viernes, 20 de julio de 2007

¿Qué haremos sin AVANDIA? (III)



Por allá del 23 de mayo escribí el antecedente a la primera parte de esta recurrente entrada y que pinta como para convertirse en un clásico en retazos, como si de churro holliwoodense se tratara, algo así como “pesadilla en la calle del farmacéutico, episodio n+1”, pero el tema ha dado para combinar tanto datos duros sobre los tratamientos para controlar los niveles de glucosa en la sangre de quienes vivimos con DM2, con el morbo que despiertan los asuntos relacionados con los efectos negativos que podrían acabar como “escándalos de tabloide”, algo así como el ocurrido al tristemente célebre Vioxx que siendo el medicamento para tratamiento de las jaquecas con mayores ventas en el mundo, al salir del mercado casi le cuesta la vida al poderoso laboratorio Merck. Ahora quien encuentra su medicamento estrella en el banquillo de los acusados es el laboratorio Glaxo/SmithKline quién fabrica Avandia (Rosiglitazona) y que en medio de una guerra de declaraciones, rumores, dimes y diretes, está evaluando la posibilidad de retirarla del mercado por lo menos un tiempo en lo que puedan realizar estudios concluyentes ya sea en el sentido de revindicar la Rosiglitazona como quizás la mejor opción para el tratamiento de la DM2 en la actualidad –y por ello el de mayores ventas a nivel mundial- o confirmar el riesgo cardiovascular asociado y olvidarla para nunca jamás.



Solo por recordar las referencias y antecedentes desde que se desató la controversia, invito a quienes tengan la curiosidad, ocio y tiempo para consultarlas, releer las entradas del 23 de mayo, del 25 de mayo, del 30 de mayo y 21 de junio. En ellas aparte de mencionar las declaraciones de órganos médicos colegiados, hago un brevísimo repaso de las alternativas farmacológicas existentes a la fecha.



Un poco en línea con aquellos comentarios, el pasado 16 se publicó en los Annals Of Internal Medicine, el resultado de un estudio realizado que comenzó desde hace aproximadamente diez años en la Universidad Johns Hopkins cuyo objetivo fue hacer una comparación de efectividad entre los medicamentos hipoglucemiantes existentes en el mercado, abarcando desde las sulfonilureas más antiguas cuya presencia en el mercado data de más de cincuenta años, hasta por supuesto, la ahora controvertida Rosiglitazona. El estudio, que coincidentemente llega a su fin casi coincidiendo con el duro cuestionamiento a los posibles efectos mortales de la Roziglitazona, da otro duro golpe a dicho medicamento puesto que concluye que aunque muy efectivo como medicamento, no lo es ni el mejor y mucho menos, el más barato, comparado con otros que fueron desplazados en su momento por el peso de la mercadotecnia.


El claro ganador es la Metformina, una biguanida comercializada en México como Glucophage y ya se le puede encontrar como genérico intercambiable pidiéndola por su sal activa, la Metformina, a un precio más que accesible. El estudio que la ubica como la más segura, indica además otros medicamentos como la Glipizida y la Glimepirida como sustitutos posibles. La noticia no deja de ser otro revés a los laboratorios Glaxo/SmithKline, fabricantes de Avandia (Rosiglitazona) que ya a estas alturas han observado una caída de más del 30% en sus ventas desde que se publicó la nota de la ADA. Parece que de difundirse más esta nota, el golpe sea mortal esta vez.


Un punto que debemos tener presente es que potencialmete, todos los medicamentos hipoglucemiantes pueden causar problemas o presentar efectos secundarios, entre los cuales se encuentran aumento de peso, disminución de peso, hipoglucemias leves, diarrea u otros malestares “leves”. Sin embargo los riesgos mayores de la Metformina serían la de aparición de Acidosis Láctica, condición potencialmente muy grave y difícil de detectar en caso de una crisis de hiperglucemia (Coma Hiperosmolar) y la contraindicación de prescribirla cuando existan complicaciones renales moderadas, lo cual aplica para la mayoría de los hipoglucemiantes también.


Bueno, aquí se confirma aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor” y que no por ponernos al ultimo grito de la moda médica vamos a estar necesariamente mejor controlados que con lo “obsoleto”.

miércoles, 18 de julio de 2007

El sistema endocannabinoide.


Hace algún tiempo amenacé a mis sufridos lectores que escribiría una entrada acerca del sistema Endocannabinoide, tema que por cierto está de moda y en gran auge entre investigadores de todo el mundo, principalmente en el viejo continente, donde se han realizado los mayores avances en la descripción de qué es, cómo funciona y en el desarrollo de fármacos que van dirigidos principalmente hacia el tratamiento de la Diabetes Mellitus tipo 2 (DM2) y la obesidad. Cuando digo que amenazo y califico de sufridos a quienes me otorgan la indulgencia de leerme, es por que reconozco que a veces me dejo llevar por el entusiasmo y sin mayor consideración lanzo tecnicismos sin tomarme el tiempo de aterrizar el significado y dejando, en ocasiones a más de uno, parpadeando y preguntándose qué quise decir y si ya no me preocupo por ser sencillo y coloquial.


Pues bien, el caso es que esto de los endocannabinoides me llevó a largas sesiones de estudio sobre fisiología celular, bioquímica, farmacología y otras hierbas que en principio me dejaron en un mar de datos que he digerido muy lentamente –para no aceptar que me indigesté de primera mano con todo el material de estudio que me agencié- Sin embargo, el dilema era cómo hacerle para compartir en este espacio mis hallazgos en un lenguaje claro y coloquial sin caer en tecnicismos ininteligibles o términos “solo para iniciados”. Bueno, pues resulta que no pude resolver el dilema y a la vez ya encontré la solución.

Ayer me llegó el ejemplar de julio-agosto (volumen 16 /número 28), de la revista Diabetes Hoy, que es el órgano de difusión de la Federación Mexicana de Diabetes y en ella aparece un artículo intitulado “Milagros inexistentes, medicamento real” y que responde mi angustioso dilema: El sistema endocannabinoide aparece descrito en un artículo sencillo, claro y bastante completo. Por supuesto mucho mejor que lo que se me había ocurrido escribir y sin tanta complicación como mis recientemente desechados borradores. Por ello solamente –felicitación de por medio por el excelente artículo- me queda recomendar su lectura y aceptar que en ocasiones la mejor estrategia de comunicación es señalar en dónde está la correcta y accesible información disponible. De cualquier manera, prometo que una vez que haya digerido mejor el tema y pueda decir algo decentemente valioso, volveré por las andadas y de mi ronca pluma escribiré sobre el asunto.

martes, 10 de julio de 2007

Diabulimia: nuevos términos, problemas añejos y poco conocidos.


