miércoles, 25 de abril de 2007

Obesidad infantil y la comida chatarra. Origenes

Continuando con el tema de la obesidad infantil y las previsibles consecuencias en caso de no afrontar la cuestión, hoy vuelvo sobre mis pasos y plasmo algunas reflexiones sobre el muy probable origen del problema. En futuras entradas ampliaré el análisis hacia algunas de sus consecuencias posibles y algunos posibles cursos de acción para afrontar y resolver el problema.
Antes de hacer el correspondiente análisis, es importante hacer conciencia del tamaño del problema. De manera histórica, la obesidad en los niños ha tenido una incidencia promedio de un 25 al 28%, esto quiere decir, que cuatro de cada diez niños se consideraban “gorditos”. Sin embargo, en los últimos veinte años se ha registrado un incremento promedio de hasta un 60% en esta cifra, lo que lleva a que casi cuarenta y cinco niños de cada cien presenten un grado de sobrepeso que puede ir desde un leve sobrepeso, hasta una obesidad severa que pueda provocar una seria discapacidad para una vida social normal. Adicionalmente, son los casos cada vez más abundantes de obesidad severa los que han disparado las voces de alarma y reclaman atención inmediata, pues no solo se trata de un incremento en el número de niños gordos, sino el tipo y grado de obesidad que están alcanzando.
Otro dato importante es saber a qué le llamamos sobrepeso u obesidad ya que si bien depende del ya muy conocido Indice de Masa Corporal (IMC), a diferencia de los adultos en que hay una cifra estándar para mujeres y hombres, en los niños y adolescentes varía con la edad ya que hay cambios importantes a lo largo de las diferentes etapas del crecimiento y desarrollo. Por ello, reproduzco una tabla con el IMC considerado normal para cada edad entre los dos y los dieciocho años.

Recordemos que el IMC se calcula dividiendo el peso expresado en kilogramos entre la estatura expresada en centímetros y elevada al cuadrado. Este número nos permitirá saber de manera muy aproximada para cada edad si hay o no un problema de peso.
Si hacemos una reflexión del posible origen del problema, lo más probable es que lo encontremos en varios factores de orden social, educativo y económico. Es decir, que al no haber una sola causa identificable, el problema es complejo -muy complejo, anticipo-, pues los investigadores sugieren diferentes fuentes en las que coinciden y otras sobre las que no hay consenso unánime y aun las hay que son motivo de controversia.
Dentro de los orígenes de la obesidad se encuentra en un primerísimo lugar la predisposición genética, que cuando está presente puede provocarla por si sola, pero cuando se le agregan otros factores como:
Ignorancia (reflejada en falta de información correcta y adecuada en los padres de cómo alimentar de forma sana y suficiente a los hijos, además de recurrir a sistemas de “estímulo” de conductas a cambio de postres u otros artículos comestibles ricos en carbohidratos, grasas o ambos).
Ccarencia afectiva (al tratar de compensar ausencia física o atención de calidad con golosinas o “premios” al apetito).
Vulnerabilidad a la publicidad masiva (al acostumbrarse a ver los alimentos chatarra como una opción al alcance, sin considerar su valor nutritivo o potencial daño por el consumo excesivo).
Descuido (al no preocuparse en casa ni en las escuelas sobre el acceso que los niños tienen a la comida chatarra –me refiero por supuesto a las famosas cooperativas y puestos dentro y fuera de las escuelas-, ni control sobre la cantidad que comen de la misma).
Más descuido (al no estimular una actividad física sana y constante que consuma las calorías comidas y permitan un sano y correcto desarrollo físico).
Disponibilidad y moda (cada vez es mayor el número de lugares donde se expende comida chatarra, eufemísticamente denominada comida rápida o de antojo y más el número de padres y madres que recurren a dichas opciones ante la falta de tiempo para cocinar en casa o para procurar alimentos sanos en el hogar).
Indiferencia (de los padres al ver el gradual e inexorable aumento de peso de los pequeños y no tomar la decisión de poner un freno a la situación y, de manera comprometida, resolver el problema antes que tenga que convertirse en un problema mayúsculo de salud o cuestión de vida o muerte).
Actitud (la de las escuelas que han claudicado a su vocación formadora e incluso han cancelado los recesos o recreos y han llegado al extremo de prohibir a sus alumnos cualquier manifestación de actividad física, ante el temor de demandas por parte de padres timoratos -si no que estúpidos, sería el correcto adjetivo- que amenazan o de plano llegan a actuar contra las instituciones si sus “retoños” se lastiman jugando con sus compañeros durante dichos recesos) y
Transferencia lúdica (es decir, que la bicicleta, el balón de fut, la patineta, el balero, etc. han quedado desplazados por la pantalla de televisión o el monitor de videojuegos, cuyo máximo esfuerzo requerido es el de mover uno o varios dedos para desarrollar toda su actividad.
De los orígenes del problema de obesidad infantil, probablemente el de la ignorancia sea el más importante, ya que si analizamos a detalle los arriba mencionados, podremos deducir fácilmente que con educación e información correctas se pueden eliminar o disminuir su impacto negativo.
Abro un breve paréntesis para definir ignorancia. Ignorancia, no como insulto o término para descalificar, sino como sinónimo de la falta de elementos de un conocimiento correcto y completo sobre algún tema o asunto determinados. Ignorante soy en la medida que ignoro o desconozco sobre aquello que hago o pretendo hacer, sobre lo que digo o pretendo decir. La ignorancia en sí no es mala ni siquiera negativa; la ignorancia clama por conocimiento y es precisamente la educación la que nos va iluminando un camino antes oscuro y, una vez conocido aquello que se ignoraba, se puede tomar una decisión correcta y adecuada sobre el tema aprendido.
Por ello es que si rastreamos hasta sus orígenes el problema de la obesidad infantil, nos encontramos que empieza en la forma y tipo de alimentación de la madre durante las etapas previas a la concepción, durante el embarazo y durante la lactancia; la forma y tipo de alimentación al bebé posterior a la lactancia –si hubo o no etapa de lactancia también es un factor sumamente importante.
Durante la infancia todos vamos aprendiendo, primero de los padres y familia nuclear, hermanos, abuelos, primos, tíos, diferentes conceptos, aspectos y formas de relacionarnos con la comida. Aprendemos de las opiniones escuchadas o percibidas a preferir o rechazar determinados tipos de comidas y los esquemas de premios, de afectos o frustraciones manejados con comida como estímulo o mitigante.
Conforme los niños van creciendo y ampliando su horizonte de relaciones sociales, se enfrentan a situaciones de aceptación, rechazo, compañerismo, agresión, apoyo, combinadas y en muchas de ellas la comida es un factor central, ya sea como moneda de intercambio, de marginación o su efecto en la figura como fuente de aceptación o rechazo.
Si una vez que empiezan a asistir a la escuela no se les presta la debida atención y sin un correcto desayuno y una supervisión adecuada se les manda a la escuela con dinero abundante, esperando que apliquen criterio adulto y disciplina espartana para solamente aceptar alimentos nutritivos y rechazar las deliciosas y tentadoras ofertas a la vista, no es extraño que coman sin moderación precisamente aquello que no debieran de comer. Y así sucesivamente en un círculo que cada vez es más difícil de romper. ¿Y los padres y los maestros?
Sin embargo, la idea es desmadejar el origen de la obesidad infantil y no señalar con flamígero dedo al o los culpables. La idea es hallar soluciones al alcance de todos y proporcionar una guía de qué es posible hacer para mitigar el problema.

