lunes, 30 de junio de 2008

¡Ya están aquí las vacaciones!


Para todos aquellos que vivimos alrededor del cotidiano ciclo anual al que medimos con el calendario el cual nos separa el tiempo en doce meses y los meses los agrupa en cuatro estaciones, nos encontramos con que la llegada del medio tiempo coincide con los meses de junio, julio y agosto, lo que significa también, para quienes vivimos en el hemisferio norte, que el verano ya está aquí y es momento de tomar unas muy merecidas vacaciones. O al menos eso es lo que nos decimos para justificar esa compulsión a dejarlo todo, abandonar nuestra rutina y, si es posible, nuestro lugar de residencia y lanzarnos en busca de un asoleado espacio en alguna playa o algún otro sitio donde holgazanear unos días, en espera de tostar la piel mientras tratamos de recargar las ya casi agotadas baterías.

Todo alrededor de las vacaciones se convierte en prisas, caos y descontrol. Si no somos excelentes planificadores de eventos de descanso –yo no lo soy y apuesto a que la mayoría tampoco-, entonces nos encontraremos con no pocas sorpresas el tiempo que andemos fuera de casa, ese confortable refugio en que habitamos y nos mantiene seguros. Así es, salir de vacaciones implica abandonar nuestras zonas de confort, enfrentarnos a situaciones nuevas, cambiar horarios de levantarnos, acostarnos y la cantidad e intensidad de actividades que realizamos. En ello está la belleza de las vacaciones. Si no implicaran cierto grado de aventura, la opción sería encerrarnos en casa, leyendo novelas en la tina del baño para mantenernos en remojo con la ficción de la segura vacación segura.

Para quienes somos diabéticos, independientemente del tipo de diabetes que padezcamos, la vida diaria nos exige planeación, es decir, anticipar y definir qué necesidades tendremos durante el día y esto todos los días. Pero cuando salimos de viaje, especialmente en época de vacaciones, ¿qué cambios, previsiones y cuidados debemos de tener para no arriesgarnos a un descontrol que pudiera desencadenar en graves consecuencias?

El Joslin Diabetes Center publica en la Web un decálogo de medidas inteligentes a tomar para cuando salimos de vacaciones y las mal traduzco y comparto para quienes las puedan encontrar de utilidad. Estos consejos van dirigidos a todo tipo de diabéticos, por lo que usando un buen criterio, sabremos cuáles nos aplican y cuales no nos corresponden.

#1 Mantén tus suministros a la mano. Cualquiera que sea tu medio de transporte (avión, auto, barco o tren), asegúrate que todos los objetos relacionados con el control de tu diabetes estén accesibles fácilmente. Si vas a volar, pon todos tus suministros en una bolsa adecuada en material y tamaño pequeño. Si llevas tu glucómetro, insulina extra, o algún otro material sensible, asegúrate de llevarlo ahí mismo ya que el equipaje documentado puede quedar sujeto a temperaturas extremas de frío o calor. Si usas algún aparato para mantener fría la insulina, asegúrate que no sea congelante ya que congelada pierde su eficacia.

#2 Trata de mantenerte en tu rutina. Viajar es la mejor manera de sacar a los diabéticos de su rutina de cuidados sin que ello implique falla personal. El retraso de un vuelo puede significar espera de horas o si hay cambio de horario puede generar sensación de hambre cuando debiéramos estar dormidos. Los diabéticos debemos tratar de mantener nuestras rutinas lo más posible y ello puede implicar llevar a la mano colaciones extra para el avión. Quizá alguna requiera incluso mantenerse fresca. Una recomendación sería anotar nuestro número de asiento en el empaque y pedirle al personal de a bordo lo refrigeren en el área correspondiente.

#3 Obtén documentación. Lleva una nota o receta de tu médico en la que indique que tienes Diabetes y por ello la necesidad de cargar con tu medicación y otros suministros contigo. Si vas a un país con diferente idioma, manda hacer una traducción y sáca varias copias para distribuirlas con quienes viajen contigo, para que siempre tengas un respaldo.

#4 Informa a seguridad del aeropuerto que tienes diabetes. Cuando vueles, recuerda colocar tus suministros para diabetes en un pequeño contenedor por separado de otros líquidos que puedas llevar a bordo, facilitando así la inspección de seguridad.

#5 Prepárate siempre para tratar una baja en glucosa. Al viajar podemos alterar nuestra rutina normal tanto para los alimentos como medicamentos, insulina, la más crítica. También podemos andar de excursión o incrementando nuestra actividad física en general. Por ello debemos prepararnos para cuando nos baje la glucosa, llevando siempre caramelos, tabletas de glucosa –mejor opción pues no se derriten, explotan o de hacen pegajosas-, glucagón o aquello que nuestro médico nos haya recomendados.

#6 Investiga lo que comes. Si consumes insulina con los alimentos, haz tu mejor esfuerzo para estimar la cantidad de carbohidratos en tus comidas para que tu dosis sea la adecuada. Se recomienda hacer una investigación – siempre que se pueda-, sobre la comida local y se dan un par de direcciones en la red con información –desafortunadamente, solo en inglés-, que les comparto Calorie King y Nutrition Data Estos sitios, se supone, permiten verificar valores para una gran variedad de platillos. De cualquier manera, la recomendación es tomar muestras de sangre antes y después de las comidas para ver qué tanto afectan el control ya que es crucial mantener la glucosa en sus parámetros.

#7 Incrementa tus suministros. Puede que vayas a un lugar no muy lejano y sólo por una semana, pero es inteligente empacar como si se fuera a estar dos semanas. Haz una lista de lo necesario y revísala varias veces. Cita la lista el ejemplo de las bombas de insulina, en las que recomienda que verifiques con tu proveedor si hay algún sitio de préstamo de equipos en tu destino, por si acaso.

#8 Considera los cambios de zona horaria. Si usas bomba de insulina, asegúrate de ajustar el reloj de la bomba a la nueva hora local. Si no sabes cómo hacerlo, pide asistencia a tu equipo de especialistas en diabetes.