Esta entrada estaba programada para ser publicada el 10 de julio del 2007 y por razones que ya no recuerdo, se quedó guardada como borrador. Recuerdo que cuando la redacté reconocí que escribirla "ha generado canas y telarañas"  Sin embargo, quiero publicarla antes de tomar otros derroteros dentro del tema que anima este espacio, la vida con DM (Diabetes Mellitus) y mis peripecias personales al respecto. Así me iré animando par ir actualizando este espacio de reflexión e irle dando vida nuevamente.
El tema de hoy, del que he mencionado algo un poco de forma incidental al hablar de trastornos de la alimentación, lo retomo esta vez ya que de acuerdo con ciertas asociaciones dedicadas a cuestiones de salud y este tipo de trastornos están comenzando a lanzar voces de alarma respecto a lo que ahora toma este nuevo nombre entre los trastornos de la alimentación entre adolescentes, principalmente mujeres: la Diabulimia.
La pregunta entonces sería: ¿qué es la Diabulimia? La Diabulimia es el nuevo término con el que se sintetiza una forma de bulimia y que se presenta en jóvenes que tienen Diabetes Mellitus tipo 1 (DM1). Sabemos que quienes tienen DM1 requieren la aplicación diaria de diversas dosis diarias de insulina para mantener el metabolismo de la glucosa y permitir que ésta sea absorbida a las células y así obtener la nutrición y energías adecuadas para una vida sana. También es un hecho que como sus organismos son incapaces de producir insulina, esta dependencia es de “por vida”, ya que de no haber aporte externo de insulina la glucosa se mantiene circulando por el torrente sanguíneo y las células no reciben nutrientes ni la fuente de energía que la glucosa representa. Esta situación tiene un efecto que es rápidamente notorio: la muy rápida y notoria pérdida de peso derivada del veloz consumo que hace el organismo de sus reservas de grasa y masa muscular (cuando la reserva de grasa se agota), para tratar de proporcionar la glucosa que las células demandan al enviar señales de “hambre” ya que no les está llegando el alimento.
Obviamente, anticipándonos a lo que viene, la suma es perversa: el cuerpo tiene exceso de glucosa por falta del suministro de la insulina y tiene que agotar sus reservas en un desesperado e inútil intento de alimentar las células que demandan el alimento. El incremento de glucosa en sangre es enorme al tiempo que el cuerpo no recibe nada y los daños por la hiperglucemia se aceleran atacando principalmente riñones, sistema nervioso y retina, además del consecuente mecanismo de la glucogénesis acelerada que en ausencia de insulina provoca la famosa cetoacedosis diabética y pone a estas personas al borde de un coma diabético cuyas consecuencias pueden ser mortales.
Cuando las adolescentes con DM1 caen en esta conducta por la necesidad obsesiva de guardar una figura “delgada, casi esquelética” y su distorsionada idea de una “imagen corporal” es más importante que la propia salud y supervivencia a largo plazo, recurren a suprimir o saltarse sus dosis de insulina, tomando la “apenas necesaria” para sobrevivir. Claro que logran adelgazar, pero la pregunta es ¿el precio a pagar vale la pena?, ¿la percepción de una efímera belleza o esbelta figura debe ser el resultado de una conducta autodestructiva?, ¿qué en ultima instancia justifica una acción profundamente irracional tomada no por ignorancia sobre las consecuencias sino basada en la negación de una dolorosa y difícil situación como lo es la vida con DM?
En una chica “normal”, digamos sin DM, estos trastornos son extremadamente dañinos y en las noticias hemos visto los casos de modelos de ropa de moda que han llegado a morir a consecuencia de la anorexia y la bulimia. En una chica con DM1 el caso es preocupantemente más grave ya que además de los daños que estos trastornos de la conducta de la alimentación causan y que en si son sumamente severos, cuando a la ecuación le agregamos el factor DM1, la gravedad, profundidad y velocidad con que se presentan las consecuencias y los daños que llegan a ser irreversibles, son mucho mayores.
Lo peor de todo ello es que estas conductas son provocadas por una distorsión de la realidad y del ser y el deber ser. Nada es más importante que ser “aceptadas” en el grupo objetivo y ningún precio es poco con tal de sentir que “pertenecemos”. Si ello implica sacrificar salud a cambio de lo que el grupo acepta como el estándar de belleza, ya está puesta la condición para la conducta. En una sociedad que premia el placer (hedonismo) la satisfacción inmediata de los deseos y demandas, donde el lapso de atención a un asunto no rebasa de unos cuantos segundos, donde el monto de información es infinitamente mayor a nuestra capacidad no solo de procesarlo sino de percibirlo, donde el esfuerzo y la disciplina son actitudes rechazadas solo para “nerds” o inadaptados, este tipo de distorsión de la realidad encuentra terreno fértil y de ahí lo difícil de erradicar las conductas trastornadas en relación a la comida y el esfuerzo físico como una actividad que promueva la salud y una vida plena. Al parecer una actitud disciplinada, una vida ordenada, una forma sana y completa de alimentarse, un plan de actividad física adecuado y un control de la DM1 son “aberraciones” de las que se huye por ser limitantes de una vida libre, plena y maravillosa que la adolescencia nos revela a todos los seres humanos. Sin embargo, el espectro está ahí, presente, firme e inexorable. La DM1 es una realidad y hay que vivirla y confrontarla. La adolescencia es otra realidad que llega y es una etapa donde nos rebelamos ante el mundo e incluso con aquello que no queremos ser –diabéticos-, pero lamentablemente la DM1 no es algo que se pueda corregir por solo rechazarla o peor aún, convertirla en un instrumento para manipular una realidad que no lo es.

lunes, 9 de julio de 2007

Días de enfermedad.


