jueves, 21 de julio de 2011

¿Indiferencia como causa de Diabetes?

Al meditar sobre las estadísticas alrededor de la diabetes, me encuentro con una herramienta invaluable de información que es el Atlas de la Diabetes  de la IDF (Diabetes Atlas de la International Diabetes Federation), es una casi inagotable mina de información cuya elaboración ha tomado años de un titánico esfuerzo, pero el resultado es impresionante y muy útil al momento de considerar datos relevantes y confiables con respecto a lo que está sucediendo en el mundo con respecto a la diabetes. Nos permite saber con cifras muy precisas qué sucede tanto a nivel regional como a nivel mundial en aspectos tales como casos existentes, casos nuevos, complicaciones asociadas y su impacto en las economías regionales. En fin, es un documento como su nombre lo indica, Atlas, lleno de datos, cifras y referencias que sustentan la toma de decisiones sobre el estado de la diabetes y qué hacer hoy para que el problema no sea más un problema de características globales.

A partir de estos datos, que por cierto son como para un guión de cine de terror, es que la IDF, ha lanzado su campaña de alerta mundial que pretende sacudir la conciencia de los dirigentes de todos los países del mundo, para que se asignen recursos y se realicen acciones efectivas para atajar el creciente problema que implica la diabetes, no solo desde el punto de vista del individuo que la padece, sino desde la perspectiva de los sistemas de salud nacionales, regionales y mundiales. Esta campaña, como ya lo comenté en una entrada pasada, se llama O for outrage!, (O por furia!). Pero el tema de hoy es un poco más sutil y toca una fibra diferente.

Casi siempre nos sucede –a mí por lo menos con penosa frecuencia-, que disociamos nuestra vida personal, social y política de la vida masiva, nacional y comunitaria. Nos aislamos en un cómodo refugio de retraimiento selectivo donde a veces ni siquiera nos dignamos a ver al vecino, evitándonos la molestia de saludarlo. Dividimos el mundo entre yo y los otros y ahora, de manera realmente alarmante, dependemos de una prótesis llamada computadora para poder establecer un contacto –profilácticamente seguro-, con otro individuo de la especie. Eso sí, concedo, a la velocidad de la luz, por lo que el factor distancia es un obstáculo despreciable.

Pero ya que mojé el dedo en limón y lo recubrí con sal, vamos directo a la llaga, ahí donde diabéticamente más duele o donde verdaderamente nos debiera de doler. ¿Quién, en primer lugar tiene la responsabilidad de velar por mi salud, de atender mi enfermedad o si tengo riesgo, tomar las medidas necesarias para prevenirla? La relación pueblo (yo, tu, los demás de a pié) y gobierno (los innombrables) se ha caracterizado por establecer una brecha infranqueable de comunicación en la que nos convertimos en pasivos espectadores en la esperanza de que sean ellos los que resuelvan todos los asuntos nacionales y, por qué no, los personales. Se nos olvida que ellos y nosotros estamos hechos de la misma esencia y que un funcionario público debiera ser considerado como un simple ciudadano que ha sido contratado para administrar una función específica de gobierno, o sea, en teoría están al servicio de la ciudadanía. Pero como este blog no trata de ciencia política ni califica como charla de café, veamos el punto fino y desmadejemos el problema, enfocados en la diabetes como problema de salud nacional.

Como decía, los ciudadanos esperamos ilusionadamente que los funcionarios públicos cumplan con el compromiso de administrar los bienes nacionales y velar por el bien estar de los ciudadanos, pero no podemos caer en el extremo de pensar que el gobierno, venga a resolver todos los problemas ciudadanos mientras que los ciudadanos que vivimos nuestro particular problema no ponemos nada de nuestra parte. La verdad que así como los ciudadanos en lo individual somos impotentes para resolver los problemas nacionales, el gobierno no puede intervenir en los ámbitos privados y decirnos qué y cómo hacer. Al menos no es lo deseable en una sociedad civilizada ¿lo es la nuestra?, bueno, en lo que nos respondemos esa pregunta, tengo algunos datos que quiero compartir y que me llevaron a esta compulsiva reflexión y es un resumen que me encontré al hurgar entre mis archivos y es parte de las “Declaraciones Acapulco 2005” derivadas del Congreso Nacional de Diabetes del mismo año.

En dicho documento, redactado hace ya seis años, se reconoce que es imperativo tomar acciones inmediatas “Para la Reducción de la Incidencia de la Diabetes Mellitus Tipo 2 en México” y se detallan una serie de acciones que el gobierno asume como propias y que a lo largo de los años podemos darnos cuenta que algunas ya están en fase de implementación y otras, al parecer no se ha hecho nada o no se ha difundido adecuadamente.

En un rápido resumen enumero los rubros principales:
1.   Acciones en el ámbito escolar; creando redes de salud escolar, implementación de programas de educación para la salud, aumentar la actividad física de los educandos e instrucción sobre hábitos de alimentación.
2.   Acciones en el ámbito laboral; con anuncios que difundan mensajes de salud, estimular la creación de rampas y escaleras para sustituir elevadores y estímulos fiscales para la creación de  gimnasios y canchas deportivas.
3.   Acciones para la regulación de la industria alimentaria. Aquí ni comento, pues todos pudimos ser testigos de la rápida y contundente reacción de esta industria y cómo fueron -¿amedrentados?- los legisladores que metieron reversa en la propuesta de control.
4.   Acciones en los medios masivos de comunicación. Bueno, el párrafo anterior podemos usarlo de nuevo.
5.   Acciones en la preparación del personal médico; Incluye incorporar capacidades para manejar recomendaciones en dieta y actividad física del paciente, Inclusión en programas académicos de algunas carreras profesionales, de los conocimientos de salud suficientes para la difusión y aplicación de estilos de vida saludable.
6.   Acciones en el ámbito fiscal, pretendiendo dar algunos estímulos a quienes participen dentro del marco de esta iniciativa.

Acciones llenas de buena intención, pero insuficientes a la hora de dimensionar el problema que se pretende resolver pues falta un importante elemento en la ecuación. Yo y mi propia indiferencia o capacidad de compromiso.

Sin embargo, regresando a la autocrítica, hay muchos aspectos de responsabilidad individual que, habiéndolas asumido como propias, al gobierno ni siquiera se le ocurre pedirnos una colaboración activa. Al criticar esta parte, me quiero referir a la visión generalizada entre la clase política de vernos –y lo logran con mucho éxito-, como infantes inconscientes e inmaduros, legislando sobre lo que en una sociedad civilizada debiera ser una decisión inteligente producto del sentido común, pero que no la tomamos hasta que por la fuerza nos es impuesta. Sin embargo la pregunta queda flotando en el aire al ver la dolorosa realidad mexicana en el tema de obesidad infantil, diabetes tipo 2 en niños y la prevalencia de complicaciones en la población diabética en general. ¿Y mi responsabilidad sobre mi propia salud? ¿Y mi responsabilidad sobre la salud de quienes dependen de mí? Y puedo seguir preguntando hasta el infinito, pero no puedo exigirle, vamos ni siquiera pedirle humildemente a nadie que se haga cargo de aquello que es mi responsabilidad, mi propia salud. Seguiré bordando en el tema que tiene mucho de donde cortar, pues no todo es blanco y negro.

domingo, 17 de julio de 2011

ByPass Gástrico, ¿efectivo contra la diabetes tipo 2?