#9 Pruébate la glucosa en sangre. Viajar puede acarrear toda clase de efectos sobre el control de la diabetes. Por ejemplo, en el trayecto a tu destino, puedes permanecer sentado en una sola postura por lapsos prolongados. Mantén presente que la inactividad puede apresurar que tus niveles de glucosa se eleven; por el contrario, pasear y otras actividades físicas pueden disminuirla. Debido a los cambios de actividad, es importante controlar la glucosa antes y después de las comidas. Si no sabes cómo controlar los picos, asesórate con tu médico antes del viaje.

#10 Dile a todos que tienes diabetes. Aunque no siempre es agradable pues te puedes cruzar con esa piadosa mirada de “ay, pobrecita criaturita” es importante que quienes viajen contigo sepan que tienes diabetes. Hazles saber lo que necesitas para mantenerte sano y activo en tu travesía y qué deben hacer en caso de una emergencia. Usa siempre una identificación médica que indique tu condición (brazalete, cadena con placa), que indique si usas insulina y un teléfono de contacto en caso de urgencia médica. Si viajas con tu celular, es buena idea que tengas un numero designado como “Contacto de emergencia” Muchos equipos de respuesta a emergencia están entrenados para buscar estos datos en un celular.

Asi pues, con un poco de planeación extra aparte de asegurar el hotel, auto de renta, excursiones locales y entradas a los antros, el tomar un espacio para anticiparnos a cualquier situación no deseada nos ayudará a mantener un mejor control de nuestra salud y disfrutar de unas mejores vacaciones.

jueves, 26 de junio de 2008

Al filo de la navaja – (A mis hijas y mis hermanos)


Un poco de historia personal y familiar:

A la familia a la que pertenezco, no le es desconocido el concepto de la vida con diabetes. El antecedente inmediato y de mayor peso genético y emocional por haber convivido desde mi lejana niñez con ello, fue nuestro padre, quien además de ser un excelente abogado y ejemplo de honestidad personal y profesional, fue diabético muy indisciplinado y –anécdotas abundan al respecto- tremendamente difícil de controlar o manejar en hábitos de alimentación y terapéuticamente por lo menos durante cincuenta años. Quede en descargo de mi padre que vivió en una época en que los tratamientos para la Diabetes tipo 2 eran primitivos por decir lo menos y lo que se creía que era bueno para su dieta, hoy sería motivo de un soponcio para cualquier nutriólogo bien entrenado en manejo de pacientes con diabetes.

Cotidianamente recurro a títulos de películas o novelas para encabezar mis entradas. De hecho, este blog tiene un nombre inspirado en la –por cierto bastante poco imaginativa-, traducción que se le hizo al título de la película “Dial M for Murder” del célebre director Alfred Hitchcock. El título de hoy refiere más que al contexto de la novela de Somerset (The razor’s Edge en el original), al concepto de alto riesgo ante una determinada situación.

El alto riesgo, obviamente, se refiere a esos antecedentes genético-familiares que nos van haciendo propensos a sufrir alguna enfermedad, malformación o deficiencia como resultado de las condiciones que nuestros padres nos transmiten sin proponérselo. Bien, no podemos culparlos, no ahora en la era del ADN, ni antes cuando desconocían prácticamente la carga genética que transferían como legado a sus descendientes.

Aun nosotros, adultos en este inicio del siglo XXI, desconocemos qué clase de problemas estamos transmitiendo a la siguiente generación. Si nos ponemos a meditar sobre nuestro genoma particular, creo que poco podremos aportar al tema ya que estamos aun a cierta distancia en el tiempo –espero que no mucha-, de poder poseer el total de nuestra información genética, incluyendo la lectura precisa de las características, ventajas, riesgos y posibles curas de aquellos males que potencialmente serían una amenaza a nuestra salud. Este pensamiento, actualmente no pasa de ser un buen deseo hacia la ciencia médica, casi asentado en el terreno de la Ciencia Ficción.

Pero actualmente no todo son la ignorancia o el conocimiento total. La ciencia médica ha dado saltos espectaculares en el conocimiento de cómo estamos conformados los seres vivos, con especial énfasis en los humanos, por lo que podemos saber con mucha precisión qué riesgos reales están en nuestro horizonte de vida y de nosotros depende qué acciones tomar para evitarlos o padecerlos con menor gravedad que si no lo hubiésemos sabido a tiempo.

La lista de problemas de origen genético es enorme y cada día se va ampliando. Ello nos lleva a la realidad de que la gran mayoría de las enfermedades en el catálogo humano, no aparecen de la nada y que más bien ya teníamos en el código genético la programación para activarlas y en ocasiones, otros factores como medio ambiente y estilo de vida, son el detonador que lanza la señal de activación de los genes que nos pasan a perjudicar nuestra idílica existencia.

La Diabetes es precisamente una de las enfermedades que tienen un origen genético y cuyo riesgo de padecerla se va incrementando con el número de parientes en primer y segundo grado con los genes apropiados. Adicionalmente, factores como el estilo de vida, hábitos de alimentación y medio ambiente, contribuyen a acelerar e incluso a empeorar la condición.

Yo soy Diabético, mi padre lo fue y tengo cinco hermanos (cuatro hombres y una mujer) y dos hijas. La genética la comparto con mis hermanos y a mis hijas les paso un riesgo incrementado dado que ambos abuelos y su padre pertenecemos al grupo de diabéticos.

Por ello la dedicatoria de hoy es a quienes más cercanos tengo desde el punto de vista biológico y simplemente les recuerdo que aunque estoy conciente del refrán que sentencia “nadie escarmienta en cabeza –o en páncreas, en este caso-, ajena”, nunca está de más el desear que jamás tengan que ponerse en mis zapatos –pie de diabético incluido- y dediquen un tiempo a meditar y aprender sobre la diabetes, más que como preparativo hacia algo que deseo nunca padezcan, sino para poder, con conocimiento de causa, disminuir los riesgos no genéticos que puedan desencadenarles una condición diabética.