Hay ciertas ocasiones en que la vida nos toma desprevenidos y aunque creamos que estamos a salvo de problemas de salud, repentinamente caemos postrados por alguna enfermedad. En el caso de quienes padecemos diabetes mellitus, puede ser muy grave si no se toman precauciones y cuidados especiales. Hoy me siento frente al teclado a escribir una nueva entrada, después de haber pasado un fin de semana entre enfermo y convaleciente.

Casualmente, a poco de haber presumido lo bien que voy con el control de mis parámetros fisiológicos respecto a la diabetes, pensando que ya todo es coser y cantar, me enfrento a que en la realidad, aparte de las propias limitaciones y amenazas de la diabetes, existen otras muchas causas de afectación a la salud y, estoy saliendo de una de ellas. Pues resulta que el pasado jueves, comí en un sitio –que no lo menciono pues no tengo la certeza que sea el origen del asunto-, cuya comida por cierto estaba razonablemente bien preparada y presentada, pero a partir de un par de horas de haber salido, comencé a tener una severa crisis asmática, afortunadamente ya cerca del final del día. Claro que siempre llevo conmigo mi broncodilatador de spray y eso me mantuvo razonablemente funcional el resto de la tarde y noche. El viernes, extrañamente no me sentía mal pero si me comenzó a dar más lata de lo usual el asma, al grado que casi festejé que me cancelaran la ultima cita del día.

Bueno, para no hacer el cuento muy largo, el sábado me levanté tan cansado que ni siquiera tuve el ánimo de ir a una reunión “sagrada” de esas que nunca se cancelan, con los compañeros de la escuela y de ahí las cosas marcharon de mal en peor. Para este entonces, el principal problema se presentó como dificultad para respirar y como buen asmático, supuse que con el broncodilatador sería suficiente. Error, el problema fue empeorando; había ya perdido totalmente el apetito desde el medio día y la fiebre había hecho su aparición. Para ese entonces ya tenía la seguridad que algo tenía aunque era incapaz de definir qué pues el malestar era demasiado general como para definirlo: Pérdida de apetito, fiebre, sed, enorme dificultad para respirar y un decaimiento general.

Como todo obsesivo que se aprecie, ya estaba preparándome para visitar el hospital más cercano a mis rumbos y entregarme en manos de un médico, con la casi certeza de que se trataba de una combinación perversa de Coma Hiperosmolar y ataque agudo de Asma. Sin embargo, poco antes de decidirme a buscar ayuda médica, sobrevino el vómito. De forma inesperada y sin aviso previo, apareció y después de creer que toda mi esencia se había ido de paseo por el drenaje profundo, descubrí que me sentía mucho mejor; la fiebre bajó, comencé a respirar fluidamente y comencé a pensar con claridad, cuestión que se reduce mucho por la escasez de oxígeno en el cerebro.

A partir de ese momento me di cuenta que lo que realmente tenía era un problema de intoxicación por algo que había comido y me había afectado el proceso digestivo. Lo que también deduje es que hubo por ahí alguna reacción alérgica que me disparó de manera muy aguda el episodio de asma. El mismo sábado comencé a monitorear mis niveles de glucosa, los cuales se elevaron hasta 170 en el lapso de control, parámetro más que bueno para un episodio de diabetes combinada con otras enfermedades y que me mantuvieron alejado del hospital y especialmente, de un posible Coma Hiperosmolar. Ahora en franca recuperación, comparto algunos consejos para estos días de enfermedad combinada con la diabetes.

Primero que nada, no tomar a la ligera ningún malestar, ya que éste es la forma en que nuestro organismo trata de pedirnos una pausa para organizarse a combatir el problema y mediante la aceleración del metabolismo, lanzar el ataque inmunológico. Entre estos procesos, se incrementa la producción de las llamadas hormonas contra reguladoras de la insulina (glucagón, cortisol y la hormona del crecimiento), que producen incremento de la glucosa en la sangre, por lo que es especialmente importante hacer un monitoreo frecuente de ésta y controlar lo que comemos, especialmente si hay fiebre que es signo de infección.

Por ello quienes tienen DM1 no deben permitir que la glucosa suba más de 250 mg/dL, verificar niveles de cetonas en orina y ver o llamar al médico por instrucciones de qué hacer para mantener el control. Si se trata de DM2, hay que mantener el rango de glucosa por debajo de los 400 mg/dL o en caso contrario ir de inmediato al medico. Arriba de dichos niveles arriesgamos que sobrevenga el coma.

Por ello, antes de correr a la sala de urgencias médicas en el hospital más cercano, es conveniente recordar no dejar las dosis de insulina o hipoglucemiantes aunque no podamos comer; hacer un monitoreo frecuente de la glucosa por lo menos cada 4 horas, a menos que esté muy alta en cuyo caso hacerlo cada hora sería lo mejor; si se usa insulina, medir cetonas cada vez que se vaya a orinar; tomar muchos líquidos (agua sola o un te suave), algo así como 200 mL en adultos o 120 mL los niños; si no se puede comer el plan de dieta normal, procurar consumir la misma cantidad de carbohidratos a lo largo del día, preferentemente aquellos de actuación indirecta o al menos unos 15g de carbohidratos por hora.

Pero si lo anterior no se puede controlar y no hay mejoría después del día de la crisis o se presenta vómito y diarrea por más de ocho horas; si hay cetonas en la orina; si hay sensación de deshidratación (tener sed es un signo claro de deshidratación); si cuesta trabajo respirar o la glucosa sube por arriba de los 240 mg/dL o cae por debajo de los 60 mg/dL, lo mejor es llamar al medico inmediatamente.

De otra forma, el riesgo puede ir desde comprometer órganos vitales hasta la propia muerte. Enfermedades y diabetes una combinación de mucho cuidado.

sábado, 30 de junio de 2007

Saltando vallas.