Paseando por los recovecos del facebook, tratando de mantenerme al día  con lo que llega a mi muro, encontré un comentario colocado por uno de los múltiples grupos dedicados a los diabéticos y que hoy en día tienen presencia en este dinámico espacio. Este grupo, denominado Diabetic Zone México, comparte una nota que tiene el encabezado “La cirugía Bariátrica es más efectiva que la dieta contra la diabetes tipo 2”, que aporta una información sumamente interesante sobre la relación entre la mejor solución quirúrgica desarrollada hasta la fecha para tratar el gravísimo problema de la obesidad mórbida y los resultados que tiene con la diabetes en su papel de comorbilidad asociada en gran cantidad de casos. Por las referencias contenidas en la nota, ubico su origen en el artículo publicado el pasado 27 de abril del 2011, en Science Translational Medicine, intitulado “Differential Metabolic Impact of Gastric Bypass Surgery Versus Dietary Intervention in Obese Diabetic Subjects Despite Identical Weight Loss” (una traducción podría ser: diferencia del impacto metabólico de la cirugía de bypass gástrico versus una intervención con dieta en sujetos obesos y diabéticos, a pesar de pérdida de peso idéntica). La nota es por demás interesante, pero al leerla me surge la compulsión de complementarla con algunas reflexiones tanto con respecto al Bypass como a los tratamientos convencionales para la diabetes tipo 2.

Primero que nada, bordando alrededor de la diabetes y obesidad, hay que reconocer que nadie es obeso y mucho menos obeso y diabético por propia necedad, es más, prácticamente todas las personas que llegando a la obesidad (IMC>30), cuando además, se encuentran con diabetes e hipertensión, buscan la manera de resolver la situación de la mejor manera posible. Sabemos dos datos por ciertos. Primero, que con lograr una reducción de peso de aproximadamente de un 5%, se pueden alcanzar controles muy saludables sobre la glucemias, si bien no los mejores, si mucho más adecuados que cuando no se hace nada. Por eso la disminución de los kilogramos en exceso es la línea estratégica a seguir por los médicos que tratan esta condición. Segundo, el problema que representa la persistencia de la obesidad que, al tratarla con dietas reductivas se va y regresa cada vez con mayor fuerza, provocando el desánimo de los pacientes que al no ver progreso en el esfuerzo de adelgazar, abandonan los cuidados de los niveles de glucosa en sangre, en la esperanza que los medicamentos prescritos los mantengan a salvo, cosa que, sabemos, no ocurre.

Si bien la estrategia de perder peso es excelente, por sí misma es insuficiente, ya que es solamente una parte de la combinación necesaria para tener éxito en el tratamiento de la diabetes, siendo los medicamentos (hipoglucemiantes, insulina, etc.),  y el ejercicio, los otros dos componentes básicos. Sin embargo, si hay obesidad es difícil que el ejercicio se adopte como parte de la rutina diaria de cuidados. En estos casos, con obesidad persistente y diabetes tipo 2 presente, la cirugía bariátrica es una excelente opción.

Pero ¿cuál sería la novedad sobre algo que ya se sabe desde hace varios años? Como el artículo refiere, el hallazgo de la disminución de aminoácidos de cadena ramificada y otros compuestos orgánicos que aceleran la normoglucemia posterior a la cirugía confirma que existe un mecanismo diferente a la simple pérdida de peso, ya que el cambio es notable al hacer la comparación entre individuos operados e individuos sometidos a una dieta estricta, cuando llevaban unos 10Kg perdidos.

Visto así, el Bypass es la solución y casi  que la cura a la diabetes, pero veamos que hay detrás de la cirugía y los límites de ésta a la hora de convertirse en solución.

Primero que nada, como apunté arriba, para que un diabético sea candidato a ella, se requiere que también tenga obesidad de IMC igual o mayor a 35. Si el IMC está por debajo de 35 es muy probable que la expectativa de mejora se pueda alcanzar con la combinación de ejercicio, dieta y medicamentos. Una vez realizada la cirugía, el paciente debe estar consciente de que ésta generará cambios profundos en su estilo de vida, en conjunto con la enorme ganancia que implica llegar a peso normal después de un tiempo entre los 9 a 12 meses de la cirugía y, por supuesto la normalización de los niveles de glucosa en sangre, adicional a presión normal.

Por ello esta conciencia debe incluir el conocimiento de que a partir de la cirugía tendrá un estómago (reservorio es el término correcto), de aproximadamente 30 ml de capacidad lo que en los primeros meses posterior a la cirugía le impedirá comer más allá de lo estrictamente necesario sin sufrir “atorones” o vómitos espasmódicos si trata de comer de más. Observará que bajará de peso a una tasa acelerada mucho más allá de sus expectativas y que podrá mantener esta reducción durante muchos años y su salud será excelente al haber desaparecido los síntomas más preocupantes de enfermedades como diabetes e hipertensión, el riesgo de problemas cardiacos y vasculares habrá disminuido enormemente y verá que podrá moverse con gran agilidad y logrará incluso realizar actividades deportivas que percibía canceladas por el sobrepeso. En resumen, una nueva vida libre del sobrepeso y con el horizonte de una nueva perspectiva social y familiar que ya no se creían posibles.

Si bien este mundo maravilloso es real, muy real -lo puedo asegurar no en primera persona, pero me consta-, también hay un precio que pagar. Nada es gratis en esta vida y no me refiero al costo de la cirugía y la atención post operatoria que no es barata, sino a los cambios para alcanzar esta nueva vida. Pero no nos espantemos y veamos de qué se trata.

El riesgo que implica entrar a un quirófano es digno de ser tomado en cuenta al momento de tomar la decisión de la cirugía. Siempre hay y habrá riesgos en este momento. Aquí solo tengo dos comentarios para inclinar la balanza, uno es considerar el riesgo de no hacerlo, comparar la posibilidad –muy remota por cierto pues hoy en día hay excelentes cirujanos bariatras e instalaciones médicas con gran calidad-, de morir en la cirugía, contra la certeza de morir por problemas asociados con obesidad, hipertensión y diabetes. Segundo, buscar al mejor cirujano en el mejor hospital para practicarse la cirugía. Hasta donde tengo información, la tasa de éxito en estas cirugías está por arriba del 95%, nada mal como para no considerarlo un procedimiento seguro.