Los pasos son simples, sencillos (aparentemente) y no muy costosos de implementar. Tienen que ver con buscar un estilo de vida activo, con comidas variadas que incluyan todos los grupos alimenticios y que mantengan un peso cercano a lo ideal con cintura menor a los 90 cm para ellos y 80 cm para ellas.

A lo largo de la existencia de este espacio he escrito algunos consejos sobre alimentación, ejercicio y prácticas de vida sana para diabéticos y sus familias. Hoy con todo el propósito e intención se lo dedico a mis hijas y mis hermanos. Espero que la semilla caiga en tierra fértil y el fantasma de la diabetes y sus devastadoras consecuencias se quede en la anécdota del padre o hermano diabético que, afortunadamente, fue el último de la familia que la padeció.

viernes, 6 de junio de 2008

¿Acaso seré yo, maestro?


Famosa frase dicha por el tristemente célebre Secretario de Hacienda de Cristo allá por el que consideramos el año treinta y tres de nuestra era calendario. Frase que actualmente se aplica para aquellos que fingiendo inocencia, pretenden simular lo que no son o evadir una responsabilidad por actos cometidos u omitidos.

En el Imperio Romano, allá por las mismas fechas de la citada anécdota, los súbditos del César ya tenían un vocablo para expresar la acción de dejar para mañana o diferir o postergar indefinidamente la realización de una o más actividades por otras que pudieran ser consideradas como irrelevantes o más placenteras en comparación con aquella diferida.

La palabrita en cuestión es PROCRASTINACIÓN, que proviene de las voces latinas pro-(adelante) y crastinus-(relacionado con el mañana). De acuerdo con Wikipedia, “el término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente de concluir. El acto que se procrastina puede ser percibido como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido, es decir estresante. La procrastinación también puede ser un síntoma de algún desorden psicológico como depresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad)”

Hagan sus apuestas, pues como soy mas que indiciado con tal ominosa conducta, puede que mi procrastinación al cotidiano texto de este blog se explique por “todas las anteriores”, típica respuesta de examen de opción múltiple. De cualquier manera no tengo pretexto y si un muy largo rato de permanecer ausente de este espacio y de descuidar mis controles cotidianos de índice de glucemia en sangre (el famosamente molesto piquete al dedo para rendir tributo de sangre a la deidad conocida como glucómetro).

Afortunadamente –para mí-, el descuido y falta de control no han llegado más lejos. Por alguna extraña compulsión, en estos meses de abandono del blog, he mantenido una inexplicable disciplina en mi alimentación, en el régimen de actividad física y otros hábitos de higiene elemental, además de no haber fallado a ninguna cita médica con los horrendos preludios de visita al vampiro ni a mi régimen de medicamentos prescritos. Como resultado puedo decir abiertamente que mi estado general de salud no está dañado más allá que lo que el natural envejecimiento me impone. El impacto de la diabetes es, hasta el momento, imperceptible.

Por todo lo anteriormente expresado, medito ante el teclado lo grave que puede llegar a ser una actitud de descuido y procrastinación ante una enfermedad de la seriedad y potenciales consecuencias de la diabetes. Gravedad que me hace sentir como adolescente rebelde que se va de pinta sin permiso de sus padres y, como suele ocurrir –a mi me llegó a suceder más de una vez en mi adolescencia-, meterse en un lío realmente gordo del cual, por acto de divina piedad, sale airoso y sin consecuencias y por supuesto que la familia ni se entera. Esa actitud adolescente la explica la ciencia médica en función de la inmadurez cerebral que impide a individuos menores a los 23 años tener conciencia plena de las consecuencias de los actos realizados. Incapacidad para ver el efecto-causa, le dicen.

Pero para alguien de mi edad, conociendo la realidad de las posibles consecuencias del descuido y sabiendo que al igual que todos los diabéticos no soy capaz de percibir hiperglucemias o hipoglucemias leves. Que tampoco percibo los leves pero continuos daños que se van acumulando con el descontrol de los niveles de glucosa en la sangre, no hay modo de fingir demencia ni aplicar la frase de Judas. Dejar la salud a la suerte no es un modelo a seguir.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Día mundial de la Diabetes


Hoy se cumple el tan esperado Día mundial de la Diabetes. Es encomiable saber que cada año que pasa se va tomando conciencia en todo el mundo sobre el grave problema de salud que implica esta enfermedad. Trescientos sesenta días atrás, este blog no había nacido aun en la red y aunque para aquel entonces ya había desarrollado algunas investigaciones con respecto al tema, no se me había ocurrido la posibilidad de este medio para ir publicando mis ideas de una manera mas compartida que el simple texto personal.
Sin embargo, esta fecha en que esta próximo el primer aniversario de este sitio, lo quiero dedicar a una breve reflexión sobre la diabetes en el mundo, lo que se ha hecho y lo que queda por hacer.
Los números son tanto aterradores como esperanzadores según se vea en cuanto a las estadísticas tanto de costos de atención de las complicaciones, tasa de crecimiento de la enfermedad y previsiones del posible tamaño del problema si no se hace“algo” urgente y radical. Por otro lado, los esfuerzos que se hacen en investigación, desarrollo de medicamentos, equipos médicos, investigación medica y genética son cada vez mas grandes. De igual manera, las campañas de educación y prevención que cada vez toman mayor fuerza y la difusión masiva de estas, deben, esperamos, tener un impacto en el posible futuro de la enfermedad a través de una mayor conciencia en la sociedad sobre la gravedad del problema y la importancia de buscar una solución integral.

Sin embargo, al hablar de solución integral, toco un asunto tanto o mas complejo que la propia enfermedad, pues me refiero a que es un problema no solo de unos doscientos cuarenta millones de diabéticos, que podemos llegar a los trescientos ochenta para el 2020, descontando que esta enfermedad es ya la principal causa de muerte en varios países, el nuestro incluido, sino que cualquier persona puede ser candidata a contraer la diabetes y no hay una forma absolutamente segura de evitarla y su control y remedio es un asunto que nos debe ocupar a todos y no solamente a los ya diagnosticados y sus familiares cercanos.