A veces me da por tener ciertos pensamientos de orden filosófico –léase como que la ociosidad es madre de las malas ideas-, con respecto a la diabetes y otras enfermedades de las llamadas silenciosas e incurables, que se han convertido en el moderno azote de la humanidad.
En esta ocasión, que no es la excepción, los pensamientos vienen estimulados por acontecimientos recientes en el ámbito de mi propia salud, que me merecen hacer una reflexión profunda al respecto y poner una marca –como esas que se usan en las carreteras para indicar los kilómetros que nos separan de nuestro destino final-, para indicar una etapa más en que los acontecimientos me demuestran que las decisiones tomadas con respecto a la propia salud, han resultado acertadas.
El miércoles tuve la rutinaria consulta médica para revisar cómo está mi diabético organismo y revelar si realmente hay control de los niveles de glucosa y lípidos en la sangre, además de otros parámetros para medir funciones metabólicas, renales, etcétera.
Hace seis meses me retiraron los hipoglucemiantes para lograr que pudiera recuperar mi peso normal después del súbito bajón del período octubre-diciembre; el reto, aparte de alcanzar mi peso ideal conforme a mi IMC (índice de masa corporal), era lograrlo sin perder el control de la glucosa en sangre y sin hipoglucemiantes; claro está, solamente con una dieta muy estricta y ejercicio. La buena noticia: lo logré. Ayer confirmó mi médico tratante que mi peso, la presión arterial, la hemoglobina glucosilada, el colesterol total, los triglicéridos y el colesterol malo (LDL-colesterol), están en valores normales. La no tan buena, es que el buen colesterol (HDL-colesterol), quedó un poco por debajo del valor ideal. Bueno, queda ahí un reto para alcanzar a la brevedad los buenos niveles.
Estos resultados implican que los daños normalmente esperados para un diabético con el tiempo de evolución de la enfermedad -como es de esperarse en lo general-, en mi caso se hayan mantenido al margen. Es más, mi estado de salud es casi el de una persona normal e incluso, podría presumir, un poco mejor. Claro que los daños causados previamente por una diabetes mal controlada, como una leve micro albuminuria y una incipiente retinopatía diabética, siguen ahí, aunque afortunadamente, sin avanzar.
De aquí se desprende la reflexión. Si bien la diabetes es una enfermedad a la que hasta la fecha no se le ha encontrado una cura, el alcanzar y mantener controlados los niveles de lípidos y glucosa en la sangre es posible y, con ello es posible evitar o retardar la aparición o desarrollo de las complicaciones crónicas. Claro que estoy conciente que mi caso tiene sus particularidades y que muy a tiempo me puse en control antes de que los daños se extendieran demasiado, pero también ha sido con un enorme esfuerzo de autocontrol para mantener la disciplina necesaria para mantenerme con mi plan de alimentación y no soltar el diario ejercicio. También me queda claro que el poder prescindir de los hipoglucemiantes puede que sea una victoria temporal, pero en el fondo la esencia de la cuestión es que se puede aspirar a una vida normal, sin deterioros graves a cambio de sacrificios que se pueden considerar mínimos, comparados con la ganancia resultante. No es una cura a la diabetes, pero el control me permite vivir como si no la padeciera.
Por ello, insisto de nuevo, no importa si es con puro ejercicio y dieta –conste que mi caso no es el “más frecuente”-, o con una o la combinación de varias terapias, ya sea con hipoglucemiantes solos o combinados o insulina sola o combinada con hipoglucemiantes, es la disciplina con aquello que comemos y lo que nos movemos, lo que constituye la máxima contribución a una vida sana, plena y digna de ser vivida y disfrutada.
Por ello hoy pongo esta marca en mi kilometraje individual, que señala otra etapa en que confirmo que voy por el camino correcto, que el esfuerzo me ha redituado y que a pesar de los temores, los cotidianos piquetes en los dedos para llevar el control de la glucosa en sangre, los momentos difíciles en que hay que vencer la tentación por esa golosina o la flojera de levantarse a mover el cuerpo, el mismo cuerpo me lo agradece y mis ojos, mis riñones, mi corazón, mis pies y mi sistema circulatorio, están trabajando como deben y el espectro de la “muerte de un diabético”, se mantiene alejado.

jueves, 21 de junio de 2007

¿Qué haremos sin AVANDIA? (II)


En la pasada entrada relativa a los medicamentos hipoglucemiantes, presentaba los llamados “medicamentos clásicos” o hipoglucemiantes que pertenecen básicamente a cinco clasificaciones, de acuerdo a la base química que los compone. Así encontramos las Sulfonilureas, las Biguanidas, los inhibidores de la alfa-glucosidasa, las tiazolidinedionas y las Meglitinidas. Todo un rollo para pronunciarlas y escribirlas.


Aunque parece magia esto de cómo funcionan los medicamentos y, dentro de los grandes misterios que recuerdo de mi ya muy lejana infancia, está la curiosidad de saber cómo le hacen las medicinas para que, sin importar cómo las tomemos, SIEMPRE sepan en qué punto deben de actuar. Por ejemplo, me preguntaba, si me duele la cabeza, ¿cómo sabe la aspirina que debe irse precisamente ahí a hacer su efecto? O por otro lado, si me lastimaba el hombro y me daban un antiinflamatorio, la pregunta era la misma ¿cómo SABE la medicina en donde sí y donde no actuar?. Sigo con la misma ignorancia y duda, pero lo que sí es cierto es que funcionan para lo que son recetadas, aunque a veces con efectos en órganos o sistemas que no debieran ser afectados. Creo que la ciencia comparte, de alguna forma, mi trascendental duda.


Bueno, eso me lleva a las medicinas de ultima generación para tratar la DM2 y alguna también la DM1 y que ya difícilmente se pueden denominar “hipoglucemiantes”, pues su acción es reguladora en sistemas complejos y muy específicos y ya hay varios que están llegando a los mercados del mundo desarrollado y pronto los estaremos viendo familiarmente en el emergente que nos corresponde.


Hay tres nombres nuevos que iré describiendo de qué están hechos y lo que se sabe hasta ahora de cómo funcionan. Estos nombres son: Januvia, Byetta y Symlin.


La lista la inicio con los inhibidores de la DPP-4. La DPP-4 es una enzima conocida como dipeptidil peptidasa IV y es responsable de “frenar” a las proteínas que estimulan la producción de insulina en las células beta del páncreas cuando tomamos algún alimento. Si la DPP-4 es inhibida, entonces se incrementa el lapso de liberación de insulina, reduciéndose la glucosa en sangre como consecuencia de ello.


El nombre comercial de este medicamento es Januvia (Fosfato de sitagliptina) y ha dado buenos resultados en las pruebas tanto en monoterapia, como combinada con otros medicamentos como la Metformina que ya analizamos en la primera parte. Se prescribe exclusivamente para DM2 en casos donde los medicamentos convencionales, la dieta y el ejercicio no dan buenos resultados. En las pruebas se ha visto efectiva donde otras opciones han fallado. De cualquier manera, se recomienda mantener dieta y ejercicio.