La otra parte es lo que viene con la vida ya operados. Ya hablé de las ganancias, ahora los costos. Bueno, como hay un reservorio que permite “comer poquito” y hay una sección del intestino delgado que queda fuera de funcionamiento (el yeyuno), se genera un fenómeno de “mala absorción” de nutrientes, por lo que habrá que tomar complementos de vitaminas y minerales de por vida. Habrá que quedar sometido a una rutina de alimentación que permita comer –lo poquito permitido- iniciando con proteínas, siguiendo con verduras; grasas y al final o quizá casi nunca, los carbohidratos podrán quedar fuera por no ser estrictamente necesarios, al menos en un principio. Resumido en palabras de un paciente, “la cirugía te pone en una disciplina que no conocías y que en principio te llevó al estado de obesidad y todos los problemas asociados, pero fue la mejor decisión de mi vida”. Finalmente a este respecto añadiré que muchos pacientes operados sufren de una condición muy similar a la denominada médicamente como “Hipoglucemia Reactiva”, conocida con el apodo de Dumping (refiriéndose a una brusca bajada de glucosa en sangre), pero que la mayoría de los pacientes que la sufren la reconocen como positiva, pues se constituye en un freno a la ingesta de carbohidratos o alcohol, grasas u otros alimentos “no deseables”

Si bien aunque pareciera la panacea final, tiene su “contras” esta solución quirúrgica, pues requiere de una disciplina por el resto de la vida, que incluye comer de forma balanceada, prácticamente de todo, hacer ejercicio y no dejar los complementos de vitaminas y minerales, pues de no existir este auto control, cualquier beneficio alcanzado se pierde pues hay el riesgo de la sobrealimentación y el regreso de la obesidad y los fantasmas que la acompañan. Si como se espera deba de ser, se cumple con esta disciplina, en el largo plazo ha significado una posibilidad de una nueva vida para mucha gente que no veía una solución a sus problemas relacionados de manera más evidente con la obesidad.

Mi conclusión y caso personal como diabético tipo 2 con un IMC de 22.6, sometido a un régimen espartano de 1800 Kcal/día, que lucho diario contra las glucemias para que se mantengan en su sitio, estoy seguro que con el hallazgo del grupo de cirujanos sobre los beneficios me haría desear tener la seguridad de la “desaparición” se los síntomas que nos definen a los diabéticos, pero es posible que la cirugía aporte poco más allá de lo que he alcanzado, pero es algo para ser tomado muy en cuenta.

viernes, 15 de julio de 2011

Algunas notas históricas sobre Diabetes

Cuando hablamos de diabetes es inevitable hacerlo desde el marco actual temporal. Es decir, asumimos que la diabetes es algo que nos sucede como una costosísima cuota a pagar por la vida ajetreada, llena de satisfactores alimentarios y sedentaria que nos toca vivir. Damos por sentado que la diabetes está aquí, que forma parte de nuestra realidad cotidiana y si nos salimos del concepto del presente, lo hacemos hacia el futuro y centramos nuestras reflexiones en cómo será el futuro si la tendencia actual de nuevos casos se mantiene.

Nos hemos hecho conscientes de las campañas que se emprenden cada año, cada vez con más fuerza, para atajar el crecimiento del número de diabéticos que se van integrando a las estadísticas y nos expresamos legítimamente indignados por la pasividad de los gobiernos de prácticamente todo el mundo ante un problema que será el más grave a resolver en temas de salud, a menos que se haga algo decisivo a escala mundial, dado que ya en estos momentos prácticamente rebasa las capacidades nacionales en muchos países. México ya reconoció que la diabetes es la principal causa de muerte desde hace ya más de cinco años.

Pero, ¿alguien ha volteado hacia el pasado?, ¿sabemos algo sobre la historia de la diabetes? Algo que nos dé al menos una referencia histórica sobre qué se sabía de la diabetes por parte de nuestros antepasados y desde hace cuánto que se conoce o reconoce como una enfermedad.
Como dicen en mi pueblo, el que pregunta se amuela y le toca la investigación, así que por andar compitiendo con el curioso gato -afortunadamente quién se juega el pelambre es el gato, al menos en esta ocasión-, encontré y les comparto algunas efemérides sobre la diabetes.
El tema investigado arroja datos desde hace muchísimo tiempo atrás, hasta el primer tercio del siglo XX, cuando la materia de investigación se hizo tan abundante e intensa que tendría que llenar varios volúmenes de libros para hacerle justicia a tantísima gente e instituciones que han participado en los avances médicos sobre la diabetes. Pero menos vueltas y más recuentos.
La referencia más antigua sobre la diabetes data de hace aproximadamente unos 3,500 años cuando en el antiguo Egipto, cuna de la medicina que asentaría sus reales en occidente y posteriormente en lo que conocemos hoy día como Medicina Alópata, se realizó el registró en papiros de compendios de los conocimientos médicos de la época (equivalente a los modernos tratados de medicina). Esto lo sabemos gracias a que en 1862 un curiosísimo arqueólogo Egiptólogo alemán llamado George Ebers, encontró en las ruinas de la ciudad de Luxor el hoy llamado “Papiro de Ebers” en donde hay un párrafo dedicado a una extraña enfermedad sufrida por enfermos jóvenes que adelgazan con facilidad, decaimiento, sed característica y que orinan abundante y frecuentemente. Sabemos que los médicos griegos, alumnos destacados de la Gran Escuela Médica de Egipto donde estudió el célebre Hipócrates, hoy en día considerado el Padre de la Medicina, llamaron a esta enfermedad Diabetes, derivado de diabetai, “salir con fuerza, chorro vigoroso” relacionado con la abundancia de orina.
Más adelante, hará unos 2,400 años en La India, se escriben los Ayur Veda Suruta, tratado de medicina en donde se describe una extraña enfermedad que afecta a personas pudientes y obesas que comen mucho dulce y arroz y cuya característica más peculiar es que su orina tiene un olor dulce, por lo que la llamaron madhumeha (orina de miel). Primera referencia histórica que relacione lo dulce con la enfermedad.
Para el año 10 de nuestra era, hace unos 2,000 años, el célebre médico latino, Celso describió la enfermedad con gran precisión y destacó la ventaja del ejercicio físico para su tratamiento. Unos diez años más tarde, Areteo de Capadocia asentó definitivamente el nombre de Diabetes a la enfermedad de la que señalo con precisión la evolución y desenlace en los siguientes términos “A estos enfermos se les deshace su cuerpo poco a poco y como los productos de desecho tienen que eliminarse disueltos en agua, necesitan orinar mucho. Esta agua perdida tenía que ser repuesta bebiendo mucho. Como la grasa se funde poco a poco se pierde peso y como los músculos también van deshaciéndose, el enfermo se queda sin fuerza” En el Siglo II, el célebre, Galeno interpretó la relación de la enfermedad con un fallo de riñón incapaz de retener la orina, idea no demasiado alejada de la realidad, aunque el efecto se confunde con la causa.
Hay un período histórico en el que no aparecen registrados avances médicos, no solo relativo a la diabetes, sino a la medicina en general y posiblemente se deba a la masiva destrucción de documentos durante la caída del Imperio romano, quedando lo que actualmente sabemos históricamente de los fragmentos documentales preservados en los monasterios durante la Edad Media. Es a partir del despertar que significó el Renacimiento que comienzan nuevamente a documentarse los conocimientos y alrededor de 1528 Paracelso (quién así se nombró en honor del célebre médico Celso de Roma), reescribe el conocimiento médico de la época (por cierto lleno de errores y prejuicios y muy por debajo de las alturas alcanzadas por la antigua medicina Egipcia y Griega) y afirma que la diabetes se debía a una enfermedad de la sangre. De nuevo cerca, pero incorrecto.
El siguiente hito histórico es el rebautizo de la diabetes por parte del médico Thomas Wielis, quien probando su dedo humedecido en la orina de un paciente notó su sabor dulce, en contraste con la de otros que, orinando también en exceso, no presentaban esta característica, naciendo así el término Diabetes Mellitus (mellitus=sabor a miel en latín) así como Diabetes Insipidus (insipidus=sin sabor, en latín) Así ya tenemos dos denominaciones para la diabetes, mellitus y madhumeha que describen el mismo concepto. En años posteriores, 1752, 1775 y 1778, se logra establecer con claridad la diferencia entre la diabetes mellitus y la insípida -por cierto, como la diabetes insípida no tiene nada que ver con la mellitus, este término prácticamente está en desuso, usándose solamente el término diabetes, seguido por el tipo correspondiente (tipo 1, tipo2 y gestacional); se desarrollan métodos para detectar azúcar en orina y la relación entre diabetes y páncreas, por los investigadores Frank, Dobson y Cawley, respectivamente.
Uno de los apellidos más célebres alrededor de la diabetes es el de Langerhans, quién en 1869 descubre las isletas que llevan su nombre, dentro de la estructura del páncreas. Veinte años después, siguiendo sobre las investigaciones del páncreas, Von Mering y Minkowsky provocan la primera diabetes artificial al remover el páncreas de un perro, despejando cualquier duda entre diabetes y función del páncreas.
Otro salto médico lo alcanzan en 1921 Banting y Best al aislar isletas y extraer una sustancia (insulina), que emplean para inyectarla a un perro diabético y observan una mejoría inmediata en el estado del animal, habiendo disminuido sustantivamente la glucosa en sangre. Al año siguiente, Leonard Tompson, diabético tipo 1 de 14 años, es el primer ser humano en recibir insulina, logrando vivir los siguientes trece años. En la autopsia se observaron varias complicaciones diabéticas muy avanzadas.
Finalmente, en 1955, Augusto Loubatiers sintetiza el primer hipoglucemiante oral, para el tratamiento de la diabetes tipo 2.
Ya en el siglo XX, hacia la segunda mitad y a raíz del enorme incremento de casos de diabetes, la ciencia médica comienza a desarrollar aceleradamente estudios, protocolos, investigación, etc. para atajar el creciente número de diabéticos, llegando de regreso al panorama actual.
Así pues, haciendo un poco de historia hemos conocido de los esfuerzos que desde hace muchísimos años han realizado infinidad de gente, con el propósito de darnos una mejor calidad de vida a quienes diabéticos, luchamos todos los días para no ser derrotados por las complicaciones, esperando que en un futuro no muy lejano, la efeméride a recordar sea la fecha en los albores del siglo XXI en que se encontró la cura definitiva a la diabetes. Ha sido un largo camino.