Hay varios frentes para tratar de resolver el problema sobre el que vale la pena reflexionar y en los cuales ya hay esfuerzos muy loables, pero falta mas impulso de toda la sociedad para alcanzar una mayor tasa de éxito. Así pues, veamos algunos aspectos

El esfuerzo de investigación en genética, farmacología, medicina interna y endocrinología, es un ángulo de la solución y depositamos en las esforzadas espaldas de los centros de investigación y los científicos que en ellos laboran, nuestras esperanzas de que pronto se encuentre una cura si bien no milagrosa, al menos médicamente aplicable y que nos ayude a vivir de nuevo sanos o con un estilo de vida “normal”, así como el desarrollo de nuevos medicamentos y equipos de detección y control mejores, mas precisos y económicos.

Por otro lado, están las acciones de las agencias gubernamentales, los centros de salud públicos y privados, los grupos y asociaciones de y para diabéticos y otros esfuerzos varios que van desde la atención medica de urgencia, el tratamiento y control de la enfermedad y sus complicaciones hasta los esfuerzos de difusión y educación en diabetes.

Hoy en día, sobre diabetes sabemos muchísimo mas que hace una década sobre lo que es, como se origina, su evolución y consecuencias, pero el conocimiento mas importante que la ciencia nos ha confirmado es que de cada diez diabéticos diagnosticados en el mundo, uno es de tipo 1 y nueve somos del tipo 2. Además de ese asombroso dato que posiblemente pareciera que no es muy útil, otro dato que la ciencia ha confirmado es que la diabetes tipo 2 se puede prevenir o al menos disminuir el riesgo de contraerla o, aun mejor, ya diagnosticados, alcanzar un mejor nivel de salud y un mejorado pronostico en cuanto a posibles complicaciones en nuestro propio horizonte, con un no tan simple pero si efectivo cambio en el estilo de vida.

Es decir, la parte que esta haciendo mas falta, sin soltar los esfuerzos en investigación, tratamiento y difusión, es la educación personal y el hacer de manera real y efectiva ese cambio de actitud hacia la vida y la diabetes y dejar de lado el sedentarismo y la sobrealimentación para alcanzar un cuerpo sano, activo y prácticamente libre de obesidad, hipertensión y sobre todo con un menor riesgo de padecer la diabetes y sus muy tristes consecuencias derivadas de la generación paulatina pero inexorable de las complicaciones crónicas. En numero, de forma teórica, podríamos hablar de que hoy en día doscientos dieciséis millones de diabéticos en todo el mundo podríamos gozar de un muy buen estado de salud y probablemente siendo no diabéticos, si esta información y las acciones oportunas, las hubiéramos adoptado antes de que traspasara nuestro organismo el “punto sin retorno” que implica ser irremediablemente diabéticos.
PD. En este hermoso México de mis amores, suave patria de López Velarde, parece que por lo menos a los medios de comunicación les paso desapercibida la conmemoración de este dia y lo que para los efectos de una buena salud implica. Desde temprano por la manana vi los noticieros de las dos principales cadenas privadas de televisión y revise los sitios web de al menos seis de los mayores diarios impresos del pais y no vi ni encontre siquiera una minima referencia al Dia Mundial de la Diabetes.
Sirva esta humilde posdata como constancia de que al menos alguien en este pais toma en cuenta la fecha.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Yo tenía diez perritos…


Desde hace varios días traigo paseando una noticia que llamó poderosamente mi atención por inesperada y sorprendente de primera instancia. La noticia la suelto y sin más preámbulo la comparto: los laboratorios Pfizer sacan del mercado su producto Exubera, la insulina inhalada que recién llegó al mercado mexicano y en cuyo lanzamiento dediqué una entrada comentando su disponibilidad para aquellos diabéticos que pudieran optar por tan novedoso tratamiento.
Sin embargo, a diferencia de otros medicamentos que han tenido que salir del mercado por que sus efectos secundarios son potencial o realmente dañinos a los usuarios, la razón que da el laboratorio durante la conferencia de prensa en que anuncia el retiro del producto en el mercado, es ¡la falta de demanda!

Desde el punto de vista financiero, me identifico con el Director de Mercadotecnia y con el Director de Finanzas del Consorcio Farmacéutico y me conduelo que el EBITDA (traduzco para los no financieros: ingreso antes de intereses, impuestos, depreciación y amortizaciones) planeado para este producto no se haya alcanzado y que los accionistas estén preocupados por que los resultados de la empresa puedan afectarse provocando una caída del valor de las acciones en la bolsa de New York.

Sin embargo, dejando las finanzas de lado, desde el punto de vista médico hay varias preguntas que me surgen independientemente de las que se me ocurren desde otros enfoques. La ocurrencia se dispara cuando visito su sitio en la www y leo su frase de presentación: “Working for a healhtier world; At Pfizer we’re inpired by a single goal: your health” (Trabajando por un mundo más sano; En Pfizer nos inspira una sola meta: su salud)

Sin embargo la pregunta que me queda rondando es ¿por qué?

Se que a esta pregunta la respuesta –si es que alguna se puede obtener- suele ser parca, si no me creen, traten de ver cuanto aguantan a un pequeñín de unos tres años que les ataque con una secuencia de “por qué” sobre el tema que se les ocurra. Sin embargo, la duda y la pregunta permanece en diferentes niveles que iré tratando de desgranar aunque por descontado concedo que no tengo la respuesta a ninguna de las preguntas que siguen.

¿Por qué producir insulina inhalable en primera instancia?
¿Por qué se gastó lo que se haya gastado en investigación y desarrollo de la insulina inhalable?
¿Por qué tanto esfuerzo en poner en el mercado un producto que nunca fue cuestionado como productor de efectos secundarios indeseables o riesgo a la salud?
¿Por qué se creyó que sería el medicamento del futuro?
¿Por qué se le puso el precio al que salió a la venta?
¿Por qué no se vendió la cuota fijada como para mantenerla en el mercado?
¿Por qué una compañía cuya subsistencia y crecimiento no depende del éxito o el fracaso de un solo producto decidió sacar la insulina inhalable del mercado?
¿Por qué dar una esperanza viable a una población que aunque no depende de esta opción, la pudo adoptar con entusiasmo para luego retirarla sin mayor explicación?
¿Por qué se puede inferir de aquí que los medicamentos que llegan al mercado están ahí no por que sean las mejores opciones terapéuticas para una enfermedad o malestar determinado, sino que están ahí porque son simple y llanamente un negocio rentable?
¿Por qué una compañía multinacional y multimillonaria no puede o no quiere mantener un medicamento útil y -de acuerdo con la propia publicidad para el producto- seguro, económico y fácil de usar?