Este medicamento tiene la característica que solo trabaja cuando es requerido; es decir, dado que funciona prolongando la estimulación de la producción de insulina, si no hay glucosa en la sangre, no habrá acción sino hasta después de haber ingerido algún alimento, cuando suben los niveles de glucosa en la sangre, comenzará a actuar hasta bajar el nivel. Como ventajas a esta acción, hay poco riesgo de hipo glucemia y el riesgo de aumento de peso es muy pequeño. Como efectos secundarios, los reportes más comunes son infecciones en las vías respiratorias superiores, ardor en la garganta y/o dolor de cabeza. Como se elimina por vía renal, quienes tengan la función renal comprometida (nefropatía), deberán tener una supervisión estrecha de su médico.


La dosis de prescripción es de 100 mg al día en una sola toma y no requiere ser tomada con los alimentos, como es el caso de otros hipoglucemiantes.


Como un nuevo enfoque para el tratamiento de la DM2 aparece Byetta, un medicamento de uso exclusivo para DM2 y no utilizable para tratar la DM1. Este medicamento se usa como complemento a terapias con hipoglucemiantes del tipo “tradicional”, como lo son la Metformina o las sulfonilureas, para ayudar a alcanzar un adecuado control de glucemias en quienes tienen problemas para mantener un control adecuado.


Este medicamento es la versión sintética de la hormona Exendin-4 la cual se encuentra en la saliva del Mounstro de Gila. Como comentario cultural, este simpático pero mortal lagarto tiene la particularidad de pasar periodos prolongados sin comer y su páncreas literalmente se “apaga” y cuando comen, excretan la Exendin-4 la cual “enciende” de nuevo el páncreas para colaborar a la digestión del alimento.


En humanos, mimetiza la acción del péptido similar al glucagón (GLP-1, Glucagón-like peptide en inglés), que se produce en el intestino delgado y estimula la producción de insulina en el páncreas –para mayores pistas, ver la entrada dedicada a la cirugía Bariátrica y la posible cura para la DM2-, ayudando además, a prolongar la sensación de saciedad lo que conduce a una reducción de la sensación de apetito y puede ayudar a la reducción de peso para quien padeciendo DM2, tiene sobrepeso.


Este medicamento –que no debe ser usado como monoterapia, sino siempre combinado con hipoglucemiantes orales-, se aplica por inyección subcutánea, similar a la aplicación de insulina –de ahí viene la aclaración que su uso es restringido a la DM2, ya que previo a este medicamento, los hipoglucemiantes eran exclusivamente de administración oral-, aplicándose una hora antes del desayuno y de la cena, no se debe aplicar si no hay alimento ni después de haber comido ya que pierde su efectividad. También es importante hacer notar que puede inducir cuadros de hipoglucemia cuando recién se incorpora al esquema de tratamiento farmacológico.


Finalmente, dentro de estas drogas de nueva generación, llega una droga de regulación de la función pancreática que es toda una revolución ya que funciona para controlar tanto la DM1 como la DM2. Sorprendente.


Esta casi milagrosa medicina, cuyo nombre comercial es Symlin, químicamente es una sustancia llamada Pramlintida, una forma sintética de la Amilina, hormona naturalmente producida en el páncreas humano y que trabaja en conjunto con la Insulina y controla la liberación de la glucosa en sangre después de los alimentos.


En la DM1, tanto la Amilina como la Insulina, dejan de producirse simultáneamente, mientras que en la DM2, la producción de Amilina puede atrofiarse, al igual que la de Insulina, produciéndose de forma insuficiente. Por ello, este medicamento (Symlin), puede impulsar el desempeño de la Amilina permitiendo ayudar a controlar la glucosa postpandreal cuando se combina con terapia de Insulina.


Como decía al inicio de la descripción de este medicamento, se utiliza como complemento para tratar a personas con DM1 y con DM2 tratados con insulinoterapia, ya que permite un mucho mejor control de sus niveles de glucosa, especialmente cuando hay picos postpandreales (después de los alimentos), aun con la aplicación de insulina.


La Pramlintida reduce la tasa de la digestión estomacal, prolongando la sensación de saciedad y reduciendo la liberación de glucosa en el torrente sanguíneo. Su aplicación está indicada en conjunto con terapia de Insulina para permitir mejor control de los niveles de glucosa en la sangre.


Con respecto a posibles episodios de hipoglucemia, se recomienda precaución especialmente a los DM1 pues aunque la Pramlintida por si misma rara vez es asociada con hipoglucemia, combinada con Insulina, puede desencadenar hipoglucemias severas. Por ello el médico tratante debe indicar la regulación de las dosis tanto de la Insulina como de la Pramlintida. Precisamente para reducir este riesgo, su aplicación debe ser al inicio de las comidas, en conjunto con la dosis de Insulina previa al alimento principal, nunca de las colaciones.


Finalmente, como terapia de control de la glucosa para la DM1 como para la DM2, no hay nada como el lograr que la Insulina vuelva a trabajar en las cantidades adecuadas que nuestro metabolismo demanda. Los nuevos medicamentos, especialmente la Pramlintida, nos recuerdan que no hay sustituto mejor para la Insulina endógena (la que nuestro cuerpo produce), que la Insulina, de preferencia la endógena, lo que es posible en la DM2, o inyectada para quien tiene DM1 o quién con DM2 con deficiencia grave o que tempranamente decida en conjunto con su médico, la terapia de Insulina artificial, que me parece una excelente opción.

viernes, 15 de junio de 2007

Las sorpresas de la medicina. ¿Una cura para la DM2?