jueves, 14 de julio de 2011

¿Mal de muchos?


Dice el refrán que “mal de muchos, consuelo de tontos”, sin embargo ahora, en las sociedades modernas e interconectadas ese símbolo de fatalismo resignado no tiene por qué seguir siendo una verdad inamovible. Una muestra de ello es el poder para intercomunicar que están alcanzando las redes sociales, término existente hace miles de años, pero que adquiere un nuevo significado cuando lo reconocemos y lo utilizamos en este medio tan impresionante como lo es el internet.
Es precisamente a través de estos medios que mensajes que antes solo llegaban en lenta sucesión de persona a persona por vía del tradicional y ahora casi extinto correo postal, los también cada vez menos usados telégrafos y el recientemente metamorfoseado teléfono que ha pasado de la etapa de aparato fijo cable dependiente a un aparato móvil denominado Smartphone que sirve para multitud de aplicaciones de comunicación y, de vez en cuando, para hacer llamadas telefónicas que poco a poco, también van cayendo en el desuso. Lo de hoy son los correos electrónicos que están ganando espacio de tipo empresarial y comercial, los twitts, usados y abusados por celebridades, políticos y gente que puja por sus 140 caracteres de fama virtual, los post en Blogs (como este) y los mensajes en las redes sociales por afiliación voluntaria, más los que faltan por llegar a sentar sus reales.
Con respecto a esta modificación de medios y el poder de la gente común para transmitir mensajes, espacio de comunicación que se había visto subdesarrollado por haber sido tomado (¿acaparado?) por los dueños de los hasta ahora denominados “medios de comunicación”, entendido como prensa, radio y televisión, quienes decidían el tipo, cantidad y calidad de los mensajes, amén de un estratosférico costo.
Bueno, todo este enorme preámbulo es en función de la enorme e importante campaña que está lanzando la IDF (Federación Internacional de Diabetes, por sus siglas en inglés), denominada en inglés “O for Outrage” que quiere decir algo así como “O por la furia”, que al español debiera decir F por la Furia, pero como debe usarse la letra O, bueno, espero haya un genio que encuentre una equivalencia válida, ya que la famosa O no es otra cosa que el círculo azul que desde hace ya algunos años se adoptó para simbolizar el movimiento de concientización hacia el problema que significa la diabetes en todo el mundo. Pero esta vez el mensaje pretende ir mucho más allá; los voceros de la IDF están convocando a los diabéticos de todo el mundo y personas interesadas a sumarse a la campaña y mandar una serie de mensajes por diversos medios –si, adivinaron, twitter, correo electrónico, e-postales, etc.-, al Presidente de los EEUU, Barack Obama para que, aprovechando su presencia en la “2ª Cumbre Mundial Sobre Asuntos de Salud y Enfermedades no Contagiosas” que se llevará a cabo el 19 y 20 de septiembre próximos, lleve el mensaje a todos los líderes del mundo. De nuevo acertaron, la diabetes es una enfermedad no contagiosa que está creciendo a tasas de epidemia y se está convirtiendo en un desastre potencial para esta generación y al menos la que nos sigue si no se realizan esfuerzos serios para cambiar la tendencia.
¿Qué propone esta iniciativa? Primero, “Evitar que el mundo camine dormido hacia un futuro de una enfermedad que es evitable”, según las palabras de Ann Keeling, CEO de la IDF. Por ello piden que cada uno de nosotros visite la página de la IDF y escriba su propia reclamación y motivo de furia con respecto a la diabetes, para que ellos se lo hagan llegar al Presidente Obama. Por cierto, no se necesita ser ciudadano americano para hacerlo. Hice la consulta y me confirmaron que los no americanos estamos invitados a enviar nuestra colaboración en el contexto de poder e influencia que representa Barack Obama y que el compromiso será de hablar por los diabéticos de todo el mundo, no solo de los EEUU. Yo ya mandé mi furioso reclamo.
Las preguntas que surgen principalmente y nos dan una guía de la furia, son, entre muchas otras:
Si hace 90 años se descubrió la insulina ¿Por qué aun hay niños muriendo de diabetes?, ¡Debemos detener esa situación!
Es indignante que para el 2030 haya 490 millones de diabéticos diagnosticados. ¿Cómo se puede permitir que eso suceda?
¿Cómo puede ser un accidente geográfico lo que decida quién vive o muere de diabetes?
Esto es Furia y TU puedes detenerlo!
Así que como el refrán de las abuelas, diremos que “el horno no está para bollos” y ha llegado el momento de emprender una acción decidida comenzando con el ejercicio de levantar la voz y, como la propia IDF invita, a tomar acción en la campaña de prevención.
Un poco de aritmética para hacer conciencia del valor que puede alcanzar la acción que emprendamos si llega a ser exitosa: Ubiquémonos en el 2030 y veamos dos posibles escenarios: Nadie se enfurece y no actuamos. El segundo escenario  implica una acción decidida para crear conciencia y lograr que los diabéticos ya existentes se cuiden (nos cuidemos), controlen (controlemos), el deterioro y se disminuya sensiblemente la cantidad y gravedad de las complicaciones (eso espero en mi caso) y, por el otro lado, que la campaña de prevención sea un éxito y se evite que personas en riesgo desarrollen diabetes tipo 2.
Si logramos el segundo escenario, si bien no alcanzaremos el paraíso, las posibilidades de que cada diabético pueda recibir el mínimo de apoyo médico y de medicamentos sería un anhelo alcanzable. Por el otro lado…
Dado el primer escenario, seguro llegamos a la cifra de 490’000,000 de diabéticos, de los cuales entre 49 y 50 millones serían tipo 1 y el resto, 440 millones del tipo 2. Los costos posibles asociados (unos $9,500.00 US dólares promedio por enfermo al año), darían una cifra de $4’655,000’000,000 de dólares ¡Al año! Esa cifra se leería algo así como CUATRO MILLONES SEICIENTOS CINCUENTA Y CINCO MIL MILLONES DE MILLONES DE DÓLARES, en la usanza americana, CUATROMIL SEISCIENTOS CINCUENTA Y CINCO TRILLONES DE DÓLARES. Es posible que no haya el recurso en todo el mundo para afrontar semejante gasto, así que, ¿no es de enfurecerse?