Finalmente, solo se me ocurre reflexionar y cuestionarme ¿por qué soy tan preguntón?

Por lo pronto solamente nos queda decirle adiós a la insulina inhalable y esperar que la empresa que la desarrolló –que por cierto no fue Pfizer quienes ya devolvieron los derechos- encuentre la forma de hacerla llegar al mercado de una forma rentable, accesible y en un plazo no muy largo, pues imagino que las autorizaciones de la FDA (Agencia para Medicamentos y Alimentos) tendrán que volverse a solicitar desde la nada. En fin, espero que la ronda infantil de los diez perritos no sea profética con respecto a las opciones que nos vayan quedando para el manejo y control de la Diabetes.

Por cierto, estamos a 14 días del Día Mundial de la Diabetes, espero que este año tanto el día 14 como durante todo noviembre marquen un cambio en la forma en que percibimos, manejamos y convivimos con la Diabetes.

martes, 16 de octubre de 2007

Diabetes y Alzheimer, ¿dos caras de la misma moneda?


Déjenme que les platique antes de que se me olvide…

Sí, ya se que es un chiste de mal gusto, pero aparte de no haber podido aguantar la tentación, era casi como que obligado en función del síntoma principal con el que se reconoce al Mal de Alzheimer y como es el tema de hoy, no tuve más remedio.
Claro que, humor de lado, aparte de la característica pérdida de memoria de corto plazo -fuente de inspiración para los chistosos-, hay otras manifestaciones que van deteriorando la calidad de vida y la salud de manera gradual e inexorable desde las primeras etapas del desarrollo de este padecimiento. Así pues, el Alzheimer se define como una enfermedad degenerativa de la corteza cerebral, que evoluciona de manera progresiva y es irreversible, provocando deterioro de la memoria, de la orientación, del juicio, del lenguaje, la personalidad y la conducta, lo que interfiere severamente con la capacidad de los individuos para realizar aun de manera mínima, las actividades cotidianas, especialmente en la etapa más avanzada.
Hasta ahora ha sido sumamente difícil diagnosticar este padecimiento ya que comienza de una forma lenta e imperceptible y sus síntomas se atribuyen a otras enfermedades o problemas comunes propios del envejecimiento. Por ello, si bien es muy difícil diagnosticarla, ni hablar de prevención pues no ha existido una causa aparente ni tampoco una clara relación a un grupo étnico que preponderantemente padezca esta enfermedad. Su aparición parece estar más bien relacionada con el proceso de envejecimiento y otos factores no determinados.

Es en este punto donde introduzco el tema de la Diabetes y su precisa relación con el mal de Alzheimer. Pues resulta que de acuerdo con las más recientes investigaciones, las pistas sobre las causas de este mal, apuntan hacia un problema de tipo metabólico. Me explico: se ha encontrado una relación directa entre la manifestación de un fenómeno de resistencia a la insulina en las neuronas y el desarrollo del Alzheimer.

Resulta que los receptores de insulina en el cerebro son sumamente sensibles a los A-beta oligómeros, mejor conocidos como ADDL’s y ahora se sabe que en un cerebro con Alzheimer los ADDL’s se acumulan y al parecer son los causantes del deterioro de las conexiones sinápticas, afectando su composición y estructura; aparentemente, son también los culpables de la afectación de los receptores de insulina, provocando que éstos se vuelvan resistentes a la insulina y el resto ya lo intuimos, privación de la glucosa en donde se requiere -el interior de las neuronas- y su acumulación en los vasos sanguíneos, con la consecuente degeneración celular –de las neuronas, obviamente-. Según algunos investigadores, si este mecanismo se confirma, es posible que sea la base para una nueva variedad de diabetes y podría ser la Diabetes tipo 3.

Así pues, ahora queda clarísima la relación entre la Diabetes y el mal de Alzheimer. Espero no haber olvidado ningún dato relativo a este asunto.

viernes, 12 de octubre de 2007

Día de la Raza.


Sin entrar en mucho detalle sobre la cíclica polémica en derredor a la fecha en que se conmemora el descubrimiento de nuestro americano continente, encuentro con este día la oportunidad de traer a colación algunos aspectos relacionados con los grupos raciales y la diabetes.

Primero lo polémico. Me divierte mucho ver las posiciones encontradas de algunos grupos de fanáticos de las nuevas corrientes económico políticas que cada año se confrontan detrás del tema relativo a la conquista de los territorios americanos por la oleada expansiva del Imperio Español. Al revisar algunos editoriales periodísticos, encontré un factor común sin excepción, el tema lo tratan como si hoy, después de quinientos años de iniciada la conquista, todo mundo habla -como si se discutiera una fotografía que no ha cambiado en el tiempo-, de “Los Españoles vs Los Indígenas” y se trae al foro de las confrontaciones cotidianas el asunto de “los de arriba y los de abajo” y la discriminación de los conquistadores contra los pueblos indígenas.

Seguimos instalados en la vieja pugna donde los bandos se acomodan al grito del merolico que anuncia: “en esta esquina….” Y el criollo blanco mira con recelo al indio prieto y el ladino de tez oscura ve con resentimiento al amo. No hemos progresado ni un milímetro en quinientos años hace. Sin embargo, al revisar la evidencia estadística, los datos arrojan que la población de México se divide de forma general, en un 10% de población indígena (nahuas, mayas, mixtecas y zapotecas principalmente), 10% de población blanca (europeos mayoritariamente españoles), las partes en el eterno conflicto conquistador conquistado y, que sumándolos me dan solamente ¡el 20% del total de paisanos! O sea, aparentemente se comete una peor injusticia al eliminar de un mediático plumazo al 80% de la población. Pareciera que nos duele hasta el extremo de la vergüenza aceptar que somos mayoritariamente mestizos, producto de una aporte a partes iguales de material genético de conquistados y conquistadores.

