martes, 9 de agosto de 2011

Diabetes y cyber-terrorismo



Suena fuerte el título de esta ocasión, pero no se me ocurre otra manera de presentar la noticia que me inspiró para la entrada de hoy. Seguramente ya mucha gente en el mundo médico y de pacientes, en particular de diabetes tipo 1, estarán enterados. Se trata del anuncio sobre la posibilidad de que hackers decididos puedan lanzar ataques a bombas de insulina, pudiendo provocar que las lecturas de estos aparatos envíen valores erróneos, con el potencialmente catastrófico resultado sobre la salud de los diabéticos insulinodependientes que se benefician de esta tecnología.
Pero veamos primero los hechos, antes de correr, presas de pánico hacia el lado contrario de donde suena el estallido noticioso.
Todo empezó durante la pasada “Black Hat Computer Security Conference” (algo así como la “Conferencia de Seguridad en cómputo Sombrero Negro”, sí lo sé, se traduce espantoso) que se realizó en Las Vegas los días 3 y 4 de este mes, en donde Jerome Radcliffe, investigador sobre seguridad y quién es también diabético, expuso que las bombas de insulina y los monitores de glucosa en sangre son susceptibles de un ataque cibernético por parte de algún experto malintencionado. La nota la obtengo, en primera instancia de la publicación “Medical News Today” del propio 4 de agosto y posteriormente, revisé en línea la publicación presentada por Mr. Radcliffe.
Sin entrar en detalles demasiado técnicos, el punto está en que a los equipos capaces de conectarse remotamente para enviar datos a una computadora y, vía internet transmitirlos a médicos o centros de salud, pudiera ser factible “romper” sus códigos e intervenirlos remotamente, alterando su correcta operación y poniendo en riesgo la salud de los usuarios.
Por supuesto que casi de inmediato aparecieron las respuestas acerca de la noticia y las posibilidades de que esto ocurra. Básicamente de los principales fabricantes de estos aparatos, quienes declararon que por supuesto, aunque la posibilidad existe, es sumamente remota ya que se requiere del número de serie del equipo y otros datos del microprocesador, como para realizar dicha intervención. Como respaldo a esta información, está la declaración del mismísimo Mr. Radcliffe quien en la conferencia señaló que él tuvo enormes dificultades para atacar sus propios equipos (menciona meses, no dice cuantos y mucha cafeína), pero al final reporta que tuvo éxito y su temor es que alguien con mejor habilidad de “hacker” y menos escrúpulos pueda hacer un enorme daño a la comunidad diabética.
Este tipo de pensamiento, que ante lo posible, pero poco probable, explota ese temor sobre nuestra propia integridad que repentinamente se percibe vulnerable ante un atacante desconocido, que de manera indetectable nos puede dañar hasta el grado de muerte, desde una cómoda silla, agazapado frente a su electrónica trinchera, disparando –cual despiadado francotirador-, proyectiles cibernéticos que alteran o provocan mal funcionamiento de las bombas de insulina y los monitores continuos. Eso, lamentablemente, se llama terrorismo; provocar un temor paranoico que nos paralice ante un agresor invisible, sabiendo que nuestra salud o supervivencia están de por medio.
Yo quisiera quedar del lado de la serenidad ante esta situación y confiar en que el azar sea benévolo y mantenga a los hackers entretenidos atacando a facebook, a google+ o las grandes corporaciones que han sido sus clientes. Quisiera pensar que un hacker es como un alpinista, que si ve un sitio busca atacar “porque está ahí”, pero no me imagino a un alpinista que escale una montaña para, desde su posición, atacar y buscar dañar a los que vienen ascendiendo. Así que confiando en que los fabricantes tomarán en cuenta esta voz de alarma e irán tomando medidas para eliminar brechas de seguridad en estos equipos, podamos seguir viviendo tranquilos, ya que la diabetes es stress suficiente como para sumarle el temor que un hacker atente contra estos valiosísimos soportes de vida.

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