miércoles, 13 de julio de 2011

La Hemoglobina Glucosilada: HbA1c

Todos los días los diabéticos tenemos la necesidad de estar bien informados, pero no necesariamente de las noticias que leemos en los diarios o que nos transmiten por la radio o la televisión. Hay un informe cotidiano que no debemos pasar por alto y es la cantidad de glucosa en sangre que tenemos y que nos va informando de manera cotidiana qué tan bien estamos controlando que nuestra insulina –endógena o inyectada-, esté haciendo correcta y oportunamente su trabajo. Si bien ya existen las bombas de insulina que nos permiten monitorear los niveles de glucosa en sangre de forma continua, con el propósito de ir suministrando la insulina requerida según demanda (casi como un páncreas artificial), la verdad es que es muy difícil para quienes no recibimos insulina o para quien no cuenta con los recursos, pues se trata de equipos sumamente caros y no contar con ellos nos impide tener ese nivel de información con respecto a nuestro control de glucosa.
Por ello, se ha encontrado que al medir la Hemoglobina Glucosilada, se puede determinar la calidad del control del paciente a lo largo de un periodo razonablemente prolongado que dura tres meses. Todos los diabéticos que pasamos por consultas periódicas de control y seguimiento, sabemos que previo a enfrentarnos al o los médicos que nos atienden, debemos pasar por el “ritual del vampiro”, es decir, rendir tributo al moderno altar de sacrificio que son los laboratorios clínicos y mediante la respectiva muestra de nuestra sangre –además de otros fluidos corporales-, esperar unos días para tener los resultados que nuestro médico confrontará al momento que le contemos que “nos hemos cuidado muy bien”, pero frecuentemente, los malvados números de laboratorio, particularmente el de la Hemoglobina Glucosilada, nos suelen echar de cabeza. Pero, ¿sabemos qué es la famosa Hemoglobina Glucosilada y por qué sale con el chisme de lo que mide precisamente en tres meses de buen o mal comportamiento?
La respuesta está en la sangre, pero primero que nada, para entender este concepto, repasemos lo que sabemos sobre la sangre más allá de que es roja y se le considera como el “líquido vital”.  Sin entrar en demasiados detalles técnicos, podremos describir a la sangre como un tejido conjuntivo que, como todo tejido que se respete, cuenta con componentes complejos, células incluidas. Así pues, la sangre está constituida por una parte líquida denominada PLASMA, que en un 90% es agua y, precisamente en ese medio, van disueltas varias sustancias que acompañan al resto de los componentes del tejido sanguíneo. La parte no líquida de las sangre se le denomina PORCIÓN CORPUSCULAR y la conforman los Eritrocitos (glóbulos rojos o hematíes), que son células sanguíneas conformadas de Hemoglobina, lípidos y agua, además que en su superficie portan la aglutinina que es el antígeno que determina nuestro grupo sanguíneo. Los leucocitos (glóbulos blancos), son el segundo componente y tienen a su cargo la defensa del organismo y tienen diferentes funciones y según estas, se denominan Granulocitos, Linfocitos y Monocitos. Finalmente, están las plaquetas cuya función principal es lograr la coagulación de la sangre.
La sangre es producida en varios sitios del organismo, en la médula ósea, por medio de la hematopoyesis se forman las células sanguíneas; la porción proteica la produce el hígado y las hormonas las aporta el sistema endocrino (no entraré en detalles) y la porción acuosa se mantiene con aportes del riñón y el tracto digestivo.
Ahora bien, hablemos de la Hemoglobina, para de ahí concluir sobre la variedad glucosilada. Como ya vimos, es un componente de los Eritrocitos y es, precisamente, esta sustancia la que le da su característico color al fluido sanguíneo. Pero además, sabemos que se trata de una heteroproteína formada por cuatro cadenas polipéptidas denominadas globinas y que se unen a un grupo hemo (cuatro átomos de nitrógeno con un átomo de hierro central), que es capaz de capturar y liberal moléculas de oxígeno, por lo que su función más importante es la de transportar el oxígeno a todos los tejidos del organismo. Como la vida media de los Eritrocitos es de aproximadamente 120 días, tiempo en el que son extraídos por el hígado, la médula y el bazo, reciclando el hierro y el resto transformándolo en Bilirrubina.
Bueno, he ahí delante de nosotros la pista del enigma. Dado que en su vida media la Hemoglobina se va combinando con la glucosa y otros glúcidos (azúcares), presentes en la sangre, nos permite determinar el contenido promedio de glucosa persistente en el torrente sanguíneo dado que sabiendo que hay una molécula de Hemoglobina (HbA) nueva que se va a combinar en un período conocido dando una molécula de Hemoglobina Glucosilada (HbA1c), así el resultado al trimestre nos va a dar el dato faltante. El valor medio de glucosa en sangre que permite conocer con mucha precisión que tan bueno fue nuestro control en ese período. Por ello si nuestro control es deficiente, la prueba debe hacerse cada tres meses y si es excelente, cada seis meses, esperando que los valores nos den un monto menor a 6%.

lunes, 11 de julio de 2011

Cannabis, Obesidad y Diabetes tipo 2.