Aparte de la carencia evidente de una identidad nacional y orgullo de raza –parece que a nadie nos cae muy bien eso de ser mestizos y preferimos percibirnos o definitivamente criollos renunciando a nuestras raíces indígenas o de plano si el tono cobrizo de la piel no nos deja la oportunidad de “blanquearnos”, nos declaramos orgullosamente “raza de bronce” y abjuramos e insultamos al conquistador pero sin cambiar el idioma ni las costumbres de la “nueva civilización”. Por ello los mexicanos somos tan extraños, mágicos, creativos, desconfiados y enemigos de nosotros mismos. Pero hasta aquí la parte sociopolítica, sociológica y racial. Lo importante de este mestizaje que manejamos de forma “discreta”, así de ladito, como que para que nadie lo note, es que en temas de salud, ese mestizaje ha producido individuos que por razones genéticas aun no determinadas con toda claridad, somos estadísticamente más propensos que otros grupos raciales a padecer la diabetes mellitus. Aparte de que ello en sí es una pésima noticia, más que hacer un espacio para lamentaciones o reclamos, cabe aquí un espacio de reflexión sobre las estadísticas alrededor de la “raza de bronce”.Ya desde hace un par de años, la diabetes en México ha alcanzado el nada honroso título de la principal causa de muerte en México. Igualmente, el quince por ciento de la población tenemos diabetes y cerca de la mitad de los casos no saben que la tienen pues no han sido debidamente diagnosticados y, sacando cuentas, no importa para que lado nos dejemos caer, los diabéticos mexicanos somos mestizos en mayoría y rebasamos, de forma individual, a los grupos étnicos en pugna ancestral.


Un consejo a mis compatriotas: Dejémonos de lamer la herida cinco veces centenaria y enfoquémonos a reconocer que nuestras características genéticas nos obligan a desarrollar una estrategia de modos de vida que nos permitan disminuir o incluso prevenir la posibilidad de desarrollar diabetes.


Mala combinación son la sobrealimentación, la vida sedentaria y nuestro grupo racial. Ello debería ser la base de la discusión.

jueves, 11 de octubre de 2007

Tic, tac,... la fecha se acerca

A partir de hoy, estoy estrenando un letrero anunciando el Día Internacional de la Diabetes, letrero dinámico proporcionado por cortesía de la Federación Internacional de la Diabetes (IDF, por sus siglas en inglés). Detalle que les agradezco y por supuesto que me solidarizo, pues todo esfuerzo encaminado a encontrar la forma de de detener el avance de la diabetes, amén de nuevas terapias, tratamientos e incluso, si es posible, una cura definitiva, merece el apoyo de la sociedad en su conjunto. Digo la sociedad en su conjunto, puesto que el monto económico impuesto por cada enfermo de diabetes que requiera terapias hospitalarias de alto costo para tratar complicaciones crónicas en riñones, ojos, corazón, etc. son enormes y las sociedades en conjunto tienen que cubrirlos por la vía de los impuestos. Esto es de especial importancia, ya que la diabetes es una condición cuyas complicaciones pueden ser mitigadas o incluso manejadas bajo control, prolongando por muchos años la posibilidad de una vida “normal”, manteniendo a las complicaciones a raya, puede ser incluso prevenible si los factores de riesgo son detectados a tiempo y se toman las medidas adecuadas y, en el mejor aunque el menos plausible de los casos, evitable.
Hace casi un año comencé con este esfuerzo de escribir de manera cotidiana, aunque irregular, en este espacio; lanzando a la bloggosfera mis reflexiones y encontrándome con la sorpresa que hay quién le mis ocurrencias y además, los hay quienes aparte de leerme, me otorgan su comentario. Recuerdo que en aquella ocasión, a finales de Noviembre, mi alusión fue sobre el paso –sin pena ni gloria en este México de mis amores-, del Día Mundial de la Diabetes y comentaba el enorme hueco existente con respecto a una política seria y contundente para combatir de forma decidida, efectiva y continua la expansión de la enfermedad, así como la difusión de una cultura de “vida sana”. Un año casi ha pasado desde entonces y cada vez son más los esfuerzos tanto locales como a nivel mundial, enfocados a combatir la expansión del problema de la diabetes. Casualmente, con este nuevo letrero que a partir de hoy expongo, quiero compartir con quienes me leen, el texto de la resolución 61/225 (Día Mundial de la Diabetes), de la Asamblea General de las Naciones Unidas y que esperan que de una manera rápida sea adoptada por todos los países miembros –México, por supuesto pertenece a este grupo y sinceramente espero leer o escuchar en las noticias que ya se adoptó esta resolución por parte del gobierno federal y los gobiernos estatales-, motivo central de la campaña de este año. A continuación, reproduzco el texto completo.
Resolución aprobada por la Asamblea General 61/225.
Día Mundial de la Diabetes
La Asamblea General,Recordando el Documento Final de la Cumbre Mundial 2005(1) y la Declaración del Milenio(2), así como los resultados de las grandes conferencias y cumbres de las Naciones Unidas en las esferas económica y social y esferas conexas, en particular los objetivos de desarrollo relacionados con la salud allí establecidos, y sus resoluciones 58/3, de 23 de diciembre de 2003, 60/35, de 30 de noviembre de 2005, y 60/265, de 30 de junio de 2006,
Reconociendo que es esencial fortalecer los sistemas de salud pública y de atención de la salud para alcanzar los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente, incluidos los objetivos de desarrollo del Milenio,
Reconociendo también que la diabetes es una enfermedad crónica, debilitante y costosa, que tiene graves complicaciones, conlleva grandes riesgos para las familias, los Estados Miembros y el mundo entero y plantea serias dificultades para el cumplimiento de los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente, incluidos los objetivos de desarrollo del Milenio,
Recordando las resoluciones de la Asamblea Mundial de la Salud WHA42.36, de 19 de mayo de 1989, relativa a la prevención y el control de la diabetes mellitus(3), y WHA57.17, de 22 de mayo de 2004, relativa a una estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud(4),
Acogiendo con satisfacción el hecho de que la Federación Internacional de la Diabetes lleve desde 1991 observando en todo el mundo el Día Mundial de la Diabetes, con el copatrocinio de la Organización Mundial de la Salud, el 14 de noviembre,Reconociendo la acuciante necesidad de llevar a cabo actividades multilaterales para promover y mejorar la salud humana y facilitar el acceso al tratamiento y a la instrucción sobre atención de la salud,
1. Decide designar el 14 de noviembre, actual Día Mundial de la Diabetes, día de las Naciones Unidas dedicado a esta cuestión, que se observará todos los años a partir de 2007;
2. Invita a todos los Estados Miembros, a las organizaciones competentes del sistema de las Naciones Unidas y a otras organizaciones internacionales, así como a la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales y el sector privado, a que observen debidamente el Día Mundial de la Diabetes con miras a aumentar la conciencia pública sobre esa enfermedad y las complicaciones conexas, así como sobre su prevención y atención, incluso recurriendo a actividades de divulgación y a los medios de comunicación;
3. Alienta a los Estados Miembros a que elaboren políticas nacionales sobre la prevención, el tratamiento y la atención de la diabetes que estén en consonancia con el desarrollo sostenible de sus sistemas de atención de la salud, teniendo presentes los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente, incluidos los objetivos de desarrollo del Milenio;
4. Pide al Secretario General que señale la presente resolución a la atención de todos los Estados Miembros y organizaciones del sistema de las Naciones Unidas.
83ª sesión plenaria 20 de diciembre de 2006
(1) Véase la resolución 60/1.
(2) Véase la resolución 55/2.
(3) Véase Organización Mundial de la Salud, 42a Asamblea Mundial de la Salud, Ginebra, 8 a 19 mayo de1989, Resoluciones y Decisiones, Anexos (WHA42/1989/REC/1).
(4) Ibíd., 57a Asamblea Mundial de la Salud, Ginebra, 17 a 22 de mayo de 2004, Resoluciones y Decisiones,Anexos (WHA57/2004/REC/1).
Lo que queda, aparte de poner el propio pequeño grano de arena, es esperar que la convocatoria siga tomando impulso y con efecto de bola de nieve, vaya creciendo con propia inercia y alcance fuerza suficiente para convertirse en una iniciativa autosustentada.