En la medicina cada vez hay más conocimientos sobre el funcionamiento del cuerpo humano, de las interrelaciones entre órganos y sistemas y el dominio de tales conocimientos se convierte en una tarea de creciente complejidad. Todos los días se aprenden cosas nuevas, se descubren efectos insospechados y algunas terapias, medicamentos o tratamientos desarrollados para tratar algún mal, aparecen funcionando de una extraña manera sobre sistemas u órganos que en principio no se les sospechaba alguna relación.
El caso de la diabetes no es la excepción. Hay muchos ejemplos, especialmente de medicamentos que, originalmente desarrollados como hipoglucemiantes, funcionan como reguladores en el control de peso o incluso como medida preventiva para disminuir el riesgo de que una prediabetes (condición así llamada cuando se presentan las condiciones conocidas como la insulinoresistencia o la intolerancia a la glucosa o ambas combinadas), evolucione a DM2. La aspirina, nombre comercial del ácido acetilsalicílico, originalmente desarrollada como analgésico oral, ahora es usada extensivamente como anticoagulante y adelgazante de la sangre en terapias para pacientes con problemas coronarios o con diabetes, donde el riesgo de un accidente cardiovascular es sumamente elevado.
Pues bien, resulta que del portal About.com:Diabetes, me llega –Gracias Debra Manzella, editora del sitio-, una noticia que no deja de ser una fuente de perplejidad y potencialmente un parte aguas en la medicina, pues estaría marcando una cura para la DM2 en el cercano horizonte. La noticia es que la cirugía bariátrica está haciendo desaparecer la DM2 en pacientes sometidos a tal procedimiento. La noticia es breve, pero sumamente significativa:
“A la pregunta: ¿puede hacer desaparecer a la Diabetes tipo dos la cirugía Bariátrica?, científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Swansea, en Gales, se están preparando para realizar un estudio para determinar el por qué parece que la cirugía bariátrica conduce a la desaparición de los síntomas de la DM2 en solo unos cuantos días posterior a la operación. De acuerdo al comunicado, de la Universidad de Swansea, el 95% de la gente con obesidad mórbida, es decir con un IMC (índice de masa corporal) igual o mayor a 40, padece DM2.” En resumen, dado el enorme problema que la obesidad implica a las sociedades modernas, el potencial de solución asociado a esta noticia, es de proporciones descomunales.
Unas cuantas palabras sobre la medicina Bariátrica. Esta es una rama de la medicina que trata de las causas, la prevención y el tratamiento de la obesidad; el término bariátrica se creó alrededor de 1965 de las raices griegas baro = peso y el sufijo iátrica de iatrós = relativo a la medicina.
Dado que el sobrepeso y la obesidad están intimamente relacionados con problemas severos de salud como infartos, diabetes, muchos tipos de cáncer, asma, apnea obstructiva del sueño (incapacidad de respirar durante el sueño por obstrucción de las vías respiratorias), problemas crónicos musculoesqueléticos, y un efecto no del todo esclarecido entre obesidad y tasa de mortandad, etc.Por ello, cuando se recurre a la cirugía como método para adelgazar –existen varias técnicas quirúrgicas cuya descripción no cabría en este espacio-, las pistas parecen apuntar a que “algo” en la cirugía logra la cura y no la pérdida de peso, dado que es a los pocos días de practicada la operación cuando desaparecen los síntomas de la DM2, mucho tiempo antes de que se logren reducciones de peso significativas.
Los investigadores –quienes por cierto recibieron un financiamiento de cerca de 100,000 libras para los estudios-, enfocaran su búsqueda en una proteina conocida como GLP-1, por su nombre en inglés “Glucagón Like Peptide 1 (Péptido similar al Glucagón-1)”, que se produce en el intestino delgado, región que es recortada en la cirugía bariátrica y se sospecha que dicho procedimiento restaure a la normalidad la producción de la proteína, producción deficiente en los DM2 y encontrar si dicha hipótesis es correcta y el por qué.
Pues aquí queda la pregunta y, si realmente resulta, cruzo los dedos para que los investigadores encuentren pronto la explicación al misterio.

jueves, 14 de junio de 2007

Una cura para la diabetes - el horizonte se acerca.


Estaba preparando mi entrada del día de hoy, con las correspondientes disculpas por mi ausencia en este espacio virtual, disculpas que reproduzco a continuación, “Bueno, luego de un largísimo receso provocado no por unas muy merecidas vacaciones, sino por un desmedido aumento en la chamba que me patrocina los diarios frijoles y que me ha demandado mucho del tiempo que normalmente dedico a este espacio, vuelvo, de manera subrepticia –pues la demanda de tiempo y esfuerzo hacia mi mercenaria actividad no cesa, sino que se incrementa-, a tomar el truncado tema de los medicamentos llamados hipoglucemiantes que se han desarrollado para tratar, principalmente, la DM2.”, cuando repentinamente me llaga una noticia que me hace cambiar el tema y, ahora sí ejerciendo la mexicanísima costumbre, dejo para mañana lo que pensaba publicar hoy.


La noticia, que considero debo incluirla hoy mismo, es con respecto a un tema que ya había tratado en este espacio y es nada menos que el del transplante de células pancreáticas de cerdo a diabéticos tipo 1 (DM1), como cura definitiva. El pasado 14 de abril, comentaba en este foro acerca de los “cerdos biomédicos”, como fuente de células pancreáticas utilizables en humanos y la enorme inversión que se estaba realizando en el denominado Spring Point Project en el Diabetes Institute for Immunology & Transplantation (Instituto Para la Inmunología y Transplantes en Diabetes). En aquella fecha, se sugería un horizonte no muy lejano para comenzar a hacer viable aquella tecnología.


Pues bien, el momento de esa nueva tecnología llega, precisamente, el día de hoy, pues la nueva es que en esta mismísima fecha se está realizando el primer protocolo de transplante de células pancreáticas de cerdo a humanos con DM1. Este protocolo es todo un ejemplo de lo que significa la globalización y cómo la ciencia se abre paso sin fronteras.

Leo el comunicado de prensa sobre esta novedosa tecnología y he aquí por que digo lo de la globalización: El comunicado lo emite la empresa Living Cell Technollogies Ltd. (LCT) y está fechado hoy desde Melbourne, Australia y Auckland, Nueva Zelanda y anuncia el primer xenotransplante de células pancreáticas de cerdo a humanos realizado exitosamente en el prestigiado Instituto Sklifasovsky en Moscú, con un equipo científico integrado por el Profesor Andrei Guljaev, cirujano y Jefe del Departamento de Tecnología innovativa Quirúrgica; el Profesor Anatoli Panov, Director del Instituto de Problemas Biomédicos y el Geny Research Group, Organización norteamericana de contratos de investigación. Toda una red transnacional.El fondo del asunto, sin embargo, es que LCT anuncia su medicamento en prueba cuyo nombre comercial es DiabeCell y que se espera llegue al mercado para el 2012, si es que las pruebas resultan confirmar el éxito de la técnica de transplante.