Una propuesta extraña, pero si la analizamos con cuidado y a la luz de los más recientes hallazgos de la bioquímica y la medicina molecular, veremos que estos conceptos no están disociados, sino más bien, todo lo contrario. Las últimas investigaciones nos orientan hacia una enorme correlación entre éstas, con el componente de conductas adictivas, no solamente a sustancias estimulantes, sino a los alimentos ricos en grasa, cuya ingesta en exceso conduce, precisamente a la obesidad y en muchos casos, a la diabetes tipo 2.

Para poder ligar estos conceptos, primero habrá que hacer un poco de historia reciente y mencionaré algunas cosas del Sistema Endocannabinoide. Primero que nada, la pregunta es, ¿qué es el Sistema Endocannabinoide y de qué está constituido? Tema nada fácil dado quie a pesar de los esfuerzos, pareciera una involuntaria exposición de bioquímica, lo que no es la intención, por lo que solicitaré a los lectores que sean indulgentes con la inevitable parte técnica.

Para comenzar, haré la referencia de la entrada que publiqué en este espacio el 18 de julio de 2007, cuando se comenzaba a hablar cada vez con más frecuencia del –hasta entonces casi desconocido-, Sistema Endocannabinoide. En aquel entonces, no logré realmente una muy buena posibilidad de expresar la importancia del tema, pero hoy, retomo la idea con mayor serenidad y los conceptos que en aquel entonces me dejaron sumamente confuso, hoy parece, quedan un poco más claros.

Como todo mundo sabíamos de nuestros cursos de Ciencias Naturales en la escuela primaria, el cuerpo humano está constituido por sistemas de órganos y glándulas que regulan su funcionamiento y así recordamos el Sistema Circulatorio, el Digestivo, el Musculo esquelético (antes se consideraba el Muscular como sistema y al Esqueleto como estructura), el Nervioso, el Endocrino y el Respiratorio. Bueno, eso para los que pasamos por la primaria antes de 1988, pues fue en ese año que se descubrió un sistema totalmente nuevo e inesperado, al encontrarse el primer Receptor Cannabinoide. Este descubrimiento no tuvo al inicio una mayor repercusión que la de poder, al fin, explicar como el THC (Delta-9 tetrahidrocannabinol), principal metabolito de la marihuana (Cannabis) activaba los receptores neurales no siendo un alcaloide. Sin embargo, al ampliar las investigaciones, se encontró que éste recientemente descubierto Sistema Endocannabinoide había evolucionado con los seres vivos a lo largo de millones de años y se ha encontrado que aparte de nosotros, inteligentes seres humanos, otras especies comparten el contar con su propio sistema endocannabinoide. De hecho, todos los seres vivos, excepto insectos y moluscos. Es más, ya existía en las especies vivas antes de la llegada de los dinosaurios al planeta.

Pero, menos vueltas y más cannabis a petición popular. Como ya vimos, la afinidad de ciertos receptores neurales con los derivados de la marihuana fue el origen del nombre del sistema y, para ir ampliando los asombrosos descubrimientos iré haciendo una breve relación de lo que hasta ahora sabemos de este sistema, puesto que resulta que, cosa curiosa, primero se descubrió el Sistema Endocannabinoide y varios años después (1992), el primer endocannabinoide (endo=producida por nuestro organismo)

Esta historia la podemos iniciar con el tejido adiposo, el cual era considerado simplemente como depósito inerte de triglicéridos. Sin embargo, actualmente se le reconoce como un órgano endocrino activo que libera una serie de factores activos que incluyen a las familias de las citocinas, los mediadores inflamatorios, los ácidos grasos, la leptina, la resistina y la adiponectina. Es precisamente el descubrimiento del papel liberador de estas sustancias, lo que lo liga a este nuevo sistema fisiológico, el cual parece ser que juega un papel sumamente importante en el metabolismo de las grasas y la glucosa, así como en el mecanismo denominado resistencia a la insulina. Este sistema está constituido por dos componentes escenciales; por un lado las moléculas de anandamida (N-araquidonoiletanolamina) y 2-AG (2-araquidonoiglicerol), neurotrasmisor cannabinoide y agonista endógeno de los receptores CB), respectivamente y, por supuesto ya lo dije, los receptores altamente especializados denominados CB (CB1 y CB2) (del inglés, CanaBinnoid). Los receptores CB1 (que son los responsables por la mayoría de las interacciones), se localizan principalmente en dos regiones del organismo: centralmente se ubican en el cerebro y periféricamente en el tejido adiposo, en el hígado, en el músculo ligado al esqueleto, en el tracto intestinal y una gran variedad de otros tejidos. A través de diversos mecanismos, el sistema endocannabinoide juega un importante papel en la regulación de la energía y en el metabolismo basal.

Para darnos una idea aproximada de cómo trabaja el sistema, empezaremos con la Anandamida y la 2-AG, agonistas del Sistema Endocannabinoide, las cuales se derivan de precursores hepáticos (del hígado), tales como el ácido Araquidónico y son sintetizados bajo pedido y de manera local activan a los receptores CB1, metabolizándose inmediatamente, desatando un efecto de señalización intracelular en cascada que actúa de forma instantánea, afectando muchos procesos fisiológicos, tanto de forma central como periférica.

La activación central de los CB1, afecta el comportamiento alimentario y el equilibrio energético. De manera periférica, en el tejido adiposo, se cree que la activación de los CB1, estimula la lipogénesis e inhíbe la expresión de la adiponectina. Como pista, se han encontrado niveles bajos de adiponectina en personas obesas y personas con diabetes tipo 2, además de ligarse a cuadros de altos niveles de ácidos grasos libres, HDL colesterol (el bueno), triglicéridos elevados y resistencia a la insulina. En el hígado, la activación de los CB1, incrementa la expresión de las enzimas involucradas en la lipogénesis, contribuyendo así a la adiposis, dislipidemia y resistencia a la insulina. En el músculo pegado al esquieleto, la activación de los CB1, está asociada a la absorción de la glucosa por medio de la insulina, en ratas obesas, insulinoresistentes. En el tracto digestivo, la activación de los CB1, está asociada con la motilidad intestinal y la señal de saciedad.