jueves, 4 de octubre de 2007

A mi muy querido amigo Arturo.


Aun sin así proponérmelo, estoy en una racha de acontecimientos anecdóticos que me están llevando a dedicar las entradas de este espacio a diferentes personas, cada una por razones muy particulares. Extraña coincidencia, ya que la intención de este espacio siempre había sido la de tratar temas genéricos sobre la diabetes, tratamientos, novedades, experiencias personales y otros temas relacionados, ahora me encuentro con la novedosa y muy estimulante oportunidad de dedicar algunos de estos espacios a ciertas personas, en particular a quienes este espacio me permite enviarles un muy personal mensaje. Por ello, el de hoy pertenece a la misma categoría.

Hoy me reuní a comer con un entrañable amigo de hace muchos años, compañero de escuela en los años de la maestría, socio en mis primeros y no muy exitosos ensayos como empresario y miembro de una maravillosa familia que me adoptó como uno más de los suyos. El tema de la plática de hoy, aparte del obligado intercambio de mutuos saludos para las respectivas familias y el ponernos al corriente con el diario acontecer de nuestros asuntos, versó alrededor de su reciente –apenas hace dos días-, diagnóstico de diabetes tipo 2 (DM2).

Malas noticias, muy malas realmente, ya que se trata de una de las condiciones menos deseadas en el horizonte de vida de cualquier persona. Obviamente, con un diagnóstico tan reciente, mi querido Arturo está con un muy entendible cúmulo de emociones que se agolpan y aparte de percibirlo asustado con su nueva condición, se que se encuentra desorientado y confundido, sin saber con certeza a quién recurrir ni a qué tipo de tratamiento ajustarse.

Por ello, esta ocasión quiero dedicarle esa entrada, aprovechando la ventaja de ser el escritor y editor responsable de este espacio y, que con ya casi ocho años de vivir con DM2, creo que algo puedo decirle que le ayude a transitar esta difícil etapa de duelo por el diagnóstico recibido.

Muchas y muy variadas ideas me vienen a la mente sobre lo “más adecuado” para aconsejar en estos casos, desde el típico, cuídate pues esta enfermedad es la principal causa de muerte en el país o, el clásico, despídete de las cosas buenas y sabrosas de la vida, pasando desde las actitudes condescendientes de pobrecito de ti hasta el muy trillado e igualmente odiado “échale ganas”. Sin embargo, en esta ocasión no diré ninguna de ellas, pues aparte de quedar totalmente fuera de lugar, no tienen sentido dichas de esa forma.

Más bien, en este momento, lo que en honestidad siento que procede, es hacer un análisis serio de lo que implica para cualquiera de nosotros vivir con diabetes y explicar que, si bien hay consecuencias indeseadas derivadas de la evolución de esta condición, también hay la forma de vivir una vida “casi normal”, con pocas restricciones y con la posibilidad de recuperar un estado saludable de control con un horizonte de vida en mucho mejores condiciones que las de pronóstico normal, pagando un razonable precio diario de disciplina


El mensaje que quiero mandarle a Arturo, al igual que a todos los que vivimos con diabetes, es que actualmente los avances en la investigación médica abren muchas alternativas de tratamiento y son cada vez más los medicamentos y procesos disponibles para poder llevar de una manera más fácil y segura el control de la enfermedad. Es posible que en un futuro no tan lejano, podamos hablar no solo de opciones de control sino que incluso se pueda hablar de una cura para la enfermedad. Por lo pronto, lo que tenemos como opciones de tratamiento, son ejercicio, un plan de alimentación (adecuado a los requerimientos calóricos diarios considerando edad, estatura, peso y, lo mas importante, que se tiene diabetes), medicamentos para controlar la cantidad de glucosa en sangre (insulina e hipoglucemiantes) y en lo emocional, el apoyo de la familia.