4 comentarios:

  1. Mi hermana tuvo su primer bebe hace 9 meses y la lleve al pediatra que atiende a mis hijos, me llamo mucho la atención que ella solo de daba de comer lo que el pediatra le decia y le dice para evitar que su bebe engorde y se haga obeso me hizo pensar un poco y recordar cuando me tocaba cuidar chiquitos y porque en mis tiempos se nos enseñaba que un bebe gordo era un bebe saludable mi mama muy orgullosa presume que al mes yo ya tomaba caldo de pollo y a los tres meses ya comia de todo imaginate que gorda estaba, mis hijos no fueron gordos pero si son niños grandes y esa falta de peso me lo criticaron mucho en casa de mis suegros, mi suegro decia que la gente era feliz solo por estar gordo entre mas gordo mas feliz, IMAGINATE que cosas no? pero ahora la contrario hemos aprendido que eso no es verdad, y que la salud no es comer mucho sino bien y saludable sera muy dificil erradicar nuestras malas costumbres alimenticias pero no nos queda de otra si queremos ser felizmente sanos que diferencia de ahora. Hasta pronto y cuidate.

    ResponderEliminar
  2. ceci:

    Felicito a tu hermana por su primer bebé y por ser consciente de la importancia de una buena alimentación. Lo que dices es cierto, nos inculcaron como generación el concepto de que gordito es sano y felíz. Pero en realidad, es todo lo contrario, al igual del concepto de acabar todo lo del plato.

    En fin me quedan varias entradas sobre el tema y ya lo iré desarrollando.

    PD. Platícame cuando puedas cómo le fue a tu esposo con la consulta para el trasplante de células pancreáticas.

    ResponderEliminar
  3. Puedes pensar que estoy de egoista y que no quiero deirte nada pero e equivoque en la fecha no teneos en el es abril es hasta mayo 21 y 23 en este momento estamos esperando esas fechas para saber mas del asunto pero en cuanto ssepa algo te escribo. Hasta pronto Zoo, cuidate mucho.

    ResponderEliminar
  4. ceci:

    Para nada eso de egoista, símplemente estoy interesado en la salud de tu esposo y espero que el procedimiento le sea exitoso. Además, tambien espero aprnder de lo que al respecto me compartas.

    No te apures por la confusión en fechas, ya reprogramaré la lata para mayo.

    ResponderEliminar