Fuera de los efectos metabólicos íntimamente ligados al Sistema Endocannabinoide, la activación de los receptores CB1 en el cerebro, está profundamente ligada, en términos generales, a efectos en el sistema circulatorio y psicológicos similares a los producidos por la cannabis, aunque no en la activación de los CB2. La activación a los receptores CB2 ocurre principalmente en la células del sistema inmunológico, entre las cuales se encuentran las del bazo, las amígdalas y los leucocitos. Una de las funciones de los receptores CB2 en el Sistema Inmunológico es la modulación de las citocinas que son las responsables de la regulación del sistema inmune

Podemos resumir, que la sobreactividad del Sistema Endocannabinoide está íntimamente asociado con la ingesta de energía y su gasto, así como con el metabolismo de las grasas y la glucosa e inferir de forma casi directa que promueve factores como los trastornos del apetito, la obesidad, la dislipidemia y la diabetes tipo 2. Adicionalmente su influencia sobre el sistema inmune, nos da pistas hacia la posibilidad de un origen inmunológico de la diabetes tipo 2 que pueda estar relacionado con el ataque de las células beta en el páncreas que da origen a la diabetes tipo 1. Por lo pronto, la actividad del sistema inmune, modulado por los receptores CB2, está siendo investigada pues hay serias sospechas que ligan a la diabetes, particularmente la tipo 2, con alteraciones de tipo inmunológico como el asma.

Otra línea de investigación ronda sobre la posibilidad de usar fitocannabinoides (de origen vegetal, exacto, marihuana) para tratar diversos trastornos ligados a la acción de este sistema, entre ellos la regulación del sueño, las señales de apetito y el dolor neuropático.

Aun falta mucho por andar, pero aquí dejo otro granito de arena en la reflexión de qué es y de donde viene la diabetes.

viernes, 8 de julio de 2011

Un repaso e ideas diversas sobre Diabetes

Al hablar de diabetes en los albores del siglo XXI ya no se puede usar el viejo lenguaje ni los conceptos médicos que se usaron en el siglo pasado, por lo menos hasta finales de los años 70’s. En aquellos tiempos se sabía, por supuesto, de los diferentes tipos de diabetes mellitus, pero básicamente ésta era tratada como un “problema de control del nivel de glucosa en sangre”, donde el enfoque principal se concentraba, precisamente, en mantener al paciente diabético lo más en control posible para evitar, como sigue siendo la realidad actual, la aparición de complicaciones severas como las cetoacidosis, hipoglucemias profundas y las de largo plazo; retinopatía, nefropatía, pie de diabético, cardiomiopatía, neuropatía periférica, accidente cerebral vascular y otras muchas que frente a las ya mencionadas, palidecen ante un cuadro médico, pero no dejan de ser sumamente serias por sí mismas.


Pero ni el amplio daño al organismo, ni las radicales diferencias en los orígenes de los tipos de diabetes se explica como un problema de escasez de insulina con la consecuencia de una elevación de la glucosa en sangre. Así pues, al observar con mayor cuidado y mejores armas tecnológicas a infinidad de pacientes diabéticos, se han venido a encontrar un sinnúmero de condiciones que por fin nos van dando las pistas sobre de que trata la diabetes.

La investigación en fisiología celular, los avances en genómica, la bioquímica del último tercio del siglo XX, los conocimientos médicos incrementados tanto por la incorporación de estos conocimientos a la práctica médica, basada en la clínica institucional que permite el análisis de grupos muy grandes de pacientes con las armas del método de investigación científica estandarizada y, quizás la más importante, la enorme velocidad de comunicación e intercambio de información que va dando luz sobre comportamientos nunca imaginados de los tejidos, las proteínas, los ácidos nucléicos, etc.  Adicionalmente, se han desarrollado y se sigue con cada vez más fuerza el desarrollo de métodos de prueba de laboratorio altamente especializados, capaces de detectar interacciones de una enorme cantidad de sustancias que continuamente forman parte de nuestro funcionamiento (o de problemas para funcionar), términos que antes no existían o estaban reservados para los “iniciados”, se comienzan a difundir y popularizar. ¿Quién, diabético de los de a pié, como yo, sin una especialidad en endocrinología o algo parecido hubiera usado en su vida diaria términos como flavonoides, histaminas, hemoglobina glucosilada, dislipidemia, GLP-1, glucógeno, etc? No era un lenguaje accesible y algo que se esperara que un paciente manejara.


Hoy en día, en que el internet se ha convertido en la columna vertebral de la intercomunicación mundial, desplazando al fax y en muchos casos al teléfono, es posible esperar que cada vez más gente tenga acceso a uno de los pilares para el buen manejo de la diabetes, la información. Dentro del concepto información, está el poder acceder a los “terminajos” arriba usados y tener la posibilidad de encontrar miles de referencias al respecto y conocer mejor nuestra enfermedad. Gracias a este medio es que esta comunicación abandona mi máquina y se reparte por toda la red a la disposición de quien encuentre y quiera consultar este Blog.


Al considerar lo que deja esa posibilidad de obtener información sobre la diabetes, encuentro que básicamente hay dos tipos de diabetes, la tipo 1 o insulinodependiente que tiene su origen en un problema claramente identificado como una falla en el sistema inmunológico que deriva en el ataque auto autoinmune a las células Beta del páncreas y la tipo 2, cuya causa no está aún claramente determinada, pero adivinen qué: las pistas apuntan al sistema inmunológico.


Desde la comodidad de un diván con mi laptop en las piernas (de ahí su nombre, pues), lanzo algunas teorías descabelladas que se me ocurren –estoy seguro que no estoy solo en esta clase de locura y habrá alguien con título médico que esté sospechando algo muy similar-, a partir de las diferentes lecturas que hago cotidianamente sobre todo aquello que encuentro relacionado con la diabetes.


Lo que ya se sabe sin duda sobre la diabetes tipo 2 es: Que es una enfermedad de adultos; típicamente mayores de 35 años; que se presenta asociada a sobrepeso u obesidad relativos a una vida sedentaria; que va precedida de cuadros de resistencia a la insulina y aumento en los triglicéridos y colesterol del malo (LDL); que produce síntomas como poliuria (orina frecuente); sed extrema, hambre; cansancio y resequedad en la piel; que el tiempo promedio entre el desarrollo de la diabetes y su diagnóstico fluctúa entre tres a cinco años; que de no atenderse y controlarse, inevitablemente derivará en complicaciones graves y la muerte prematura; que no distingue clase social, pero que es más frecuente en mujeres que en hombres y en determinados grupos étnicos presenta mayor prevalencia y suele tener consecuencias más devastadoras. Pero, igualmente, no se sabe por qué. Complicando el conocimiento anterior, se ha incorporado el estilo de vida sedentario y la hiperingesta calórica a la ecuación, particularmente en niños, que están presentando cuadros que varían entre síndrome metabólico hasta diabetes tipo 2, ligada a obesidad mórbida, variando los pronósticos de calidad de vida con respecto a las generaciones anteriores.


