayoría provienen de gente bien intencionada, que piensa honestamente que el remedio es bueno y que funciona. Por otro lado, hay infinidad de charlatanes deshonestos que se anuncian en periódicos, televisión, radio, cine, internet, etc. para promover cualquier cantidad de cosas que saben bien solo sirven para que los incautos los compren y los paguen y, listo, ya se hizo el negocio. ¿Y la salud?, bien gracias, a nadie le importa. La gente que cae en esos engaños lo hace esperando encontrar un milagro y, desafortunadamente son víctimas de inescrupulosos comerciantes de pociones de feria, sin valor terapéutico y cuyo único objetivo es un lucro sin mucho esfuerzo. Incluso, hay productos que son buenos -como algunas cremas por ejemplo-, que para subirles el precio o distinguirlas de la competencia, las anuncian con absurdos como que restauran la piel, quitan las arrugas (una de las mentiras más comunes), que corrigen várices, que rejuvenecen y muchas otras, lo que convierte a un posible muy buen producto, en una estafa por no cumplir con lo que promete. De aquí en adelante, la imaginación es el límite.

Por otro lado, hay muchísimas terapias y productos no farmacéuticos que coadyuvan al bienestar del paciente e incluso, en algunos casos en el proceso de convalecencia y que caen perfectamente en la categoría de “alternativa” a los fármacos. El caso más sabroso es el de la sopa de pollo. Sabemos que no cura, pero aporta nutrimento equilibrado, saludable y restaurador que ayuda al organismo en su recuperación. El remedio de miel de abeja con limón, que ayuda a desinflamar en caso de tos seca o la variación de las gárgaras de limón con bicarbonato, que funciona como antiséptico local en caso de infección leve en las amígdalas. Podría seguir y seguir dando ejemplos, pero los dos mejores me los reservo para finalizar esta entrada y son directamente indispensables para el correcto control de la diabetes, particularmente la tipo 2 y, por supuesto no existe ningún laboratorio que las produzca y son, ejercicio y un buen plan de alimentación. Es más, un diabético tipo 2 de reciente diagnóstico pudiera llegar a controlarse solamente con dieta y ejercicio, ya que estos factores combinados por si solos, ayudan a bajar de peso, estimulan el correcto funcionamiento del sistema metabólico, ayudando a que disminuya la resistencia a la insulina y aumente la calidad de ésta. A los diabéticos con muchos años de serlo, nos es más difícil y dependemos de terapia combinada de las anteriores y algún producto de laboratorio, ya sea como hipoglucemiante o insulina, solos o combinados.
Seguiré con el tema para la próxima entrada.

sábado, 13 de agosto de 2011

Pensamiento primitivo, ignorancia y diabetes, mala combinación.


Hace algunos días estuve leyendo el número de agosto de la revista Astronomy, y me topé con un artículo sobre la crisis de la educación científica en los Estados Unidos, en donde el autor expresaba su preocupación con respecto al poco interés de las generaciones jóvenes por seguir cursos o carreras que lleven implícita alguna disciplina científica, a saber, física, química, biología y, por supuesto, las temidas matemáticas. Explica el autor que al preferirse los estudios sobre temas no científicos, como áreas administrativas, cursos de arte o comunicación, las nuevas generaciones pierden en mucho la capacidad del pensamiento crítico y la curiosidad para plantearse las preguntas que son siempre el tema de las ciencias, tales como: cómo, cuándo, dónde y el imprescindible por qué.

Según la ciencia, los seres humanos contemporáneos llevamos algo así como 140,000 años sobre la tierra y hemos desarrollado de manera paulatina el dominio sobre las demás especies que pueblan la tierra. Por supuesto, aunque está comprobado que el Homo Sapiens de hace 140,000 años tenía prácticamente la misma capacidad intelectual que los Homo Sapiens de hoy día, a nadie se le ocurriría la peregrina idea de pensar que la vida y las civilizaciones de la época fuesen al menos igual o más avanzadas que la actual civilización occidental de base tecnológica.

Regresando a la revista Astronomy, otro punto expuesto en el artículo que inspira esta entrada, es sobre la enorme cantidad de apoyo y difusión que actualmente se le da a temas de la llamada pseudo-ciencia. Es decir, patrañas e invenciones sin sentido que, utilizando el lenguaje de la ciencia y algunos datos científicamente comprobados, toman, a partir de ahí, una serie de conclusiones o postulados indignos incluso para la trama de una mala novela de ciencia ficción. Fantasía pura con lenguaje de ciencia, elaborada con frases impactantes y un lenguaje plagado de generalidades, típicas de los escritores de horóscopos, que ofrecen soluciones de tipo existencial, espiritual, trascendental y hasta la cura de cualquier enfermedad. Las típicas, VIH SIDA, cáncer (cualquier tipo) y obviamente diabetes.