El transplante de DiabeCell se hace por inyección de las células contenidas en el frasco, por vía peritoneal y el objetivo principal es el de recuperar la producción endógena de insulina en el paciente, medida en términos de valores de Hemoglobina Glucosilada a lo largo de doce meses posterior al procedimiento. Adicionalmente, se buscan otros resultados secundarios como la variabilidad de la glucosa, medida en un monitoreo continuo de 72 horas a los tres, seis y doce meses del transplante; reducción de hipoglucemia e hipoglucemia nocturna, reducción de valores de más del 20% en las dosis diarias de insulina sin ocurrencia de pérdida de control de la diabetes, monitoreado con hemoglobina glucosilada y en ausencia de pérdida de peso mayor a un 10% o cetoacedosis; Cambios en la secreción de insulina endógena y, finalmente, cambios en la calidad de vida evaluados a los seis y doce meses posterior al transplante.

Lo interesante de ésta técnica, es que los candidatos elegidos son seis adultos con DM1 de evolución, sin otras complicaciones y en el caso de las mujeres que sean mayores de 35 años y los hombres mayores de 25 años.

Para mañana trataré de una cura para la DM2, o por lo menos eso es lo que aparenta y tiene que ver con la llamada cirugía bariátrica. Ya veremos. Mientras, la entrada de medicamentos hipoglucemiantes de nueva generación sigue en lista de espera por las novedades que merecen una publicación sin demora.

jueves, 7 de junio de 2007

¿Dónde está la panacea?


En la antigua mitología griega donde los más imaginativos personajes realizaban proezas extraordinarias y eran dioses o estaban íntimamente ligados a los dioses, existieron muchísimas prendas o sustancias con propiedades mágicas que eran capaces de proporcionar invulnerabilidad a quien fuese bañado en ella durante su tierna infancia, cajas repletas de males confinados esperando a curiosa e imprudente heroína a que las abriera, somníferos eficacísimos para atarantar faunos, espadas o lanzas maravillosas y hasta alas de cera que permitían volar por las regiones celestes, eso sí, con la condición de no acercarse mucho al sol.

De las mágicas pociones de aquella época que fueron sueño, ilusión, deseo ferviente entre los mortales, destaca La Panacea, una planta imaginaria que cura todos los males o sirve para preparar remedios con eficacia contra cualquier enfermedad o mal, tanto físico como moral. En la literatura universal múltiples son las menciones que se hacen a dicha cura milagrosa y su concepto ha sobrevivido a los tiempos pues desde los herbolarios y boticarios hasta las más poderosas transnacionales de la farmacéutica moderna, emplean millones de horas-hombre y millones de dólares, para de una u otra forma buscar remedios para los males que nos aquejan a los homo sapiens de este siglo XXI. La búsqueda no ceja ni la esperanza de millones de padecientes flaquea, aunque la llegada de la panacea sea –lo sabemos a nivel conciente-, más una quimera (otro ser de la mitología griega), que una realidad posible.

Sin embargo y a pesar de los pesares, siempre hay avances en el sentido de buscar una mejor calidad de vida para quienes padecemos alguna enfermedad, especialmente de las llamadas crónicas o “de por vida”; la diabetes es una de ellas y, para justificar el numerito, la que mayor cantidad de muertes aporta a las estadísticas del sistema de salud y que se ha convertido por méritos propios en el principal foco de atención cuestión de salud en nuestro país por sus características de proliferación de tipo epidémico.

Todo lo anterior viene a colación pues esta mañana muy temprano estuve presente en el evento de presentación que la empresa Pfizer organizó para los medios como inicio del lanzamiento a nivel nacional de la tan esperada insulina inhalada cuyo nombre comercial es Exubera (pronúnciese con acento en la u) y constituye una liberación para quienes controlan su diabetes con insulina y sufren con las jeringas y el asociado piquete.

La parte médica sobre la importancia de la insulina como terapia de control para la diabetes, estuvo magistralmente presentada por el Dr. Enrique Caballero, quién es Director de la Iniciativa en Diabetes para la Comunidad Latina, del Centro Joslin de Diabetes, en la Universidad de Boston. El Dr. Caballero además de presentar cómo funciona la insulina cuando es aportada a un organismo con diabetes de cualquier tipo, presentó su recomendación de que las personas con DM2 consideren controlarse con insulina como monoterapia o asociada a un hipoglucemiante oral, con las evidentes ventajas de disminución de los valores de glucemia, especialmente la postpandreal, mejoramiento de los parámetros de la hemoglobina glucosilada y los excelentes números de control de los lípidos (los triglicéridos y las lipoproteínas del colesterol, HDL y LDL), con la consecuente reducción del riesgo de padecer las complicaciones resultantes de un control deficiente o inexistente. Precisamente el énfasis expresado por el Dr. Caballero sobre la importancia de la insulina en el control de la DM2 fue lo que más llamó mi atención, adicional al reconocimiento de que tanto pacientes como médicos, llevados por informaciones equivocadas o temores infundados o bien rechazan esta terapia o la evitan el mayor tiempo posible, perdiendo así una valiosa oportunidad de mejorar la calidad de vida del paciente.

Mucho de esta negativa en pacientes con DM2, se debe, precisamente, a la aversión que se tiene a las jeringas y al dolor inducido por el consecutivo piquete, al grado que algunos casos –también sucede con pacientes que padecen DM1-, prefieren saltarse la aplicación de dosis con tal de no pasar por la inyección. En cuanto a los médicos, al parecer el problema se debe a falta de actualización.

Sin embargo, no todo es coser y cantar. La insulina inhalada no es la panacea, lamentablemente y no resuelve todos los casos de terapia ni se puede indicar a todos aquellos que la quieran usar. Para poderla inhalar, la principal condición y requisito es tener pulmones sanos. El tabaquismo, la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) y el asma, son condiciones que impiden su indicación terapéutica. Es mas, se recomienda hacer un estudio de capacidad pulmonar (espirometría), al iniciar el tratamiento y repetirlo periódicamente para evaluar el avance de la pérdida de capacidad pulmonar, la cual se estima en un 1% en términos generales.