Lo anterior me lleva un poco sobre el tema de la familia. La familia es probablemente el elemento más importante de apoyo para quienes padecemos diabetes, ya que la solidaridad diaria al considerarse como parte del clan diabético, ayuda a mantener para todos una sana alimentación en casa, a realizar rutinas de ejercicio cotidiano y a eliminar las tentaciones sobre el tema de la comida en el ambiente compartido. Por ello lanzo el reto al compromiso –Hey, lo reconozco soy un malvado ventajoso-, a la familia de Arturo para que acepten el compromiso de solidaridad, pues estoy seguro que tanto Rosalía como sus dos bellas hijas lo apoyaran sólidamente en esta situación.

Ánimo Arturo, tus amigos quienes te queremos estaremos siempre para ti apoyándote para que puedas transitar por la diabetes de una manera sana y bien controlada.

sábado, 29 de septiembre de 2007

A mi queridísima amiga Letty.






Hay ciertas cosas que hacemos o decimos a lo largo de nuestras vidas que para nosotros nos pasan más o menos desapercibidas pero que tienen un efecto importante en quienes reciben aquello que hemos hecho o dicho. A veces resulta que lo que hacemos o decimos, impacta de manera positiva y más profunda de lo que pudiéramos imaginar a quienes reciben este mensaje lanzado de manera espontánea. En la mayoría de los casos, al menos en mi muy personal experiencia, me sucede que cuando digo cosas que “quiero” que tengan un efecto específico y un mensaje nítido sobre cierta persona, ni siquiera soy escuchado y el pretendido magnífico mensaje cae al limbo de los esfuerzos perdidos; en otras ocasiones decimos, discutimos, alegamos –al menos yo que me encanta andar alegando hasta donde no me invitan-, de manera despreocupada sin la específica intención de dar o dejar una “sabia lección de vida” y resulta que algo que dijimos o hicimos en esos momentos dejaron un mensaje o una huella perdurable en quien nos escuchó y nosotros ni enterados.



El hacer o decir algo que deje un momento memorable en alguien, es uno de los acontecimientos más sublimes entre los seres humanos, pues quién de nosotros no recuerda aquellas situaciones, frases, comentarios o acciones que nos marcaron en un momento de la vida y nos dieron lecciones que atesoramos y aunque a veces no nos acordemos con precisión de quién nos dejó esa huella, el aprendizaje queda e incluso el momento en que nos llegó ese mensaje permanece en nuestra memoria. Seguro estoy que quienes me dieron o dijeron aquello que me dejó los grandes ejemplos a seguir o el consejo salvavidas, igualmente ni cuenta se dieron que ello me quedó y me marcó profundamente. Por ello, cuando pasas de ser el que siempre aprende del ejemplo de los mayores y te conviertes en alguien veterano, llega el turno de predicar con el ejemplo y es en esta etapa en que lo que hacemos o decimos comienza a dejar huella y hace camino. Así pues, debemos ser cuidadosos en la forma en que potencialmente podemos impactar a quienes interactúan con nosotros.


Por ello en esta fecha traigo a colación todo el rollo anterior y ya que inicié esto de dedicar algunas de las entradas de este dulce espacio a ciertas personas, me sigo de frente y hoy hago la segunda al hilo. En esta ocasión, la idea es dedicar este espacio a mi querida amiga Letty, idea que surge de un comentario que me hizo esta mañana cuando nos reunimos varios ex compañeros de la escuela para compartir el desayuno bajo el muy justificado pretexto de que teníamos muchas ganas de vernos otra vez.


Pero anécdotas escolares aparte, lo importante del tema radica en que Letty cumplía con el perfil de “gordita feliz”, con su sempiterno carácter que nos hace verla siempre desparpajada, alegre, espontánea, mal hablada –pero que a ella se le oye maravillosamente bien-, generosa y otras mil cualidades. Eso sí, no se confundan, un carácter más fuerte que el acero al cromo-vanadio. Bueno, pues la sorpresa de hoy es que quienes llegamos a la reunión la encontramos más alegre que nunca, gritona, dicharachera y mucho más delgada. Me dio un enorme gusto verla así y sobre todo por que la satisfacción por su nueva figura se dejaba traslucir en toda ella, aparte que nos participó que se sentía mejor que nunca, despierta, alegre, animada y, lo más importante, sus niveles de colesterol y glucosa en sangre, entre otros, se hallaban mucho mejor ahora que cuando cargaba el sobrepeso.


Platicamos brevemente de su nuevo estado de salud y en ese momento me llegó la certeza de que meses atrás se había producido uno de esos extraños momentos en que por alguna desconocida razón, algo que dije dejó huella. Resulta que mi querida Letty me comentó que parte de las razones que la llevaron a tomar la determinación de “Querer”, -sí, con mayúscula, con esa férrea voluntad de mujer de nuestros tiempos-, adelgazar y mejorar su salud fue el resultado de una conversación en la que –según ella-, me la puse como “chancla” y toqué esa fibra sensible que la ayudo a tomar la determinación de cambiar sus hábitos de salud. Reconoció que, si esta conversación hubiera sido en otro momento, a lo mejor me hubiera mandado a “freír espárragos” -alimento rico en fibra, por cierto, aunque es mejor cocido que frito, por aquello de los aceites poliinsaturados-


Pero lo esencial del tema radica en que sin así pretenderlo, contribuí a que mi querida Letty ahora esté tomando una serie de medidas sanas a favor de su salud. Involuntario sí, pero ello me anima a seguir con este quijotesco espacio compartiendo estos locos planteamientos que hago, pues un resultado positivo es más que recompensa y ello me alienta a seguir. Gracias doblemente a Letty. Primero por haber escuchado un mensaje que resultó sumamente efectivo sin así haberlo yo planeado y segundo, por hacérmelo saber.