El problema con esto, es que al empezar a permear en la sociedad este tipo de doctrinas de lo absurdo y falsas ideas, totalmente ajenas a la verdad probada por la ciencia,  adquieren una difusión en los medios masivos, desplazando a la verdad científica por propaganda llena de frases rimbombantes, que por supuesto utilizan términos como “un producto natural”, “la sabiduría milenaria de”, “la receta secreta de los”, “ha sido probada con éxito en infinidad de consumidores satisfechos”, “diseñada por médicos, lo que le garantiza”, en fin, podría llenar páginas y páginas de absurdos propagandísticos y no abarcaría la enormidad del ingenio humano para redactar frases llamativas.

Lo lamentable de esta situación, es que a la ciencia se le margina de la posibilidad de ser trasmitida a las masas, ya que se considera al conocimiento científico como aburrido, árido, poco atractivo e indigno de patrocinio. Esto lleva a una población que ve disminuida su capacidad crítica y acepta como válido todo aquello que le publicitan por televisión o en el cine y, actualmente, por internet. Como dijera un amigo, si no estás en internet, no existes.

Ante la avalancha de anuncios de gente que abusa de la credulidad o la desesperación de los enfermos o la de sus parientes, sacan al mercado pomadas, jugos, extractos, cápsulas y una infinidad de productos que, en el mejor de los casos, contienen un placebo (sustancia inerte que no tiene ningún efecto sobre el organismo) y lo ofrecen como una cura milagrosa a un enorme rango de enfermedades. Hay incluso, quienes montan pseudo clínicas en donde ofrecen tratamientos de “cura comprobada”, eso sí a precios astronómicos a veces, pues como reza el dicho, ¿Cuánto vale tu buena salud? O sea, engañados en lo económico además de en la propia salud. He visto anuncios de productos por demás estrafalarios y que prometen maravillas, tales como que queman la grasa corporal, curan la diabetes, remiten canceres avanzados y otras monerías a cual más de increíbles.

Para una sociedad educada, es difícil resistir una proclama tan tentadora, pero siempre puede funcionar el filtro del escepticismo y no prestarle oídos a los charlatanes. En sociedades como la nuestra en que urge un mayor nivel educativo, es aterradoramente grande la cantidad de gente que cae en estos engaños e incluso hasta los promueve. Como es obvio, el resultado de seguir este tipo de consejos y de tratamientos, solamente logra agravar un de por si mal pronóstico de enfermedad, si no es que cuesta la vida irremediablemente.   

Pensar así, es pensar primitivamente, caer en el peor de los escenarios, el de la ignorancia que nos lleva a terminar creyendo en soluciones mágicas que, sabemos son un imposible, pero que ante la necesidad emocional de encontrar “lo que sea que me cure”, antes de aceptar la fatalidad de un diagnóstico que nos afectará de por vida. Por eso, si por el contrario, confiamos en la ciencia, en la búsqueda de la verdad científica y en la verdadera medicina moderna, estaremos en el mejor de los caminos para tratar nuestra condición de diabéticos, que mucho se ha avanzado para permitirnos llevar una vida normal. Claro, sigo teniendo la esperanza de que pronto se descubra una cura para la diabetes, ¿quién no?, pero mientras tanto, a cuidarse, controlarse con una buena supervisión médica y hacer oídos sordos a los cientos de charlatanes que nos endulzan los oídos como las mitológicas sirenas, solo para descubrir que su intención no es curar ni les interesa si nos estrellamos en los arrecifes de la mala salud.

Como humanidad llevamos recorrido un largo y penoso camino para surgir de la oscuridad primitiva y no debemos perder la visión de lo logrado y, mucho menos, lo que está por alcanzar nuestra inteligente especie. No desoigo la sabiduría milenaria, pero no perdamos de vista que esa misma sabiduría afirmaba que la tierra es plana y que la tierra es el centro del Universo y hoy, gracias a la ciencia, sabemos que la realidad es mucho muy diferente a lo que nos enseñan los sabios milenarios. No caigamos pues, en errores ni engaños.