Tampoco sustituye la insulina basal o de largo plazo que todo diabético con tratamiento de insulina –especialmente los diabéticos tipo uno (DM1) que no tienen opción a la aplicación constante de insulina-, debe mantener y que no tiene sustituto inhalado. De todos modos los piquetes quedan y son prácticamente inevitables, pero el uso de insulina inhalada combinada con el tratamiento convencional si disminuye hasta en cuatro al día las dosis inyectadas.

Aun falta mucho por avanzar y habrá que ver los nuevos avances y los efectos de largo plazo del uso de esta técnica de aplicación de insulina. Me es muy interesante y es probable que en breve retome este tema y anote nueva información y otros hallazgos.En fin, aquí tampoco está la panacea, pero pareciera que cada vez falta menos y eso, en todo caso, es sumamente alentador.

Finalmente, quiero agregar que dado que la técnica de inhalación no es del todo simple, Pfizer ha implementado un programa de apoyo a usuarios de Exubera y pone a la disposición un número gratuito 800 y una página web donde se amplía la información de los apoyos que, en principio incluyen refacciones para el equipo inhalador (que parece ser no será una ganga), además de asesorías a domicilio proporcionada por educadoras capacitadas por el Centro Joslin de Diabetes. El teléfono es el 01-800-398-2372 y la página es www.diabetesenmexico.com , la cual la incluiré a partir de hoy en las ligas de recomendables y recomendados.

lunes, 4 de junio de 2007

Un breve receso.


Estoy tomándome un leve receso a mis diarias actividades de esclavo de tiempo completo al que normalmente me dedico cuando habito en esa mi muy querida “Ciudad de los Palacios” o la idílicamente bautizada “Región más Transparente” por el imaginativo Carlos Fuentes.
Aprovechando que mi hija menor ha completado un ciclo más en su vida y ha terminado su carrera universitaria, especialidad incluida, me trasladé el fin de semana a la ciudad de Aguascalientes donde cursó sus estudios en Ingeniería Mecatrónica, para asistir a su fiesta de graduación. Fiesta que por cierto estuvo muy animada y que nos mantuvo en actividad frenética desde el sábado al medio día, hasta muy entrada la madrugada del domingo en que -como marca la canción es correcto proceder-, arrastrando la cobija y… regresamos a dormir los restantes minutos que separaban el fin de la fiesta con el amanecer asoleado.
Este asunto que marca un acontecimiento de celebración y sana alegría, en una persona que vive con diabetes tipo dos, no deja de convertirse en un reto pues conjunta una serie de factores que ponen en riesgo el control de las glucemias y tensan los sistemas de forma extrema. La ventaja de ello es que, al menos en mi caso, no se trata de un acontecimiento cotidiano, sino que es más bien, la excepción que permite una justa celebración por la culminación de muchos años de esfuerzo continuado. Por ello que más que presumir lo satisfecho que me encuentro por el esfuerzo y logro desarrollados por mi hija, presunción que considero más que válida, esta ocasión plasmaré aquellos pecados cometidos durante la fiesta y que forman parte de aquellos momentos de presión social donde los diabéticos nos enfrentamos a la máxima tentación de dejarnos llevar por el comer y beber sin medida ni control.
¿Se puede ser fiel al régimen de alimentación y asistir a estas fiestas sin caer en la tentación? Bueno, después de reflexionarlo largamente, debo confesar que, al menos en mi caso, la respuesta es NO.
No, por que el motivo de la celebración no me puede ser ajeno; no, por que la forma de celebrar impuesta por nuestra sociedad es a través de reuniones masivas donde la liga social es la comida –de menú preseleccionado sin opciones de variación hacia lo nuticionalmente correcto-, la bebida y la danza en un ritual que se perpetúa a sí mismo de generación en generación. Entonces la pregunta es: ¿qué podemos hacer quienes sabemos que “no debemos” comer ni beber y mucho menos desvelarnos so pena de arriesgar la salud?
Mi mejor respuesta a tal pregunta es: moderación. Soy plenamente conciente que ante ciertas circunstancias es prácticamente imposible sustraerse a la fiesta, a la comida y bebida que no cumplen ni por asomo a lo que podríamos llamar un sensato plan de alimentación para alguien que vive con una diabetes, del tipo que sea, ni dejar de participar en el baile y el ambiente del momento.
Lo que hice y que mi más sensato sentido del juicio me dictó, fue prepararme previo al evento, comportarme durante el evento y cuidarme posterior al evento. De esta manera, desde tiempo atrás he procurado mantener un buen control de mis glucemias y, ajustándome a mi plan de alimentación y a un régimen permanente de ejercicio, mantenerme bajo control para así, tener la seguridad que si una noche me descontrolo, el impacto sobre mi organismo será menor que si no he estado bien o al menos razonablemente bien controlado. Durante la cena-baile, comí de todo lo que se sirvió, excepto el postre –espacio de duelo por la renuncia a los carbohidratos directos-, pues el peor error que podría haber cometido hubiera sido el de privarme de alimento por considerarlo que no correspondía a mi “plan de alimentación”, pues ello hubiera causado una hipoglucemia y necesidad a disponer de las reservas grasas con el correspondiente sobreesfuerzo al hígado y al páncreas, lujo que un diabético no debe darse. Además, agregaré que me bebí un par de caballitos de tequila para brindar con la familia y amigos en el evento, razón adicional para no dejar de comer y liberar de estrés al hígado.Uno de los puntos a favor en estas fiestas es el elemento del baile. No importa si tengo dos pies izquierdos, en una pista atiborrada de gente es un detalle que pasa desapercibido y el beneficio es el ejercicio que hacemos que nos ayuda a quemar las calorías en exceso que tienen las salsas y condimentos de la cena y nos mantienen en una condición cercana al “me estoy cuidando”, pero sin perderle la alegría al momento y sin remordimientos de conciencia.
A partir del final de la fiesta –taquitos al pastor de por medio para evitar hipoglucemia-, como a eso de las cuatro de la mañana, un sueño reparador de unas tres o cuatro horas y volver al régimen normal –en lo que a alimentación corresponde-, para estar preparado para la siguiente fiesta.
No es sencillo y estoy seguro que mi médico y mi nutrióloga me propinarán un severo jalón de orejas por lo que aquí expreso, pero creo que habiéndome cuidado previamente y ahora después, estoy en lo correcto y que de a poquito, el organismo resiste un poco de estrés si lo sabemos mantener bajo control el máximo tiempo posible, como en este caso que fue más bien la excepción que la regla.