En los años recientes, las pistas que conducen hacia el origen de la diabetes tipo 2 y, posiblemente a su cura, están relacionadas con todas las ya antes mencionadas, con el conocimiento más detallado de hallazgos que en muchos casos han resultado sorpresas inesperadas. Entre muchos otros, hoy sabemos que la diabetes (todos los tipos, independientemente de su origen), tiene su principal problema en la insulina, ya sea porque no la producimos o porque no la podemos aprovechar. Lo dramático estriba en que ya sabemos que la insulina no solo regula la absorción de la glucosa a la célula, sino que interviene activa y decididamente en el metabolismo de los lípidos del organismo (grasas); que la explicación del daño tisular (en los tejidos) proviene de procesos que combinan inflamación del tejido por presencia de radicales libres, endurecimiento de éstos por depósitos de glucosa (esclerosis, principalmente en los vasos capilares) e isquemia (taponamiento de los vasos sanguíneos), por el colesterol; es decir, no es solamente lo dulce, sino el desequilibrio metabólico.


Finalmente, ya se determinó que la grasa ventral es un precursor definitivo de la diabetes tipo 2, debido a que la hiperacumulación de grasa en los lipocitos (células grasas), provoca un estado de inflamación en dicho tejido, lo que activa la producción macrófagos y de histamina que eventualmente producen un estado tipo alérgico que irrita los órganos típicamente recubiertos por la grasa en exceso y que suelen ser páncreas, corazón, hígado, riñones, bazo, vesícula y el intestino grueso. ¿Resultado?, una mala función de los sistemas y una alteración en los mecanismos normales del manejo de la química del organismo, que conocemos como dislipidemia, diabetes, hipertensión y obesidad. A largo plazo, fallas en estos órganos y que conocemos como nefropatía, cirrosis, gastroparesia y cardiomiopatía.


Así que el problema es mucho más complicado que controlar la glucosa por administración de insulina o aplicación de terapias hipoglucemiantes. Tenemos que compensar también el mal funcionamiento del sistema endocrino y algunos otros órganos involucrados y de ahí se desprenden las nuevas recomendaciones médicas y estrategias del manejo del paciente diabético y, consecuentemente, la promoción de la cultura de la prevención. Por ello, el cambio del estilo de vida que integra una alimentación sana con un límite calórico, una rutina de ejercicio diario de por lo menos cuarenta minutos, la medicación proporcionada de manera correcta y oportuna, el auto monitoreo, una supervisión y orientación médica y nutricional, en conjunto con la recomendación de estar bien y correctamente informados, son el futuro para que los diabéticos podamos realmente tener una calidad de vida excelente.

Claro, es una idea, pero espero sea la correcta.

martes, 5 de julio de 2011

Estadísticas y diabetes. Los números del miedo (2ª Parte).


Allá en el inicio del año 2007, el tres de enero para ser más exactos, publicaba la primera parte de la idea que hoy retomo. El título lo vuelvo a usar, con la etiqueta 2ª parte, pues conforme pasa el tiempo las predicciones se van cumpliendo y las estadísticas presentan un panorama perturbadoramente pesimista.  
De esta manera y siempre confiando en que los estudios que nos ilustran sobre los números de la realidad sean aproximadamente válidos, llegamos a varios datos que a veces nos negamos a entender, pues nuestras frágiles mentes, capaces de imaginar a nuestra especie surcando las estrellas en un futuro no muy lejano, se cierran y se hacen refractarias ante noticias demasiado severas y que confirman una cotidiana, pero indeseable realidad. Ese es el caso que en esta entrada me ocupa, caso generado de los datos duros reportados por la WHO (Organización Mundial de la Salud, por sus siglas en inglés) en un reporte que obtengo del incremento de casos a nivel regional que se proyectan para el 2030 sobre la realidad de vivir con diabetes. 
Así pues, veamos algunos números dignos de reflexión o para algunos responsables de los sistemas de salud en varios sitios del mundo, suficientes para quitar el sueño. 
Algunos datos locales para México: 
La diabetes mellitus es la principal causa de muerte, lo que nos coloca a los diabéticos como campeones en esta nada agradable competencia. 
Se calcula que para este año estemos ocupando el noveno lugar mundial en número de diabéticos diagnosticados.  
Que tenemos un porcentaje aproximado del 7% de diabéticos con diagnóstico y de entre un 3 a un 5% de diabéticos sin diagnosticar, es decir, si la población del país es de 110 millones de habitantes, los diabéticos diagnosticados debemos ser casi ocho millones y viviendo sin saber que se deterioran sin los cuidados adecuados, entre tres y seis millones de personas. Si hacemos la suma, alcanzaremos unos 14 millones, que es cerca del 13% de la población.  
Existe la cifra del gasto anual total de atención a un paciente diabético, la cual se estima asciende a la cifra de $81,753.00 de pesos mexicanos, solamente en servicios médicos, incluyendo la atención cotidiana como las emergencias y las complicaciones crónicas de la diabetes. Si hacemos el ejercicio aritmético, solamente para los casos diagnosticados para hacerlo simple, la cifra asciende a poco más de $654,000’000,000, sí, la cifra es correcta, seiscientos cincuenta y cuatro mil millones de pesos. Bueno, unos pesos más. Aquí la pregunta es si la economía nacional tiene el tamaño para hacer frente a este gasto. 
En cuanto al mundo por regiones, las cifras contrastadas son para el año 2000 y para el 2030. Para el inicio del estudio, la clasificación para varios países dejaba afuera al nuestro, pero se estima que para el 2030, estemos entre los primeros cinco. Los campeones en el 2000 y los que serán en el 2030, con los casos estimados son: 
                                                  2000       CASOS        2030          CASOS
1er lugar                                    INDIA     31.7            INDIA         79.4
2º lugar                                     CHINA     20.8            china          42.3
3er lugar                                    USA         17.7            USA            30.3
 Como se puede apreciar de las cifras publicadas, casi se duplicará la población de diabéticos en el mundo, aunque no de manera homogénea pues algunas naciones o regiones geográficas ya empezaron a reaccionar ante estas predicciones, uniéndose a la campaña de la International Diabetes Federation (IDF), “Actuemos ya”. De esta manera los estimados para el 2030, comparados con el 2000, serían los siguientes:
 América; 2000: 33 millones; 2030: 66,8 millones
África; 2000: 7 millones; 2030: 18.2 millones
Europa; 2000: 33.3 millones; 2030: 48 millones
Medio Oriente; 2000: 15.2 millones; 2030: 42.6 millones
Asia y Oceanía; 2000: 82.7 millones; 2030: 190.5 millones
Estas cifras por sí solas ya dan mucho en que pensar sobre datos de densidad poblacional, madurez de las sociedades, avance tecnológico, disponibilidad de atención médica y sistemas de prevención médica y muchas otras situaciones que los números nos pueden ir arrojando.
 A Einstein le atribuyen la frase –espero sea cierta la autoría-, “el primer síntoma de la locura es pretender que las cosas cambien si seguimos siempre haciendo lo mismo”. Por eso me hace tanto sentido la campaña de la IDF. Hoy es el tiempo de actuar y la prevención la mejor medicina. Prevención no solamente en el ámbito de evitar el llegar a ser diabético, sino ya siéndolo, como es mi caso, tomar todas y cada una de las medidas necesarias para evitar las complicaciones agudas como las crónicas de la diabetes. Ello ayudaría a evitar mucho gasto evitable y ahorraría enormes dosis de sufrimiento y dolor.